La acedia es el invierno del alma

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(O acidia). Estos tiempos de frío climático nos hacen descubrir analogías con la vida espiritual. Las hojas secas hablan de una sequedad del alma en los gustos por las cosas de Dios. Eso tiene como nombre técnico el que dimos en el título. Tal vez no conocemos la palabra o nunca la hemos usado… pero la experiencia de su contenido no se nos escapa.

¿De que se trata? Dejémonos enseñar por Tomás de Aquino en su Suma Teológica:

“Según el Damasceno, la acidia es cierta tristeza que apesadumbra, es decir, una tristeza que de tal manera deprime el ánimo del hombre, que nada de lo que hace le agrada, igual que se vuelven frías las cosas por la acción corrosiva del ácido. Por eso la acidia implica cierto hastío para obrar, como lo muestra el comentario de la Glosa a las palabras del salmo 106,18: “Toda comida les deba náuseas”. Hay también quien dice que la acidia es la indolencia del alma en empezar lo bueno. Este tipo de tristeza siempre es malo: a veces, en sí mismo; otras, en sus efectos. Efectivamente, la tristeza en sí misma es mala: versa sobre lo que es malo en apariencia y bueno en realidad; a la inversa de lo que ocurre con el placer malo, que proviene de un bien aparente y de un mal real. En conclusión, dado que el bien espiritual es un bien real, la tristeza del bien espiritual es en sí misma mala. Pero incluso la tristeza que proviene de un mal real es mala en sus efectos cuando llega hasta el extremo de ser tan embarazosa que retrae totalmente al hombre de la obra buena. Por eso incluso el Apóstol, en 2 Cor 2,7, no quiere que el penitente se vea consumido por la excesiva tristeza del pecado. Por tanto, dado que la acidia, en el sentido en que la tratamos aquí, implica tristeza del bien espiritual, es doblemente mala: en sí misma y en sus efectos. Por eso es pecado la acidia, ya que en los impulsos apetitivos al mal lo llamamos pecado, como se deduce de lo ya expuesto.” (II-II, 35,1)

Tristeza que deprime el ánimo… indolencia para empezar lo bueno… hastío para obrar… todo esto lo hemos experimentado en algún momento de nuestra vida. Pero la acedia va más allá de las cuestiones meramente humanas de nuestro obrar: habla de nuestra relación con Dios, del cultivar ese trato con el Señor, del obrar en consecuencia como creyente, como católico.

Para que entendamos más, el Aquinate nos habla de sus “hijas”, es decir, de otras conductas que son consecuencia de la acedia:

 “San Gregorio asigna las hijas a la acidia de manera conveniente. En efecto, dado que, como expone el Filósofo en VIII Ethic., nadie puede permanecer largo tiempo en tristeza sin placer, es menester que la tristeza dé lugar a dos resultados: lleva al hombre a apartarse de lo que le entristece y también le hace pasar a otras cosas en las que encuentra placer, lo mismo que, quienes no pueden gozar de las delicias espirituales, se enfangan en las del cuerpo, como escribe el Filósofo en el X Ethic. En el movimiento de huida de la tristeza se observa el proceso siguiente: primero rehuye el hombre lo que le contrista; después impugna lo que causa tristeza. Pues bien, los bienes espirituales de que se entristece la acidia son el fin y los medios que conducen a él. La huida del fin se realiza con la desesperación. La huida, en cambio, de los bienes que conducen a él, si son arduos que pertenecen a la vía de los consejos, la lleva a cabo la pusilanimidad, y, si se trata de bienes que afectan a la justicia común, entra en juego la indolencia de los preceptos. La impugnación de los bienes espirituales que contristan se hace, a veces, contra los hombres que los proponen, y eso da lugar al rencor; otras veces la impugnación recae sobre los bienes mismos e induce al hombre a detestarlos, y entonces se produce la malicia propiamente dicha. Finalmente, cuando la tristeza debida a las cosas espirituales impulsa a pasar hacia los placeres exteriores, la hija de la acidia es entonces la divagación de la mente por lo ilícito.” (II-II, 35,4, ad2)

Interesante el proceso que describe: sin darnos cuenta nos vamos en picada en nuestra vida espiritual… terminamos abandonando al Unico que nos da gozo perfecto y duradero.

Ahora bien, la acidia como conducta puede ser vencida. También supone un cambio de conducta, producto de un proceso que se debe llevar adelante:

“Siempre se debe huir del pecado. Pero el ataque del pecado se ha de superar, a veces huyendo, a veces resistiendo. Huyendo, cuando la persistencia del pensamiento aumenta el incentivo del pecado, como es el caso de la lujuria; por esa razón manda el Apóstol en 1 Cor 6,18: Huid la fornicación. Resistiendo, en cambio, cuando la reflexión profunda quita todo incentivo al pecado que proviene de ligera consideración. Es lo que se debe hacer en el caso de la acidia, pues cuanto más pensamos en los bienes espirituales, tanto más placenteros se nos hacen. El resultado será que la acidia cese.” (II-II, 35,1, ad4)

Pensamos en las cosas que sabemos que son importantes. Si no “pensamos” en Dios o en las cosas de Dios… terminamos con el alma fría… seca… sumida en la acedia. Así que la solución es vencer el frío calentándose en contacto personal y asiduo con el “sol que nace de lo alto” (Lc 1,78 ), Cristo Jesús. “Pensar” aquí es, como lo diría Teresa, tener un trato asiduo con quién sabemos que nos ama.

Para quienes quieren leer más sobre este tema les aconsejo lo que escribió Pieper (desde este link encontrarán el texto alojado en Google books).

2 Comentarios

  1. Padre, si la tristeza deviene de un hecho real, en mi caso la pérdida de mi msdre, y sin abandonar enteramente las cosas de Dios (yendo a misa solamente ) es pecado no poder superarlo en un año ? Si es así estoy acediada. Que puedo hacer Padre Fabian?

  2. Eso no es acedia sino… ¡elaboración del duelo!!! Cuando termines de aceptar la partida e integrar ese hecho a tu vida cotidiana, se te irá esa tristeza natural que tienes. Espero que lo puedas hacer pronto… ya es tiempo de que lo hagas…

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