La edad de la primera comunión

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El Cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, desató una discusión con resultado incierto. Según mi pobre opinión, con un planteamiento inicial que llevará a un acalorado y estéril debate). Pueden leer en el sitio vaticano toda su homilía. Rescato estos pasajes:

“Se cumplen ahora cien años de la promulgación del decreto Quam singulari, del Papa san Pío X, por el que, siguiendo fielmente las enseñanzas del concilio IV de Letrán y las de Trento, estableció la primera comunión y primera confesión de los niños a la edad del uso de razón, es decir, en torno a los siete años. Esta disposición del santo Papa suponía un cambio muy importante en la práctica pastoral y en la concepción habitual de entonces, que por diversas razones, habían retrasado a edades posteriores este acontecimiento tan trascendental para el hombre…

Por esto, ella, como madre amorosa, quiere para sus hijos pequeños, los primeros en el reino de Dios, que, con las debidas disposiciones participen pronto en lo mejor y más grande que Jesús nos ha dejado en memoria suya: su Cuerpo y su Sangre, el Pan de la vida…

No podemos, retrasando la primera comunión, privar a los niños -al alma y al espíritu de los niños- de esta gracia, obra y presencia de Jesús, de este encuentro de amistad con él, de esta participación singular de Jesús mismo y de este alimento del cielo para poder madurar y llegar así a la plenitud. Todos, especialmente los niños, tenemos necesidad del Pan bajado del cielo, porque también el alma debe nutrirse y no bastan nuestras conquistas, la ciencia, las cosas técnicas, por muy importantes que sean. Necesitamos a Cristo para crecer y madurar en nuestras vidas. Esto es más importante todavía en los momentos que vivimos y lo es de modo especial para los niños, frecuentemente objeto, por desgracia, de manipulación y de destrucción de su grandeza, pureza, simplicidad, “santidad”, capacidad de Dios y de amor que les constituye. Los niños viven inmersos en mil dificultades, envueltos en un ambiente difícil que no les favorece ser lo que Dios quiere de ellos, muchos, víctimas de la crisis de la familia. En ese clima aún les es más necesario el encuentro, la amistad, la unión con Jesús, su presencia y su fuerza. Son, por su alma limpia y abierta, los mejor dispuestos, sin duda, para ello. El centenario del decreto Quam singulari es una ocasión providencial para recordar e insistir en el tomar la primera comunión cuando los niños tengan la edad del uso de razón, que hoy, incluso, parece anticiparse. No es recomendable, por ello, la práctica que se está introduciendo cada día más de alargar la edad de la primera comunión. Al contrario, es aún más necesario el adelantarla…

Cuando san Pío X adelantó la edad de la primera comunión, también insistió en la necesidad de una buena formación, de una buena catequesis. Hoy debemos acompañar este mismo adelanto en la edad con una nueva y vigorosa pastoral de iniciación cristiana…”

Nadie discute el fruto que trae a niños (y adultos) la comunión con Jesús Eucaristía. Pero… la experiencia pastoral dice que el 90 % (por ser generosos) de los niños que reciben la primera comunión no han llegado a interiorizar el misterio que están viviendo.

Para encarrilar la discusión, es conveniente recordar el marco global que los Obispos Ltinoamericanos en Aparecida nos han presentado:

Iniciación a la vida cristiana

Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical, ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana, este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable.

Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que, en muchas partes, la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. Se impone la tarea irrenunciable de ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que, además de marcar el qué, dé también elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza. Así, asumiremos el desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente convocados.

La iniciación cristiana, que incluye el kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado. Nos da, también, la oportunidad de fortalecer la unidad de los tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La iniciación cristiana, propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en la forma de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado postbautismal para los bautizados no suficientemente catequizados. Este catecumenado está íntimamente unido a los sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía, celebrados solemnemente en la Vigilia Pascual. Habría que distinguirla, por tanto, de otros procesos catequéticos y formativos que pueden tener la iniciación cristiana como base.

Propuestas para la iniciación cristiana

Sentimos la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la vida cristiana que comience por el kerygma y, guiado por la Palabra de Dios, que conduzca un encuentro personal, cada vez mayor, con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre , experimentado como plenitud de la humanidad, y que lleve a la conversión, al seguimiento en una comunidad eclesial y a una maduración de fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y la misión.

Recordamos que el itinerario formativo del cristiano, en la tradición más antigua de la Iglesia, “tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos” . Se trata de una experiencia que introduce en una profunda y feliz celebración de los sacramentos, con toda la riqueza de sus signos. De este modo, la vida se va transformando progresivamente por los santos misterios que se celebran, capacitando al creyente para transformar el mundo. Esto es lo que se llama “catequesis mistagógica”.

Ser discípulo es un don destinado a crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así, forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida. Es necesario asumir la dinámica catequética de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral.

Como rasgos del discípulo, al que apunta la iniciación cristiana destacamos: que tenga como centro la persona de Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda madurez humana y cristiana; que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra, practique la confesión frecuente y participe de la Eucaristía; que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social, sea solidario en el amor y fervoroso misionero.

La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que, habiendo escuchado el kerygma, quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro.

Asumir esta iniciación cristiana exige no sólo una renovación de modalidad catequística de la parroquia. Proponemos que el proceso catequístico formativo adoptado por la Iglesia para la iniciación cristiana sea asumido en todo el Continente como la manera ordinaria e indispensable de introducir en la vida cristiana, y como la catequesis básica y fundamental. Después, vendrá la catequesis permanente que continúa el proceso de maduración en la fe, en la que se debe incorporar un discernimiento vocacional y la iluminación para proyectos personales de vida” (286-294).

Creo que la conversión pastoral, a la que estamos convocados, pasa más que en el adelantar la edad de la primera comunión, en un proceso que acompañe la fe del discípulo de Jesucristo. Por eso el pensar solamente en la edad del neo-comulgante es desenfocar el problema y plantear un problema desde un escritorio.

1 Comentario

  1. Muchos problemas se plantean hoy en día desde un escritorio. Muy buenas reflexiones para repensar nuestro lugar de "adultos" en la fe. Saludos.

  2. La verdad es que es un tema que casi no debería discutirse: primero hay que lograr traer a los padres para después, vengan los niños. El ejemplo es fundamental, y hay un porcentaje muy grande (y cada vez más) de católicos que no practican su, incluso, dentro de los que lo hacen, muchísimos no sienten la necesidad de la reconciliación antes de la comunión. ¿Cómo vamos a creer que los niños de 7, 8, 9 años entiendan el significado de la Eucaristía?.
    Espero que se reflexiones mucho sobre ello, antes de dar una respuesta.
    Saludos y bendiciones

  3. Paz y bien, mi estimado padre Fabian, con la experiencia que tengo te catequista tradicional y familiar, creo que en esta nos equivocamos, no estoy en contra de que los niños tomen su priera comunion, pero sabe que les decia yo a los padre? ustedes son responsables que estos niños sigan formandose en la fe y continuen en la practica del catecismo, ·" OH PERDON, YO LOS LLAMARIAS LADRANOS DE SACRAMENTOS " YA QUE DESPUES ESTOS NIÑOS NI SE LO VERAN EN MISA, SI HOY VEMOS LEJOS A LA JUVENTUD DE LO QUE ES LA PASTORAL DE JOVENES Y NIÑOS QUE RECIBIERON SU COMUNION, Y NI SIQUIERA SABEN QUE HAN RECIBIDO.Bueno esto nos hace pensar mucho a todos los que de una uh otra forma trabajamos en la viña del Señor, y luchar para una nueva renovacion de espiritu en toda la iglesia, es decir en nosotros mismo, es un tema que da mucho para decir, pero no cometamos errores,evangelicemos y renovemos nuestros lugares, ciudad, trabajo, familia. no estoy en contra de estos niñitos, si en la edad temprana que se le quiere dar un sacramento, " EL MAS GRANDE JESUS EUCARISTIA " SIN QUE TOMEN CONSIENCIA DE ELLOS, MIS BENDICIONES.

  4. he leído atentamente el informe y los comentarios, que tienen, todos, un poco de razón, pero humildemente creo que en realidad, tanto en la catequesis de niños, como de adultos, debe darse, como dice el documento, el kerygma. si los catecúmenos reciben ese primer anuncio del amor de dios. y se les enseña que su amor es incondicional, y que dió su vida por nosotros y por cada uno de ellos, en forma personal, seguramente, se sienten atraídos porque todos necesitamos ser amados. a partir de allí, depende de la pastoral parroquial y de la actitud del catequista, que no solo aprendan los fundamentos, sino que se siembre la semillita para que busquen con más ahínco conocer al señor. son numerosos los casos de niños que han llevado a sus padres de vuelta a la iglesia. explicarles el misterio de la cruz, que de tanto ver al señor allí colgado, se nos ha hecho rutinario, y manifestarles (dentro de su edad) que el amor de dios es tan grande que cada día, nos espera. tal vez, no de inmediato, pero, seguramente, a su tiempo, se obtendrá buen fruto.

  5. Tengo años como catequista y siempre me interpelo sobre la forma de dar el mensaje para que los niños entiendan el Amor, Sólo Dios hace germinar La Palabra, y nuestra oración y formación deben ser constantes,. La experiencia de la Catequesis Familiar es la que dejó mayor cantidad de familias comprometidas en San Agustín, por ejemplo, y sigo sosteniendo que no está mal “ajustar”un poco a los padres para que asumamos nuestro compromiso adquirido el día que bautizamos a nuestros hijos, tenemos tiempos para llevarlos al club y a otras actividades, muy valiosas por cierto, pero para darles el regalo maravilloso de la fe, ponemos “peros”, La gracia de Dios nos acompañe, para discernir el camino a seguir , Amén

  6. Temo el momento del encuentro con Dios tratando de explicarle que por no asumir mi responsabilidad prive a tantos niños de recibí Su Cuerpo y Sangre…

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