La comunión fraternal 8

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Ya que el salmo elogia el habitar todos en uno, nos preguntamos que significa esta unidad celebrada. Evidentemente la base de la unidad del pueblo de Israel es religiosa. El contexto mismo del salmo nos conduce a eso: se habla de una comunidad reunida por una celebración en honor a Yahvéh. Pero la causa profunda de esta unidad no es la mera ocasión de esta fiesta de las tiendas. La radicalidad de la unión del pueblo es Yahvéh mismo. Porque se han reunido en su nombre, porque es su Nombre el que los ha reunido. Sin una referencia a la respuesta a esta llamada divina la comunidad no tiene sentido alguno.
Esta unidad tiene ciertas características que confirman y argumentan la respuesta que hemos dado:

Es una bendición divina. En el vocabulario que realizamos al comienzo podemos notar la constante referencia al hecho de que la bendición se nota en los distintos términos. Pero también es sumamente sugerente la utilización reiterada del término yored. Hay algo que baja y que se describe plásticamente como el óleo que va desde la cabeza, pasando por la barba, a la orla del manto. O como el rocío que baja desde las montañas al monte del templo. En este caso se grafica la bajada de Yahvéh que bendice a los congregados en Sión. Esta bendición es mandada, por lo tanto, es algo que un superior da a un subalterno que no la posee. Con lo cual nos situamos en la categoría de don: la unidad es don divino.

La unidad es propia de los hermanos que co-habitan. Esto que parece una verdad de Perogrullo, sin embargo, hay que afirmarlo. No se da verdadera unión en la dispersión, en el participar de un mismo hecho pero sin tener referencia al otro. La unidad no significa sólo no estar “en contra de” sino “habitar junto a”. Más a esto no hay que reducirlo a un mero co-existir. De ahí que el término hermano que se utiliza es muy sugestivo. Hace referencia al lazo carnal. Pero se amplía al colega, al amigo, al compatriota. Es interesante, también, que el habitar concreto es con ocasión de una fiesta, es decir, un momento en el cual uno detiene las actividades cotidianas y se encuentra con el otro para celebrar los gozos y las penas de su existencia.

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