La moral es también para los conductores

543

Aunque parece que subirse a un vehículo elimina toda ética. Creo que debemos reflexionar sobre esto un poco más.

El sábado temprano un adolescente en moto es rozado (o lo chocó él) por un auto. Cae a la calle. Es llevado al hospital pero muere antes de llegar. Esto fue a cuatro cuadras de mi parroquia. Los vecinos me comentaron que iba sin casco…

Tres horas después, a unas cinco cuadras de distancia, un canillita que circulaba en bicicleta muere atropellado por un camión. El velorio fue a dos cuadras de la parroquia y le estuve rezando el responso el domingo al mediodía.

Luego de la oración fúnebre, escucho a un sacerdote decir que había venido desde Rosario, por la autopista, a 180 Km/h….

En el programa de radio de la semana pasada comentamos algo acerca de la psicología del conductor. Se me fue volando el tiempo y no pude avanzar más. Mañana martes (Tupambaé; FM Corazón; 104.1 de Paraná; de 22 a 24 hs) voy a continuar el tema. Será la parte que no pude desarrollar sobre el aspecto moral de la conducción. Esto será parte de lo que diremos:

“Para poner la base de los principios éticos que deben ser el fundamento de todo lo que se relaciona con la «profesionalidad» del usuario de la carretera, es preciso considerar ante todo el peligro para las personas y para los bienes que se deriva de la circulación vial, y que existe, en la realidad, para el conductor, para sus pasajeros y para todos los automovilistas que están al volante. El incumplimiento de las normas éticas básicas impide a los usuarios de la carretera gozar de sus propios derechos personales y compromete también la salvaguardia de las cosas.

El deber de proteger los bienes puede ser quebrantado no sólo por una conducción imprudente, sino también por no mantener el coche o el medio de transporte en condiciones mecánicas de seguridad, descuidando el control técnico periódico. El deber de revisión de los vehículos ha de ser respetado.

Existen también casos en los que se conduce sin habilidad física o capacidad mental, por abuso de alcohol y de otros estimulantes o drogas, y por cansancio o somnolencia. Y está también el peligro de los «minicoches» (citycars), en manos de los más jóvenes y de adultos sin licencia, así como la utilización temeraria de los ciclomotores y de las motos.” (33-35)

“Principios teológicos, éticos, jurídicos y tecnológicos sostienen la moralización del uso de la carretera. «Dichos principios se fundan en el respeto que se debe a la vida humana, a la persona humana, tal como lo inculca, desde las primeras páginas, la Sagrada Escritura. La persona humana es sagrada: ha sido creada a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26), es redimida con el valor inestimable de la sangre de Cristo (cf. 1Cor 6,20; 1Pe 1,18-19), y ha sido introducida en la Iglesia, en la Comunión de los Santos, con el derecho y el deber de la mutua, efectiva y sincera caridad hacia los hermanos y las hermanas, según el precepto del Apóstol Pablo: “Que vuestro amor no sea una farsa… amaos de verdad unos a otros como hermanos y rivalizad en la mutua estima” (Rm 12,9-10)».” (45)

Son trozos del documento “Orientaciones para la pastoral de la calle“.

Creo que es un tema que debemos meditar mucho. Todos: conductores y peatones.

 

Tu opinión nos interesa.

Ingrese su comentario
Entre su nombre aquí