Los laicos son corresponsables del ser y del actuar de la Iglesia

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Así lo afirmó Benedicto XVI a los miembros de la Asamblea Ordinaria del Forum Internacional de Acción Católica (FIAC). Si bien estas palabras son dirigidas especialmente a los miembros de esta Institución, lo que dice es el espíritu conciliar dentro del cual se debe mover toda la vida de la Iglesia que camina el tercer milenio cristiano. Se las comparto porque creo que puede ser de mucho provecho.

La corresponsabilidad exige un cambio de mentalidad referido, en especial, al rol de los laicos en la Iglesia, que deben ser considerados no como ‘colaboradores’ del clero, sino como personas realmente ‘corresponsables’ del ser y del actuar de la Iglesia. Es importante, por lo tanto, que se consolide un laicado maduro y comprometido, capaz de hacer su contribución específica a la misión eclesial, en el respeto de los ministerios y de las tareas que cada uno tiene en la vida de la Iglesia y siempre en cordial comunión con los obispos.

En este sentido, la Constitución dogmática Lumen Gentium califica la naturaleza de las relaciones entre los laicos y pastores con el adjetivo “familia”: “Son de esperar muchísimos bienes para la Iglesia de este trato familiar entre los laicos y los pastores; así se robustece en los laicos el sentido de la propia responsabilidad, se fomenta su entusiasmo y se asocian más fácilmente las fuerzas de los laicos al trabajo de los pastores. Estos, a su vez, ayudados por la experiencia de los laicos, están en condiciones de juzgar con más precisión y objetividad tanto los asuntos espirituales como los temporales, de forma que la Iglesia entera, robustecida por todos sus miembros, cumpla con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo” (n. 37).

Queridos amigos, es importante profundizar y vivir este espíritu de profunda comunión en la Iglesia, característica de la primera comunidad cristiana, como lo atestigua el libro de los Hechos de los Apóstoles: “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (4,32). Sientan cómo suyo el compromiso de trabajar por la misión de la Iglesia: con la oración, con el estudio, con la participación activa en la vida de la Iglesia, con una mirada atenta y positiva al mundo, en la búsqueda continua de los signos de los tiempos. No se cansen de afinarse cada vez con un serio y cotidiano compromiso formativo, el aspecto de la especial vocación de ustedes como fieles laidos, llamados a ser testigos valientes y creíbles en todos los ámbitos de la sociedad, para que el Evangelio sea luz que lleva esperanza en las situaciones problemáticas, de dificultad, de oscuridad, que los hombres de hoy encuentran a menudo en el camino de la vida.

Conducir al encuentro con Cristo, anunciando su mensaje de salvación con lenguajes y modos comprensibles para nuestro tiempo, marcado por procesos sociales y culturales en rápida transformación, es el gran desafío de la nueva evangelización. Los animo a continuar con generosidad en el servicio a la Iglesia, viviendo plenamente el carisma propio, que tiene como rasgo fundamental de asumir el fin apostólico de la Iglesia en su conjunto, en equilibrio fecundo entre la Iglesia universal y la Iglesia local y en el espíritu de la íntima unión con el Sucesor de Pedro y activa corresponsabilidad con el propio Obispo (Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre el Apostolado de los Laicos, 20). En esta etapa de la historia, a la luz de la doctrina social de la Iglesia, también trabajen para ser cada vez más un laboratorio de la “globalización de la solidaridad y de la caridad”, para crecer, con toda la Iglesia, en la corresponsabilidad de ofrecer un futuro de esperanza a la humanidad, con el coraje de formular propuestas exigentes.

La Acción Católica tiene una larga y fecunda historia, escrita por valientes testigos de Cristo y el Evangelio, algunas de las cuales han sido reconocidas por la Iglesia como santos y beatos. En este orden de ideas son llamados hoy para renovar el compromiso de caminar por la vía de la santidad, manteniendo una intensa vida de oración, respetando y fomentando el proceso personal de la fe y valorizando la riqueza de cada uno, con el acompañamiento de los sacerdotes asesores y dirigentes capaces de educar en la corresponsabilidad eclesial y social. Que su vida sea “transparente”, guiada por el evangelio e iluminada por el encuentro con Cristo, amado y seguido sin temor. Asuman y compartan las opciones pastorales de las diócesis y de las parroquias, favoreciendo ocasiones de encuentro y de sincera colaboración con los otros integrantes de la comunidad eclesial, creando relaciones de estima y comunión con los sacerdotes, por una comunidad viva, ministerial y misionera. Cultiven relaciones personales auténticas con todos, empezando por la familia y ofrezcan su a la participación a todos los niveles de la vida social, cultural y política teniendo siempre como objetivo el bien común.

Es una traducción (gracias al traductor online de  Google) de la noticia que fuera publicada en italiano en News.va. Pueden leer el original haciendo click en este link. Si hay algún error me avisan así lo corrijo.

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