¿Pare de sufrir? La respuesta tradicional

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Al lecho sufriente de Job se acercan tres amigos. Entablan un profundo dialogo en el cual, los tres, procuran convencer a Job de que la causa de sus dolores es el mal que el ha cometido. Los argumentos surgen uno tras otro, veamos algunas de las citas.

“¿Aguantarás si alguien te dirige la palabra? ¡Pero es que no se puede guardar silencio! Tú que a tantos dabas lecciones, que fortalecías las manos débiles; tus consejos animaban al vacilante, robustecías las rodillas inseguras. ¿Y ahora que te toca no aguantas, te llega el turno y te espantas? ¿No era tu piedad tu confianza, no era tu integridad tu esperanza? Recuerda: ¿qué inocente ha perecido? ¿Dónde has visto al justo exterminado? Soy testigo: quienes cultivan maldad y siembran desgracia, las cosechan. Ante el aliento de Dios perecen, ante el soplo de su cólera fenecen.” (4,2-8)

“¿Puede Dios torcer el derecho, pervertir Shaddai la justicia? Si tus hijos pecaron contra él, ya los puso en poder de su delito. Pero si buscas pronto a Dios y diriges tu súplica a Shaddai, si eres intachable y recto, de inmediato velará por ti, te devolverá tus legítimos bienes. Tu pasado será una miseria comparado a tu espléndido futuro.” (8,2-7)

“Has dicho: “Mi conducta es pura, soy irreprochable a tus ojos”. ¡Pero ojalá Dios te hablase, abriese sus labios y respondiese: te enseñaría secretos de sabiduría, que desconciertan toda sagacidad! Bien sabrías entonces que Dios te pide cuentas de tus faltas.
¿Pretendes descubrir la hondura de Dios, descubrir la perfección de Shaddai? Es más alta que el cielo, ¿qué harás?; es más honda que el Seol, ¿qué sabrás? Su longitud supera a la tierra, su anchura sobrepasa al mar. Si comparece y encierra en prisión, si cita a juicio, ¿quién lo impedirá? Pues bien conoce a la gente falsa, cuando ve la maldad presta atención. Pero el necio aprenderá a razonar cuando el asno salvaje nazca hombre. Si mantienes firme tu corazón y extiendes tus manos hacia él, si rechazas la maldad que hay en tus manos sin dar cabida en tu tienda a la injusticia; entonces alzarás la frente limpia, te podrán acosar, pero no temerás; llegarás a olvidar el infortunio, como agua pasada lo recordarás; brillará tu vida más que el mediodía, tu oscuridad será como la aurora; vivirás confiado en la esperanza, aun confundido, dormirás tranquilo; te acostarás y nadie te asustará, muchos buscarán tus favores. Pero los ojos del malvado se consumen, están privados de refugio, su esperanza es el último suspiro.” (11,4-20)

“Reconcíliate con él y haz las paces, y te será devuelta tu dicha. Acepta la enseñanza de su boca, piensa siempre en sus palabras. Si vuelves a Shaddai con humildad, se alejará de tu tienda la maldad; si arrojas al polvo el oro, el Ofir a las piedras del arroyo, Shaddai será tu tesoro, será tu plata a montones. Será Shaddai tu delicia, a Dios alzarás tu rostro; le rezarás, te escuchará, podrás cumplir tus promesas; tendrás éxito en tu empresa, brillará en tus sendas la luz. Él humilla la empresa arrogante, pero salva al que baja los ojos. Pone a salvo al hombre inocente, lo salva por la pureza de sus manos.” (22,21-30)

Todo esto es cierto, pero… ¿será suficiente para hacer descubrir a Job el origen de su sufrimiento?

(Este texto es parte de una serie que comienza en este link)

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