La comunión fraternal 9

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Saquemos unas últimas consecuencias a lo meditado.

La unidad es algo bueno. Recordemos que este tipo de bondad es un presupuesto necesario para salvar la vida o para la prosperidad. Evoquemos también el contexto de este salmo: la comunidad que celebra luego de la reconstrucción de Esdras. Por lo cual se podría afirmar que la unidad en torno a Yahvéh y su palabra es causa de bondad en el sentido apuntado.

La unidad es dulce. La convivencia fraterna parece que cambia también la forma de percibir los pequeños detalles de la existencia. El buen conviviente tiene su óptica transformada: el lugar donde está, sea como sea, es un “sitio de delicias” porque allí se encuentra su hermano. Así esta situación se transforma en digna de ser amada y se la disfruta plenamente.

En la comunidad da Dios la vida para siempre. Esta vida que constituye un don salvífico de Dios. Pero también es un regalo que le permitirá seguir existiendo como componente del pueblo elegido. Porque es allí, y no en otro lugar, que se recogerá este fruto.

La unidad es una teofanía de Dios. Y creo que esto puede ser lo más interesante. Donde está el pueblo reunido para la fiesta cultual, allí se está manifestando Dios. Donde está la unión de los hermanos, allí hay que buscar a Dios presente y actuando. Es muy fuerte el uso de términos que refieren a la bendición, como ya dijimos. Y la causa última puede llegar a ser esta: Dios que se regala y se deja encontrar en el signo pobre y sencillo de un grupo unido en su nombre.

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