La complejidad de las circunstancias y las pasiones

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Una de las cosas que más me maravilla al mirar la complejidad del ser humano es la variedad de situaciones por las cuales uno tiene que pasar a lo largo del día. Como sacerdote no es inusual una seguidilla de acontecimientos de corte diametralmente opuesto. Sin ir más lejos, hace quince días. Al comienzo de la tarde visitaba a una mamá adolescente, su familia y sus amigos: el bebé había muerto y se lo encomendábamos a Dios. A la hora estaba en la Capilla (en el mismo barrio, a ocho cuadras de distancia) festejando la fiesta patronal de la comunidad, en medio de los juegos de los niños, de la renovación del compromiso matrimonial de algunas parejas y de la torta con la cual clausuramos la jornada, luego de la Misa. ¿Cuál de los dos momentos fue el “típicamente humano”?

La Vida, además, nos pone por delante acontecimientos que hacen aflorar las pasiones (en sentido neutro, no moral) típicamente humanas. La más auténtica de todas, el amor, entendido como salirse de uno mismo, donarse sinceramente al otro, siempre está a la puerta de nuestros actos. Llámese preocupación por las necesidades del cercano, solidaridad, amistad, ternura, presencia en los momentos difíciles y en los gratos. Hasta ese culmen de la entrega que ofrece al otro lo profundo del propio ser en el encuentro corporal llamado genitalidad.

Pero también se encuentran en nosotros, como gérmenes que afloran a menudo, sus opuestos que son la envidia y el odio, el aprovecharse o abusar de las otras personas, el pisotear física o psicológicamente a quién podamos con tal de conseguir poder, prestigio o solamente confort.

El ser humano puede vivir desde la alegría y la esperanza o desde el dolor y la amargura. Pero puede pasar de un momento de alegría a otro de dolor, sin por eso perder su auténtica dignidad humana.

El hombre es complejo porque es libre y puede elegir como reaccionar frente a la realidad circundante. Pero es mucho más complejo porque las pasiones lo asaltan en cualquier momento y le obnubilan la inteligencia, le entorpecen la voluntad, le enredan la libertad… Suponemos que una persona, a la cual conocemos bien, en una circunstancia determinada reaccionará de determinada forma. Pero eso sólo puede ser una mera suposición: libertad y pasiones se conjugan en el hombre concreto frente a la situación concreta.

Y, si queremos complicar mucho más el tema, no olvidemos que las enfermedades corporales, psicológicas y sociales también nos desfiguran la percepción de la realidad y la respuesta que damos en el andar diario.

1 Comentario

  1. Estimados amigos: Yo creo que el ser humano es hecho a imagen y semejanza del Señor en el Amor. Cuando se dona a si mismo, cuando ama a sus enemigos, cuando sus actos aún los más pequeños están destinados a facilitar la vida la vida de otros es imagen y semejanza de Dios. Cuando tiene envidias, odios etc se aleja de Dios, vive en el pecado y por lo tanto se parece menos a Dios. Padre me podría explicar ¿la frase a “imagen y semejanza de Dios se refiere a una cuestión espiritual, es decir antes de que la humanidad cayera en el pecado nuestro espíritu era como el de nuestro Padre, pero Dios no tiene una forma “física similar a nosotros” o sí? Yo creo que no por que Jesús tuvo que encarnarse para ser hombre pero no tenía mancha de pecado por lo tanto era como nosotros antes de pecar contra Dios, pero Dios es Espíritu? ¿Me equivoco? Saludos Mariana

  2. Mariana, el comienzo de la respuesta la podés encontrar en la entrada Dios es simple. El resto, te lo debo… por ahora.

  3. Á propósito de la complejidad de las circunstancias: por culpa de la colecta anual de cáritas (ja,ja) tuve que recorrer mi manzana e ir a parar con la urna a la puerta de una vecina muy difícil que no simpatiza conmigo. Horas antes estuve rezando entregando la situación y para que no se le ocurriera tratarnos mal cuando pasáramos.Fue muy gracioso el momento, mi compañera, vecina también, me miraba espectante cuando me acerqué a la puerta.Gracias a Dios la mujer nos habló bien, ignorándome un poco, pero bien. Me descubrí enfrentando aquello sólo con la confianza puesta en Cristo, y comprobé una vez más que nunca me deja librada a mi suerte.Y por lo de que me ignoró,(y acá está lo sorprendente)no me molestó!. Pienso que Cristo siempre puede hacerse cargo de nuestras situaciones complejas si se lo pedimos y de las dejamos en sus manos. Un abrazo!.

  4. Sabías palabras padre,en este momento estoy viviendo una situación de conflicto en la familia por esa complejidad que nombras aca y yo trataba de manifestarla en mi blog también.

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