Los dones del Espíritu Santo

429

Don de la sabiduría
Hoy muchas cosas alejan a los cristianos de lo que Jesús nos enseñó. El espíritu de la mentira hace que no veamos claro lo que Dios quiere. Por eso el Espíritu Santo viene en nuestra ayuda con el don de la sabiduría. Así podemos conocer cuales son los planes de Dios para la humanidad y para cada uno de nosotros. De esta manera podemos construir el mundo de acuerdo a la voluntad de Dios. Así podemos hacer juntos un Feliciano mejor. Para hacer las cosas como Jesús quiere, pidamos al Espíritu Santo el don de la sabiduría.

Don del consejo
Muchas veces el cristiano no sabe que hacer en una situación espinosa. Otras veces son los demás los que piden nuestra opinión para poder obrar bien. En todas estas ocasiones difíciles en las que nos empantanamos, Dios Espíritu Santo viene en nuestro auxilio con el don del consejo. Ilumina nuestras mentes para que veamos lo que tenemos que hacer. Así el cristiano, que tiene al Espíritu Santo como consejero, puede también aconsejar a los demás. Pidamos a Dios espíritu Santo el don del consejo para hacer las cosas como Dios manda.

Don de la piedad
Cuantas veces nos olvidamos de Dios. No pensamos en El y menos nos acordamos de rezarle todos los días. Dios Espíritu Santo, el Espíritu de Amor, viene en nuestra ayuda y nos da el don de piedad. Así podemos inclinar nuestro corazón con reverencia ante Dios y, con la confianza de los hijos, elevarle nuestras oraciones. De esa manera todos nuestras penas y dolores se los presentamos a Dios Padre. Así también le agradecemos todas las alegrías que derrama en nuestras vidas.
Pidamos a Dios Espíritu Santo el don de la piedad para que de nuestros labios broten las alabanzas a Dios.

Don de la ciencia
Cuanta gente opina de todo sin saber nada. ¡Si hasta los inmorales nos quieren enseñar moral! Por eso, muchas veces estamos confundidos y no sabemos que pensar. Dios Espíritu Santo viene en nuestra ayuda y nos da el don de ciencia. Así el cristiano aprende a ver las cosas con la mirada de Dios. Así podemos juzgar cada cosa de este mundo con la visión que viene desde el cielo. Pidamos a Dios Espíritu Santo el don de la ciencia para poder distinguir entre lo bueno y lo malo, para poder pensar como Dios piensa.

Don de la fortaleza
Cuantas veces nos atacan por ser cristianos. Cuantas veces se burlan de nosotros porque vamos a misa… porque queremos ser buenos. Dios Espíritu Santo viene en nuestra ayuda y nos da el don de la fortaleza. Así, con la fuerza de Dios, nos animamos a enfrentar todas las cruces. Así las burlas no nos echan atrás. Así también podemos practicar las “cosas difíciles” que tiene nuestra fe. Pidamos a Dios Espíritu Santo el don de la fortaleza para poder vivir con coraje nuestra fe.

Don del entendimiento
Cuantas veces leemos la Palabra de Dios sin entenderla. Cuantas veces lo que aprendimos en catequesis nos resulta oscuro y complicado. Dios Espíritu Santo viene en nuestra ayuda y nos da el don del entendimiento. Así podemos entender la profundidad de todas las cosas que Dios nos ha dicho a través de Jesús. De esta manera podemos gozar con el conocimiento de las cosas de Dios. Pidamos a Dios Espíritu Santo el don del entendimiento para poder comprender más las enseñanzas de Dios. Pero también nos vamos a comprometer a tratar de acercarnos más a la Biblia y a la catequesis.

Don del temor de Dios
Hay gente que le tiene miedo a Dios y en lo único que piensa es en el castigo que puede recibir de El. Otra gente no tiene miedo a Dios y por eso hace tantas maldades. Dios Espíritu Santo viene en nuestra ayuda y nos da el don del temor de Dios. Así nos acordamos de que tenemos que amar tanto a Dios que evitamos todo lo que lo puede ofender. Si hubiera más temor de Dios, cuanta menos maldad habría en el mundo. Si hubiera más temor de Dios, cuanta gente sería más feliz por preocuparse en amarlo y no en tenerle miedo a su castigo. Pidamos a Dios Espíritu Santo el don del temor a Dios que nos ayude a vivir en serio como hijos de Dios.

1 Comentario

  1. Etimado Padre Fabián: Hace poco que sigo su web, me la recomendó la esposa de Álvaro, un querido amigo. Ella es Magdalena. Como supieron todo este año de mi acoso laboral, Magdalena y Mónica, desde La Plata, me decían: tenés que ir a una misa del Padre Fabián. Lamentablemente por el trabajo, nunca pude ir porque vivo en otra ciudad. Pero lo importante es que, de algún modo, ud. está en mi vida. Soy una buena persona pero pecadora como cualquiera. He pasado por crisis de fe, por períodos de abulia, pero jamás la he perdido. A pesar de muchas cosas malas que me han pasado, nunca he cuestionado la existencia de Dios. Nunca. Dios me ha dado un don: el don de la palabra. Y yo la he usado para dedicarme a una de las más maravillosas profesiones: la docencia. ¡Cuántas veces en casi 25 años una palabra mía hizo la diferencia entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo adecuado o inadecuado para ese momento en la vida de un adolescente o joven! Siempre tuve claro que desde que me confirmé, me había convertido en un soldado de Cristo. Aún en mis tiempos de vagancia de no concurrir a la Parroquia, siempre defendí nuestra fe de quienes la atacaban y siempre traté de convertir a alguien, de acercarlo por lo menos y que Dios hiciera el resto. Hoy que la juventud vive en un mundo prosaico, materialista, sin valores, sumido en la ignorancia, consumiendo medios de comunicación y música ordinaria, vulgar, digo siempre lo mismo: “Dios no me dio hijos, pero me dio alumnos” ¿Sabe cuántas veces me han consultado cosas que debían hablarlas con sus padres? Mis padres, sin ser los más católicos del mundo, nos legaron a mi hermana y a mí unos férreos valores morales. La fe la desarrollamos solas. Es la segunda vez que me hago el tiempo para leerlo y me encuentro con dos cosas: por un lado, la labor de los laicos y por otra, los Dones del Espíritu Santo. Al leerlos, me doy cuenta de que tengo seguro, uno: el de la palabra. Es algo para mí tan fuerte, me doy cuenta de que puedo hacer tanto con la palabra, que no dejo de maravillarme y agradecer. Mi hermana recibió mi misma educación y es muy buena oradora, pero me doy cuenta que lo suyo es educación y no un don. Para agradecerle que me haya aceptado en sus seguidores y despedirme por hoy, le dejaré una anécdota. Hace unos años daba clases yo en un liceo nocturno de Montevideo, cuyo nivel no era bueno. Académica y socialmente los estudiantes que concurrían eran mediocres o malos. En un salón no muy grande, que da a una avenida, empecé con mis clases. Lleno a rebosar, el primer día me llamó la atención un joven, cuyo nombre me aprendí enseguida y aún recuerdo. Sería abril cuando, mientras dictaba una clase, el joven y otro que se notaba que no tenía su mismo nivel, bobeaban como dos chicos de 12 años. Con mi ojo clínico de docente de experiencia,sabía que uno podía salvarse y que el otro ya estaba perdido. Sonó el timbre y a la salida, me despido y digo: Fulano (por el apellido), conmigo a la adscripción. La reacción no se hizo esperar: – No, profesora, que… -Fulano, conmigo a la adscripción. Allá vino. Allí, llamándolo por su nombre de apóstol, Santiago, le digo: -¿Cuántos años tenés? -24, contestó. -¿Y por qué te comportás como si tuvieras 12? Ese compañero, en un mes no viene más y vos venís porque en tu trabajo te piden 4to año terminado. Santiago, la vida se va, ocupate de vos, de salir adelante. En cuanto te vi supe que eras diferente, no lo hagas por mí, sino por vos. -Tiene razón, profesora, le prometo que cambiaré. Así fue. Del salón lleno, quedaron 11. Santiago se sentaba siempre adelante, no se daba con nadie y se esforzaba muchísimo. Le costaba la literatura, pero yo lo animaba siempre. Pasó de año. En realidad, no le daba para más que un 6 pero yo le puse 7 por su esfuerzo. Deseaba fervientemente verlo y decírselo, pero no fue. Uno de sus compañeros lo veía ese lunes y le mandé el recado y luego le escribí. Ay, padre… El correo que me mandó Santiago, todavía hoy lo conservo y se me llenan los ojos de lágrimas al recordarlo. La vida de dolor y el mal camino que Santiago superó luego de la sorpresiva muerte de su padre joven, de 52 años, nadie se la imaginaba. Había logrado rehabililitarse de las drogas, pero eso no era mérito mío. Mi mérito había sido, como me lo dijo: “Nadie me había hablado como ud me habló. Nadie se había preocupado por mí como persona.” (Más o menos así es el correo). Y luego, toda una historia de vida, de cosas buenas y malas, llena de faltas de ortografía asumidas y echadas a broma, pero con tanto amor y agradecimiento que ni las veo. Realmente, padre, si alguna vez dudé que tenía el don de la palabra otorgdo por Dios, el correo de Santiago me lo recuerda siempre. Por eso, por la labor de los laicos y los Dones del Espíritu Santo, es que hoy le cuento esta historia. Gracias, padre Fabián. He pasado recientemente momentos muy duros, entre ellos, la pérdida de mi madre. Dios, en su infinita sabiduría y misericordia, lo ha puesto en mi vida para mi consuelo y aprendizaje. Un abrazo en Cristo.

Tu opinión nos interesa.

Ingrese su comentario
Entre su nombre aquí