La comunión fraternal 6

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Para terminar con la explicación de los términos hacemos como en las propagandas de “compre ya”: tres palabras explicadas y, de regalo, un cuarto término… si llama ahora lo tendrá (más que llamar… leer).

Ordenar (SWH)
Es un “verbum dicendi” que designa una forma específica de hablar: la de un superior que ordena y manda a un subalterno. Por eso se traduce como “dispensar” o “enviar”.

Bendición (BERAKA)
Aparece 378 veces en el A.T. En 23 casos está en relación con Yahvéh, como resumen de su acción salvífica. En otros se resalta la comunicación de su fuerza. El hecho de que se hable de que Yahvéh “derrama” la beraka se debe a que en ocasiones, como en nuestro salmo, aparece como lluvia fertilizante, como rocío. Pero esto no debe hacernos pensar que en este elemento está el sentido central del término. A este hay que encontrarlo, más bien, en que es un don que Dios hace al hombre y que, a lo largo de la historia de Israel, va tomando determinadas formas concretas de expresión (tierra, hijos, vida)

Vida (HAYYIM)
Es un plural abstracto o un plural de duración. Si no se destaca específicamente el aspecto de duración puede tener un sentido genérico y designar simplemente “existencia”.
No es considerado como un principio (de vida) inherente, unido al cuerpo, sino como una posesión o un don salvífico: la vida es un don de Dios porque el hombre ha sido creado como “naefaes haya” (ser viviente: Gn 2,7). En nuestro caso esto resulta evidente pues es un objero del verbo SWH.

Siempre, eterno (‘OLAM)
Tiene el significado básico de “el tiempo más remoto, tanto respecto al pasado como al futuro, o a ambos. ‘ad ‘olam significa “por siempre, perpetuamente, hasta la eternidad”, dónde “eternidad” no es otra cosa que el futuro ilimitado.
Este término se utiliza ocasionalmente en la literatura preexílica, en contextos teológicos más o menos significativos, pero todavía no ha sido apropiado ni acuñado por el lenguaje teológico. En algunos pasajes (Gn 13,15; Os 2,21) es perceptible el influjo del lenguaje jurídico. Los escritos históricos y el Deuteronomio prefieren el giro más dinámico, que puede conectar con la orientación de la conciencia del tiempo en la historia del pueblo. La profecía escrita más antigua lo usa muy poco y no en el sentido técnico escatológico-profético.
A partir de Jeremías y de Ezequiel se abre el camino a un nuevo uso para expresar la definitiva actuación escatológica de Dios, ante todo, la dimensión del juicio. Con el Deutero-Isaías adquiere un valor teológico nuevo: así como Yahvéh, el Creador, es Señor de los confines de la tierra, así también como Dios de la eternidad, es Señor de la historia de todos los pueblos y permanece incansablemente fiel al destino de Israel.
En nuestro versículo 3 se nota que hay influencias de una tradición anterior al Deutero-Isaías, porque afirma la eternidad de Sión como el lugar de la presencia salvadora de Dios.

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