¿Qué es la realidad? ¿Cómo conocerla para hacerla propia, usarla para nuestro bienestar y transformarla?

Estas no son sólo preguntas que nacen de la mente cocinada por el calor del verano. Son los grandes interrogantes de los filósofos y pensadores de todos los tiempos y épocas. Y es la pregunta que ha venido a mi mente al leer todo lo que se dice sobre la medición de la inflación en estos días.

Una de las maneras preferidas por la modernidad para acercarse a la realidad son las matemáticas. Cuantificar, calcular, predecir… son palabras que hacen referencia a los números con los cuales nos acercamos a lo real. Sin los números, ni siquiera la cultura digital es posible. Por supuesto que hay otras realidades más allá de lo numérico. “El corazón tiene sus razones que la razón no conoce”, como diría el célebre matemático y filósofo Blas Pascal. Pero el espíritu matemático es el que nos domina.

Tendemos a cuantificar todo. Hasta cuando disfrutamos de un partido de fútbol los relatores nos llenan de encuestas sobre resultados anteriores o el rendimiento de cada jugador o equipo. Despiertan así nuestra curiosidad y nos dan datos para llenar el tiempo y entretenernos. Y hablando del tiempo, el atmosférico, es costumbre diaria consultar el servicio meteorológico que nos interpreta los signos de la naturaleza para prevenirnos en nuestro diario trajín. Y no sólo nos cuantifica la temperatura del momento, sino que nos agobia, sobre todo en este verano, con otro dato más finamente matemátizado: la sensación térmica.

El espíritu matemático ha servido a nuestra civilización para lograr grandes avances tecnológicos y, desde allí, el aumento del confort de la humanidad, la prevención y curación de enfermedades, el aumento de la calidad de vida en general. Le damos gracias a Dios porque nos regaló una inteligencia capaz de estudiar, comprender y transformar la creación que Él ha puesto en nuestras manos.

Pero el problema que se debate en esta semana es otro. Y aquí hablo como un simple espectador de la realidad que me llega a través de los medios de comunicación, en medio de las campañas propias de un año político. Se desplaza a una funcionaria y queda la sensación de que se están queriendo modificar números que expresan una realidad económica que es adversa. No se si es así o si ese fue el motivo, pero es la sensación mediática que nos queda. Por eso nos surgen nuevamente otras preguntas. ¿Se manipula la realidad a través de los números con fines políticos y económicos? Si esto es real, ¿cómo se puede denominar esta actitud? ¿Es una obra contra el octavo mandamiento?

Estamos tan acostumbrados a tantas cosas que ya no le damos importancia a las palabras y a sus consecuencias. En este caso, a los números y a sus interpretaciones. Como para que lo pensemos juntos, a la sombrita de un árbol mientras nos abanicamos con un diario en este agobiante verano.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!