La Iglesia es compleja

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Y doblemente compleja, diríamos. En primer lugar, como lo resume tan bien esa cita de Benedicto XVI que subí el lunes. La Iglesia tiene un alma que la inspira y la anima: la presencia del Espíritu Santo, que vino en Pentecostés para no irse. El Espíritu sopla dónde y cuando quiere. Por eso la riqueza con la cual se manifiesta en tantas espiritualidades distintas en el mismo seno de la Iglesia. En cuantito hay uno que se le anima a escucharlo y poner en práctica el carisma que le regala, en tantito es que surgen esas espiritualidades que nos enriquecen y que tanto cuesta entender a quiénes niegan o ignoran su acción.

Junto a esa complejidad “divina”, la otra: está compuesta por seres humanos. Por esto la presencia en su bimilenaria historia de grandes santos que fueron fieles cristianos junto a los grandes pecadores que avergonzaron a la Esposa de Cristo. Y, en el medio, la mayoría de nosotros que no somos grandes pecadores pero tampoco nos destacamos por la santidad: cristianos que entre fidelidades y caídas caminamos al destino de luz al que estamos llamados.

La Iglesia no es algo que se entiende desde si misma. En su esencia está el servicio (o ministerio) que tiene una triple dimensión. Servicio a su fundador, Jesús, el Cristo, Hijo de Dios. Es la prolongación del cuerpo de Cristo a lo largo de la historia. Por eso debe serle siempre fiel a su Palabra. El mote de conservadora expresa este ministerio y es para ella una gloria: no vive de palabras humanas sino de mantener viva en la historia La Palabra que se hizo carne. Cuando abandona la Revelación para irse detrás de las ideologías de moda (sean de derecha o de izquierda) es cuando la luz de la cual es portadora empalidece.

La Iglesia también sirve al Reino de Dios. Instaurado con la muerte y resurrección de Jesucristo, se consumará en el fin de los tiempos. Será en el momento en que Aquél que ascendió a los cielos descienda nuevamente a juzgar a los vivos y a los muertos. La Iglesia solamente prepara ese Reino ofreciendo las primicias de algo que será completo en la eternidad.

La Iglesia, para terminar, es servidora del mundo. Lo sirve anunciando a Aquél que le da sentido a todas las cosas. Lo sirve también en su colaboración para que todo lo que es bueno y valioso se potencie en beneficio de todos.

Esta complejidad se pone de manifiesto cuando quiere ser fiel a la evangelización de todos los hombres y de todo el hombre. Cuando, junto al anuncio, se preocupa por la promoción de todos los hombres y de todo el hombre.

En este contexto es que podemos responder a este comentario (que dio origen a toda esta serie):

Me preocupa que en la Iglesia en Argentina estén más interesados en novedosos cambios lingüísticos que en el anuncio del Kerygma. Día a día muchos católicos abandonan su fe a pesar de los esfuerzos para “hacer más comprensiva y cercana” a la liturgia. Parece que nos dedicamos a elucubrar acerca de cuantos ángeles caben sobre la punta de un alfiler antes de desvelarnos por la Misión dada por Cristo a su Iglesia. Hay que inculturar el mandamiento del amor mediante gestos de solidaridad y cercanía con los más pobres, a quienes no les interesa si su párroco pronuncia vosotros o ustedes. ah! y a los Señores Obispos que piensan que su tarea pastoral es adecuar el habla, por favor, dedíquense a visitar las comunidades y verán que hay otros muchos problemas más importantes que el “ustedes”.

Si como humanos somos complejos y necesitamos tener muchas actividades en el mismo día porque una sola no agota nuestra existencia, lo mismo debemos decir de la Iglesia. Si los Obispos (porque se habla de ellos solamente allí) se detuvieran solamente en la liturgia o en las visitas pastorales, o en el solo anuncio de la Palabra, o en el iluminar la realidad social o… (pongan la actividad que cada uno cree que debe ser la prioritaria, sino la única) entonces traicionarían a la riqueza de lo que es la existencia humana.

Por eso es que somos muchas veces monotemáticos frente a lo que le pedimos a la Iglesia. Por ejemplo, parecería que solamente tendría que dedicar cada instante a pedir por lo que se ha hecho mal:

En mi opinión cada uno con lo suyo, me da un poco de bronca que la iglesia opine. Primero tiene que rendir cuenta de muchas macanas que se mandaron y que aun se siguen mandando.

Claro que hay un camino para lograr la simplicidad eclesial. Un camino errado, pero que habita en el corazón de muchos de los que se quejan:

Bien creo que con el tiempo la iglesia va a pensar en forma simil conmigo, eso si no creo que sea mañana, la iglesia avanza con pies de plomo pero tambien es cierto que Dios es Dios de la historia y desde alli pude avanzar prestamente si asi lo quiere y se lo pedimos.

Agradezco la complejidad de una Iglesia en la cual conviven el Opus Dei con la Renovación Carismática. La complejidad de la celebración litúrgica, la catequesis o cáritas como cuestiones propias de su dinámica diaria: no de una u otra, sino de todo a la vez. Y así tantas cosas, aparentemente tan opuestas, pero que son signos de la complejidad humana recomplejada por el aliento del Santo Espíritu.

1 Comentario

  1. gracias! cómo es el dicho?

    en lo fundamental, unidad, en lo accidental, pluralidad y en todo, caridad?

    creo que es así, si no que me corrijan 🙂

    Un abrazo y mil gracias x tan buenos artículos!

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