Hay dos momentos especiales en los cuales los Papas se expresan sobre la realidad de un país concreto. Una es la visita de los Obispos a la Santa Sede. Esta se realiza cada cinco años. En el caso de la Argentina, por el número de los prelados locales, se hace en dos tandas. Finalizada la misma el Papa los despide con un discurso en el cual se refleja lo charlado y los consejos pastorales del Santo Padre.

La otra es la presentación de las cartas credenciales del embajador de un país. Como nos informa la Agencia Informativa Zenit, hoy Juan Pablo Cafiero presentó las letras que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Argentina ante la Santa Sede. Con esta ocasión el Papa le dedicó un discurso. Lo podemos leer completo en Zenit. Permítanme desatacar algunos párrafos.

En primer lugar, el marco es “un momento de particular importancia en el camino de las relaciones bilaterales entre la Sede Apostólica y su noble País, que confiamos sean cada vez más fluidas y fructíferas.” Si se confía en que las relaciones “bilaterales” sean más “fluidas y fructíferas” es porque hay algunas trabas en estos momentos. ¿Cuáles? No las dice, pero las suposiciones al respecto son muchas y están en boca de muchos comentaristas de la actualidad. Me permito no opinar al respecto.

El los puntos 2 y 3 de su alocución el Papa destaca la idiosincrasia y religiosidad el pueblo argentino y pone como ejemplo la figura del beato Ceferino. Comienza recordando que

“la Iglesia, en el ejercicio de la misión que le es propia, busca en todo momento promover la dignidad de la persona y elevarla de modo integral para el beneficio de todos”… “Con sus obras, la comunidad católica persigue únicamente dar un testimonio de caridad y proyectar sobre las conciencias la luz del Evangelio, para que el hombre encuentre una plenitud de vida que se trasluzca en una digna conducta individual y en una convivencia responsable y armónica, de recíproca comprensión y perdón.”

Planteado esto, dice unas palabras que tienen que ver con la coyuntura histórica que estamos viviendo:

“cabría señalar a este respecto la trascendencia que tiene evitar aquellas actitudes que deterioren la fraternidad y el mutuo entendimiento, dando vigor, en cambio, a lo que favorezca el sentido de responsabilidad cívica con vistas al bien de toda la sociedad.”

El último documento de los Obispos provocó en algunos la consabida queja de la pretensión liberal del encierro en sacristía de los pastores. Vale la pena entonces tomar en serio la explicación de Benedicto:

“desde esa perspectiva, la Iglesia, sin pretender convertirse en un sujeto político, aspira, con la independencia de su autoridad moral, a cooperar leal y abiertamente con todos los responsables del orden temporal en el noble diseño de lograr una civilización de la justicia, la paz, la reconciliación, la solidaridad, y de aquellas otras pautas que nunca se podrán derogar ni dejar a merced de consensos partidistas, pues están grabadas en el corazón humano y responden a la verdad. En este sentido, la presencia de Dios tanto en la conciencia de cada hombre como en el ámbito público es un apoyo firme para el respeto de los derechos fundamentales de la persona y la edificación de una sociedad cimentada en ellos. Deseo por eso expresar los mejores deseos de que se robustezca el diálogo y la colaboración entre las Autoridades argentinas y el Episcopado de esa Nación en aras del bien común de toda la población.”

Todo el punto cinco es un llamado a la construcción de una sociedad justa y fraterna (tarea eminentemente laical, me permito afirmar yo).

“El siglo XXI va mostrando cada vez con mayor nitidez la necesidad de forjar la vida personal, familiar y social de acuerdo a esos valores irrenunciables que enaltecen a la persona y a toda la comunidad. Entre ellos, hay que destacar el respaldo a la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, la orientación por una moral cuyas notas principales están inscritas en lo más íntimo del alma humana, el espíritu de sacrificio y pródiga solidaridad, que se manifieste de modo especial cuando las circunstancias sean particularmente adversas, la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su término natural, la erradicación de la pobreza, el cultivo de la honradez, la lucha contra la corrupción, la adopción de medidas que asistan a los padres en su derecho inalienable de educar a sus hijos en sus propias convicciones éticas y religiosas, así como la promoción de los jóvenes, para que sean hombres y mujeres de paz y reconciliación.”

Por último termina refiriéndose al acto que hicieron las presidentes de Argentina y Chile recordando la mediación de la Santa Sede en aras de la paz. Dicho sea de paso, quién quiera leer sin comentarios las cartas que el Papa les envió a las dos presidentas (una a cada una, pero con el mismo contenido… delicadezas de la diplomacia vaticana) lo puede hacer también a través de Zenit.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!