La noticia ya recorre el mundo. La podemos leer en Aciprensa. Pero no olvidemos el verdadero título que tiene que llevar esta noticia: no fue una «muerte dulce» sino un homicidio. Amparados por las leyes, por la indiferencia, por el dolor del padre… amparados por esto y muchas otras cosas más, ha ocurrido algo tremendo. Eluana Englaro no murió, le quitaron la vida. La privaron de alimentos y agua y entonces ocurrió «naturalmente» lo que ocurre en cualquier ser vivo.

El Papa había dicho el domingo que «la eutanasia es una falsa solución al drama del sufrimiento, una solución que no es digna del hombre». «La verdadera respuesta no puede ser la de provocar la muerte, por más ‘dulce’ que sea, sino testimoniar el amor que ayuda a afrontar el dolor y la agonía de manera humana». Sus palabras no fueron escuchadas por los «medicos» que la «ayudaron a morir». Ellos no supieron distinguir entre «curar» y «asesinar». ¿Lo podremos hacer nosotros?

Oremos por nuestro mundo y por la cultura de la muerte que cada vez nos ensombrece más.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!