Mitos de la realidad mediada: la mirada distorsionada sobre la Sacramentun Caritatis

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Hay muchas definiciones acerca de lo significa la palabra mito. Hay una que siempre me llamó la atención. Es la que dice que un mito es parte de una verdad que se erige como toda la verdad. Es decir, el mito es algo que tiene algo verdadero como trasfondo, pero por su manera de presentarse es falso o mentiroso. Esto me vino a la memoria en estos días al comprobar las reacciones de distintos medios frente al Documento que diera a conocer el Papa Benedicto XVI este martes.
Si me atengo solamente a lo leído, visto y escuchado en diarios, televisión y radio, parece ser que el Papa ha hablado sobre el uso del latín… el celibato de los curas… los problemas de los separados que han formado una nueva pareja y… la conciencia de los políticos que se dicen cristianos… Eso sí, todos estos temas estaban acompañados del recuerdo de que la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que el presidiera, es la antigua Inquisición… con el nombre cambiado.
En mi afán de sentir con la Iglesia, yo ya sabía que el Papa daría a conocer un documento en el cual hablaría sobre la Eucaristía. Por eso hice lo que todo católico serio debe hacer: a través de internet bajé desde la página del Vaticano el texto, traducido al español. Y sí… esos temas que les enumeré estaban, pero ese no era el centro del escrito. Su nombre completo es: “Exhortación Apostólica Postsinodal del Santo Padre Benedicto XVI al Episcopado, al Clero, a las Personas Consagradas y a los Fieles Laicos, sobre la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia”. Se lo conocerá, como todos los documentos vaticanos, por sus primeras palabras del original en latín: “Sacramentum Caritatis”.
Este documento no es la obra de un “trasnochado” que quiere ignorar la libertad del pueblo cristiano para relacionarse con Dios. Tampoco es la obra de un inquisidor que solitariamente actúa y se autoimpone en el centro de la fe borrando de un plumazo la acción de todos sus enemigos. Permítanme citar un trozo del documento, el número 5, en el cual el Papa nos cuenta de cómo nació y de que se trata su escrito:
“Esta Exhortación apostólica postsinodal se propone retomar la riqueza multiforme de reflexiones y propuestas surgidas en la reciente Asamblea General del Sínodo de los Obispos —desde los Lineamenta hasta las Propositiones, incluyendo el Instrumentum laboris, las Relationes ante et post disceptationem, las intervenciones de los Padres sinodales, de los auditores y de los hermanos delegados—, con la intención de explicitar algunas líneas fundamentales de acción orientadas a suscitar en la Iglesia nuevo impulso y fervor por la Eucaristía. Consciente del vasto patrimonio doctrinal y disciplinar acumulado a través de los siglos sobre este Sacramento, en el presente documento deseo sobre todo recomendar, teniendo en cuenta el voto de los Padres sinodales, que el pueblo cristiano profundice en la relación entre el Misterio eucarístico, el acto litúrgico y el nuevo culto espiritual que se deriva de la Eucaristía como sacramento de la caridad. En esta perspectiva, deseo relacionar la presente Exhortación con mi primera Carta encíclica Deus caritas est, en la que he hablado varias veces del sacramento de la Eucaristía para subrayar su relación con el amor cristiano, tanto respecto a Dios como al prójimo: «el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí. Se entiende, pues, que el agapé se haya convertido también en un nombre de la Eucaristía: en ella el agapé de Dios nos llega corporalmente para seguir actuando en nosotros y por nosotros».”
En este contexto se sitúan los trocitos sobre el uso del latín, el celibato de los curas, los problemas de los separados que han formado una nueva pareja y la conciencia de los políticos que se dicen cristianos. Pero estos temas dentro de una gran reflexión: la Santísima Eucaristía como el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. Sin este marco de referencia nada se entiende y las verdades parciales amplificadas se transforman en mentirosos mitos que nos hacen desviar la mirada de lo central.
El papa nos ha regalado otro magnífico documento. Es nuestra tarea acercarnos a él, leerlo, estudiarlo, rezarlo y crecer en el entendimiento de nuestra fe.

1 Comentario

  1. 1. Lala – Marzo 17, 2007
    Puedo copiarlo y mandarlo a tu escrito??

    2. Gabriel – Marzo 17, 2007
    Padre Fabián:
    Un gusto saludarlo.
    Es un tema complicado cuando sale a luz en todo el mundo y se toma que las disposiciones son para seguirlas de manera general. No leí todo el documento porque sólo me interesa el tema del latín. Yo amo ese idioma por estudiarlo en filosofía y porque me encanta leer a los santos padres Agustín, Tomás y otros en ediciones bilingüe. Pero aplicarlo al rezo del Padre Nuestro, por ejemplo, en las misas de las iglesias, de manera que toda la gente, la indingente incluída, debe aprenderlo, no me parece una acertada medida. Por ahí no estoy bien informado, y le pido disculpa. Pero no olvidemos también que Benedicto hace poco hizo declaraciones que enardecieron a los integrantes del islamismo, y eso no me parece que esté bien. Igualmente no quiero polemizar sobre su desempeño, aunque me gustaba más Juan Pablo II. Lo mejor será informarse bien, pero también tener una mirada objetiva y no fanática del tema, me parece. Se lo dice un santafecino de religión cristiana pero sin pertenecer a ninguna iglesia.
    Un saludo grande.

    3. Fabián – Marzo 18, 2007
    Estimado Gabriel: estuve visitantu tu blog y me pareció muy interesante. Te respondo algunas cosas de tu comentario.
    En primer lugar, quise tener una mirada objetiva y no fanática sobre el tema, ya que considero que los fanáticos son los que viven justamente de esos mitos que mencionaba al comienzo. Y ya has leído lo que opino sobre el tema.
    Sobre la comparación entre Juan Pablo y Benedicto, te confieso que a mi también me gustaba mucho más el estilo de Juan Pablo: con sus gestos tocaba mi corazón. De Benedicto admiro muchísimo su claridad (yo ya leía algunos de sus libros antes de que fuera Papa) y su solvencia intelectual. Por esto estoy esperando con ansias el libro suyo sobre Jesús que está a publicarse. También me parece que no se le hace justicia en lo que dice y se tiene preconceptos frente a él, como meditara en algún post anterior referido justamente al famoso discurso de Ratisbona. Como has dicho muy bien, la reacción fue del islamismo y no del Islam.
    En tercer lugar, la referencia al latín en el documento se hace referencia al mismo en el número 62, que tiene como subtítulo “lengua latina”. Antes de transcribírtelo, te doy el contexto. La referencia se encuentra en la segunda parte del documento que trata sobre la celebración del misterio de la Eucaristía y que tiene 35 párrafos (o puntos). Uno de esos es el que nos importa en este momento. Está a continuación del que trata sobre la organización de grandes concelebraciones eucarísticas (para que te des una idea del contexto pensá en los funerales de Juan Pablo II en Roma). En medio de esta trama, Benedicto dice:
    “No obstante, lo dicho anteriormente no debe ofuscar el valor de estas grandes liturgias. En particular, pienso en las celebraciones que tienen lugar durante encuentros internacionales, hoy cada vez más frecuentes. Éstas han de ser valoradas debidamente. Para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, quisiera recomendar lo que ha sugerido el Sínodo de los Obispos, en sintonía con las normas del Concilio Vaticano II: exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín; también se podrían rezar en latín las oraciones más conocidas de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, utilizar cantos gregorianos. Más en general, pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano; se procurará que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia.”
    Esto seguramente nos daría mucho para hablar. Pero sintéticamente quiero dejarte en claro que, según mi humilde opinión:
    1.- El sentido del uso del latín es para “expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia”.
    2.- Recomienda algo sugerido por el Sínodo.
    3.- Pide que “os futuros sacerdotes se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en latín” (obvio: si en las grandes concelebraciones internacionales sugiere que se use el latín alguien debe saber como celebrarlas en ese idioma).
    4.- Con respecto a los fieles “se procurará que conozcan las oraciones más comunes en latín” (con la misma obviedad anterior, si no se conoce, como se va a poder participar)
    5.- Lo referente al gregoriano, no necesariamente tiene que ser en latín. Se puede cantar en castellano y en gregoriano, como los salmos del Padre Catena.
    Junto a esto, te cuento que yo estoy como sacerdote en una Parroquia que es muy popular (San Cayetano) y con algunas capillas muy humildes. Particularmente, coincido en pensar que el latín en las oraciones no va a prender. Aunque creo que algunos cantos, como por ejemplo el Ave Verum y muchos otros más, son muy bellos y a mucha gente les hace muy bien escucharlos en la oración de post-comunión, por ejemplo.

    4. Gabriel – Marzo 18, 2007
    Gracias Padre por su excelente contestación.
    Está todo muy bien aclarado. Aunque yo, pensando con mi sentido común, se me viene sinceramente a la cabeza, el por qué no utilizar un idioma ya universalizado actualmente como el inglés para unificar los idiomas en esas celebraciones. Pero seguro que pensaré erróneamente quizá, porque esto se debe a algo religioso. Habrá que ponerse a estudiar latín nomás para esa gente que quiera participar. Después de todo sería beneficioso para la cultura también y rescatar la lengua madre.
    Le pregunto Padre: ¿hay dentro del catolicismo diferentes posturas de iglesias o parroquias según el pensamiento agustiniano o el tomista, así como es el fransciscano y el dominicano? (no se si escribí bien esa ultima palabra.)
    ¿Tiene que ver esas ramas mencionadas con el Sacramentum Caritatis?
    Mucha gracias por todo.

    5. Cristian Moya – Marzo 25, 2007
    Fabián:
    Yo también tuve que hacer un post en mi blog, porque parece que varios se quedaron solo con los comentarios de la prensa. Tuve bastante debate sobre el tema. Muy bueno tu post tambien… si es necesario hacer una segunda parte en mi blog, voy a citar el tuyo, eh?… Cuidate, bendiciones.

  2. Para nuestro querido (y desorientado) lector Gabriel:
    1) Código de derecho Canónico: “La celebración Eucarística hágase en lengua latina; o en otra lengua con tal que los textos litúrgicos hayan sido legítimamente aprobados”, cánon 928.
    2) Concilio Vaticano II; Sacrosantum concilium: “36. § 1. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular. § 2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ANTE TODO, EN LAS LECTURAS Y MONICIONES, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes.”
    O sea: el concilio nunca mandó derogar el latín ni reemplazarlo totalmente por la lengua del lugar, sino poner en lengua vernácula (no en lunfardo) algunas partes de la Misa que no fuesen esenciales. Pero como se ve del texto del código de derecho canónico, LA MISA DEBE SER DICHA PRINCIPALMENTE EN LATÍN. Lo que por ahora, no existe casi en ninguna parte. El único que reza la Misa de Paulo VI en latín, es el Papa, hasta donde yo sé.
    3) La confusión derivada de la posibilidad de dejar de lado la lengua litúrgica, y la consiguiente desacralización, son patentes en nuestro amigo Gabriel, que quiere una Misa ¡en inglés! Yo le prometo no ir, y no hace falta que los que la impusieran, me prometan que no me buscarán (el Buen Pastor, ¿cuándo volverá?), pues estoy tan seguro deso como que no buscaron a los montones que se fueron cuando empezó la misa en castellano y cara al pueblo. Yo lo ví, nadie me lo contó.
    La lengua litúrgica NO ES ni debe ser una “lingua franca” universal, y mucho menos si es comercial, ni es litúrgica por ese motivo, sino por el contrario, exactamente. Las lenguas litúrgicas son preferentemente lenguas muertas, quietas, (como el griego clásico o el arameo, en las litúrgias orientales) cuyo sentido no crece ni se modifica con el paso del tiempo o las costumbres locales, y justamente por eso es apropiado a lo litúrgico: por que participa en cierto modo de la inmovilidad divina, de la eternidad de las Sagradas Palabras que durante Ella se pronuncian y la propia Eternidad Divina, presente en la Sagrada Eucaristía.
    Pero observo, con muchísimo pesar, que las desviaciones post-conciliares (no conciliares, como acabo de demostrar arriba) de los “conciliares”, han provocado de tal modo un efecto desacralizante que hasta se ha perdido el sentido propio de la Liturgia, al punto de considerarse seriamente la posibilidad de asociarla a una lengua de mercachifles y ladrones, que sirve magníficamente “para hablar con los caballos” como decía Carlos V, en lugar de tratar de elevar a mercachifles y ladrones hacia el Reino de Dios. Llámelos en su “argot”, si le parece conveniente: pero no permita que se presenten ante Dios con las vestiduras del mundo, de la calle o el mercado.
    Por que en tal caso, como en la Parábola de la Fiesta de Bodas: “…Entonces el rey dijo a los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque MUCHOS SON LOS LLAMADOS Y POCOS LOS ESCOGIDOS” (Mat. 22:2-14)”
    Y de paso, le dejo una respuesta posible a la cuestión del “pro multis” en la fórmula de la Consagración de la Preciosíma Sangre de N. Señor.
    Un saludo coridal I. D.

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