Me has seducido, Señor

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El profeta Jeremías es un tipo interesante. No solamente por lo que dice de parte de Dios al Pueblo Elegido. También por lo que dice de si mismo en su relación con el Altísimo. En esta etapa de mi vida lo siento tan cercano en su drama interior.

En primer lugar, él se sabe llamado y nunca duda de esto. “Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había constituido profeta para las naciones.” (1,5) Son los términos en que la Palabra le fue dirigida. ¿Cómo se lo dijo? No sé. Pero quien sabe por experiencia propia de encuentros con el Señor y vocaciones, nunca podrá explicar plenamente con vocablos lo que le ha ocurrido. Le ha ocurrido, no son sugestiones ni locuras… y punto.

Cuando me preguntan por mi vocación sacerdotal cuento muchos pequeños hechos que me ocurrieron desde los 16 a los 23 años. Sobre todo, las “cosas” que me sucedieron en el verano del ’87. En ese tiempo, cuando dejé trabajo y estudios universitarios para ingresar al Seminario no podía narrar de manera “racional” lo que me pasaba. Pero una certeza íntima, profunda, me impulsaba: Dios me había hablado y me pedía algo concreto. No cara a cara (ocho años estuve esperando eso) sino con hechos eclesiales en los cuales estaban Jesús en su Palabra y su Eucaristía, la Virgen María, Juan Pablo II, fieles cristianos de mi comunidad…

Hoy, 22 años después, sigo teniendo esa misma certeza. Pero como Jeremías, no el del primer capítulo de su libro sino en el del 20. Al profeta la vida se le volvió un drama por su misión y se le queja al Señor. Mis últimos dos años también han sido muy dramáticos. Llenos de desilusiones, oscuridad en la fe, tibieza y pecado, incomprensión hacia mi Iglesia Local y sus “opciones pastorales”… La tentación de aislarme, de reducir a la expresión mínima mi tarea sacerdotal, de “acomodarme” en la vida, de pasarla bien, sin problemas, sacando de en medio todo lo que sea angustioso o estresante… Ah, esa tentación y esas cosas que suelen ocurrir cuando estamos débiles frente al tentador… y, encima, estamos en medio de la crisis de los cuarenta…

Y entonces, cuando creía que ya había logrado instalarme en la vida, eligiendo lo que me gusta y descartando lo que es espinoso… entonces… surgió de una manera y otra la Palabra del Señor que me desinstala de mi aburguesamiento. Y, también, surge mi queja, similar a la de Jeremías:

“¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir!

¡Me has forzado y has prevalecido!

Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí.

Cada vez que hablo es para gritar, para clamar: ‘¡Violencia, devastación!’. Porque la Palabra del Señor es para mí oprobio y afrenta todo el día.

Entonces dije: ‘No lo voy a mencionar, ni hablaré más en su Nombre’. Pero había en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía.” (20,7-9)

Es al cuete, por más que me rebele o me aburguese, termino haciendo lo que El quiere. Es que en el trato inicial El ya había puesto las condiciones. ¿Será que en ese momento no supe leer la letra chica? Las Palabras primeras que le dieron sentido a toda la vida de Jeremías resonaron también para mí: “irás a donde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene.” (1,7) ¡Donde el quiera! ¡Sus palabras y no las mías!

Entonces descubro en mi una especie de “ley” que me rige: cuanto más estoy en consonancia con su voluntad, tanto más soy feliz. Eso sí, en medio del drama de hacer cosas que no son gratas. Que no son gratas a los ojos de este mundo que me clama por la tibieza y el aburguesamiento. Pero no puedo… el fuego no se apaga…

 

1 Comentario

  1. Me encantó. Y te entiendo tanto, más de lo que quizás creas. Te mando un fuerte abrazo y mi afecto de siempre.

  2. Padre Fabian, sabe, usted pone mis pies en la tierra. Aun estoy en la etapa del idealismo, y he dilatado mi respuesta a Dios, aun mas que 8 años, sin embargo tampoco puedo esperar mas, quiero hacer Su voluntad. Quiero aceptar ese llamado que me hace. Y que bueno saber que su seguimiento es real, hay luces y oscuridad, igual que otros que nos han precedido y algunos han alcanzado los altares, que no es nuestra meta, pero que nos deja claro que somos muy humanos. Bendito sea Dios, por estas luchas que llevamos por dejar todo y seguirle a El.

    El Señor nos sigue seduciendo en el siglo XXI y lo seguira haciendo despues.

    Dios nos bendiga

    Muchas gracias por el post.

    Daniel

  3. Muy bueno Fabián, muy bueno, realmente, como todo lo que se escribe desde el corazón.
    Y sí, es como vos decís: uno patalea y se queja, pero muy en el fondo uno sabe perfectamente cómo son las cosas y qué es lo que tenemos que hacer. Aún en medio de tormentas.
    Es como decía un colega tuyo aquí creca en la parroquia: la paz no es ausencia de lucha, sino presencia de Dios en medio de la lucha.

    Un abrazo, y que tengas paz.

  4. ¿Qué puedo comentar, padre? A todos nos pasa esa misma experiencia… creo que lo importante es seguir adelante buscando lo que Dios nos pide dia a día, saludos!

  5. Padre Fabian, le confieso que hacia un tiempo largo que no daba una vuelta por su blog. Me agrado muchisimo, sobre todo en estos tiempos que estamos viviendo, donde se cuestiona mucho la fidelidad de ustedes elegidos desde el vientre de su madre para ser intersesores entre Dios y los hombres. Pero también reconocer nuestras debilidades no es fácil y usted lo ha hecho. Que nuestro padre lo proteja y siempre encuentre en Él las respuestas que su corazón necesita. Bendiciones.

  6. Me gozo en el Señor por tu debilidad , porque de ella se vale Dios para hacerte fuerte. Me alegran esas piedras que te ha puesto en este tiempo en el camino, porque las vas corriendo con la fuerza del Espíritu. Son tiempos de Dios, El nos quiere perfectos y para eso tiene que seguir purificando. No es facil alcanzar la santidad…pero tampoco imposible.
    Conta con mi oración. Sabes que acá estoy

  7. Que alegría padre Fabián encontrarme con tu blog, de pura casualidad buscando Feliciano!! providencia seguro porque fui a dar con esto tan bueno!!. Me veo también identificada con tus palabras.Espero poder conectarme con vos.
    Chini

  8. Chini, que alegría la que resuena en mi corazón al leer tu nombre. Tantas cosas lindas de Feliciano, ese destino pastoral que llevo grabado a fuego en mi corazón.
    En la página Contacto encontrarás mi correo electrónico. Espero que nos encontremos.

  9. Gracias por compartir con nosotros tu corazón. una vez leí en un librito escrito por pastores católicos, luteranos, anglicanos (cada uno escribía sobre un tema) una cosa que escribió un sacerdote católico holandés o belga no me acuerdo bien que decía que el gran drama de un sacerdote no es el celibato sino que la comunidad, su comunidad, no le tienen como referente ni lo contemplan como hombre sino es “el cura”. Seguía diciendo que si un sacerdote puede vivir en medio de su comunidad como era en otras épocas, como referente, como amigo, como “casi pariente” de su gente no sufre el celibato. Creo yo que un hombre que el “tío” de los chicos, “amigo” de los jóvenes, “hermano mayor” de los matrimonios de su parroquia, no se siente solo, ya tiene su familia. No sé tu opinión Fabián pero creo yo que cuando los sacerdotes buscan una mujer muy rara vez lo hagan por el sexo ( no digo que no sea un condimento) pero creo yo que buscan una amiga, una compañera, alguien que los escuche y comprenda cuando están tristes, solos, desanimados y todo eso se lo podemos brindar nosotros, sus hermanos. Fabián, de verdad, en esta comunidad virtual todos te estamos escuchando, acompañando y brindándote nuestro amor ( pongo amor no cariño porque los seres humanos necesitamos el AMOR)

  10. Padre leí otra vez este post y de verdad , me llena el corazón, porque va mas allá de toda amistad o necesidad de compañía humana.
    Te estas identificando con Jeremías , el profeta del amor y la fortaleza, el que se deja seducir por Dios pero no doblegar por los hombres.
    El Espíritu Santo está obrando en tu interior maravillosamente.
    Yo me entiendo y vos también. Dios es Dios, adoremosle en espíritu y en verdad.

  11. Gracias por compartir estas palabras.
    Son muy importantes para los que andamos buscando el camino. Todo es tan claro cuando lo escuchamos de alguien que ya lo vivió.

    Yo también me siento igual que Jeremias… y bueh es lo que nos toco. ja!
    Este Dios amado, se pasa… ja ja ja!

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