Horóscopo 2011

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– El hado es una diosa que nos envuelve con sus doce brazos. Estos se hacen corpóreos cada mes con un signo astrológico: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis

Cornelio Segobia levantó el dedo índice derecho con intenciones de seguir su cátedra espontánea en la noche fresca de la primavera que huye por las sendas al encuentro del veraniego calor rimbombante. Las tres cervezas que se había bajado en el Bar “La Resfalosa” le daban argumentos cuasifilosóficos y una entereza moral para desasnar a su amigo Gaunerio Gutierrez en una peripatética tertulia.

– Ahh… los signos del zoodíaco con el cual se hacen las predicciones 2011

El Cornelio, con una mirada tierna (no se sabe si de compasión o de puro mamao nomás) lo corrige.

– Se le fue una “o” de más, mi amigo. Esto no tiene que ver con los animales del zoológico

– Claro, claro…

Esto le da pie al Cornelio para repetir de memoria…

– Es zodíaco. Para ser más exactos, el diccionario dice que es la zona o faja celeste por el centro de la cual pasa la Eclíptica. Tiene de 16 a 18 grados de ancho total; indica el espacio en que se contienen los planetas que solo se apartan de la Eclíptica unos 8 grados y comprende los 12 signos, casas o constelaciones que recorre el Sol en su curso anual aparente. Son los brazos con que abraza nuestro destino, a saber, Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.

Ente tanto desparrame de saber etílico, el Gaunerio quiere profundizar las razones del compadre.

– Entonces… digo… ¿de ahí vienen las predicciones 2011?

– No exactamente. El horóscopo 2011 es una predicción basada en la posición de los astros, con los cuales se hace una carta basada en cálculos matemáticos. Pero esa es una derivación directa del tema.

– ¿Entonces?

– Lo mío es más profundo. Le hablo del hado con con sus doce brazos nos abraza condicionando nuestro existir y llevándonos a obrar de determinada manera.

-Ah…

– Claro… fíjese. Le explico con un ejemplo. Yo no estaría dando esta peripatética enseñanza si el hado no me hubiese abrazado y conducido a “La Resfalosa”. Las cervezas que me tomé, además de inspirarme un profundo erupto, me hacen derramar mi saber con usted, don Gaunerio. Es el hado que nos conduce y hace lo que quiere con nosotros, incluso lo que nunca queremos hacer.

Gaunerio se rasca la cabeza como buscando entender. Hay cosas que le van contra su sentido común…

– Dejeme ver si entiendo, don Cornelio. Ese dichoso hado es como una fuerza misteriosa que obra dentro de nosotros…

– Claro.

– Incluso, a pesar de nosotros.

– Va bien encaminado.

– O sea que no somos libres.

– Claro, parece que somos libres pero no lo somos para nada… tenemos nuestro destino marcado…

– Y, entonces, debemos descubrir ese destino consultando las estrellas porque ellas nos dicen que nos va a pasar en la salud, el dinero y el amor.

– Veo que ha entendido correctamente, mi amigo.

– Que quiere que le diga don Cornelio… o usted está muy mamado y no sabe lo que dice… o no quiere hacerse cargo de su vida y entonces le echa la culpa a su falta de libertad por culpa de ese “misterioso” hado…

No se sabe si fue una brisa fresca o las palabras del Gaunerio, pero Cornelio se quedó callado. Su mirada fija en el camino… sus pensamientos en algunas cosas que le venían a la mente y qué él siempre le achacó que le pasaban pero el no era responsable… Es que su teoría del hado y los signos del zodíaco se le iban al carajo. El problema era ahora su libertad y el tener que hacerse cargo de sus propios actos libres… pero ese es otro tema… para otro momento.

Ustedes ya saben lo que opino de estas cosas. Pero, para no desentonar, les vuelvo a compartir mis predicciones para el 2011. Eso sí, a mi manera. Si alguno está interesado, haga clik en su propio signo del zodíaco:

Horóscopo aries 2011

Horóscopo tauro 2011

Horóscopo géminis 2011

Horóscopo cáncer 2011

Horóscopo leo 2011

Horóscopo virgo 2011

Horóscopo libra 2011

Horóscopo escorpio 2011

Horóscopo sagitario 2011

Horóscopo capricornio 2011

Horóscopo acuario 2011

Horóscopo piscis 2011

De paso, si alguien quiere profundizar sobre estos temas, les dejo la enseñanza teológica de Tomás de Aquino. Pueden leer las dos cuestiones completas en la página de Hernán González, ya sea sobre la acción de la criatura corporal como sobre el hado. Aquí solo unos trozos:

Los cuerpos celestes, ¿son o no son causa de los actos humanos?

Los cuerpos celestes obran en los cuerpos terrestres directamente y por sí mismos, como se dijo (a.3). Pero en las potencias del alma, que son los actos de los órganos corpóreos, obran directa, pero accidentalmente, porque los actos de tales potencias necesariamente se impiden, al menos por los impedimentos de sus órganos. Ejemplo: Con los ojos turbios, no se ve bien. Así, pues, si el entendimiento y la voluntad fuesen facultades dependientes de órganos corpóreos, como pensaron algunos, que decían que el entendimiento no se diferenciaba de los sentidos, se seguiría necesariamente que los cuerpos celestes podrían ser causa de la elección y de los actos humanos. De esto se seguiría, a su vez, que el hombre pudiese ser impulsado a sus operaciones por el instinto natural, lo mismo que los demás animales, en los que no hay potencias del alma no dependientes de órganos corpóreos. Porque lo que se realiza en estos seres inferiores por influjo de los cuerpos celestes, se hace naturalmente, y, por lo tanto, se seguiría también que el hombre no tendría libre albedrío, sino que tendría acciones determinadas, como las tienen los demás seres naturales. Todo lo cual es evidentemente falso y contrario a lo que vemos de continuo en la vida humana.

Hay que admitir, sin embargo, que las influencias de los cuerpos celestes pueden llegar, indirecta y accidentalmente, hasta el entendimiento y la voluntad, esto es, en la medida en que tanto el entendimiento como la voluntad se suministran en alguna manera de las facultades inferiores que dependen de órganos corpóreos. Pero hay en esto una diferencia grande entre ambas potencias. Porque el entendimiento recibe necesariamente lo que le suministran las facultades aprensivas inferiores, y así, perturbadas la imaginación, o la estimativa, o la memoria, por necesidad se resiente también de ello la acción del entendimiento. Pero, en cambio, la voluntad no sigue necesariamente la inclinación del apetito inferior, pues, aunque no dejen las pasiones irascibles y concupiscibles de tener cierta fuerza para inclinarla, queda, sin embargo, en su poder, el seguirlas o rechazarlas. A esto se debe que la acción de los cuerpos celestes, por la cual pueden ser alteradas las potencias inferiores, sea menos efectiva respecto de la voluntad, causa inmediata de los actos humanos, que respecto del entendimiento.

El suponer, pues, que los cuerpos celestes son causa de los actos humanos, es algo propio de los que dicen que el entendimiento no se distingue de los sentidos. Así, algunos decían de ellos que tal era la voluntad de los hombres según día a día se la modelaba el padre de los hombres y de los dioses. Pero, como es absolutamente cierto que el entendimiento y la voluntad no son facultades dependientes de los órganos corpóreos, no es posible que los cuerpos celestes sean causa de los actos humanos.

Los cuerpos celestes, ¿imponen o no imponen necesidad en aquellos que les están sometidos?

Esta cuestión queda ya en parte resuelta con lo dicho anteriormente, y en parte ofrece alguna dificultad. Se ha demostrado (a.4), efectivamente, que, aunque de la acción de los cuerpos celestes se sigan algunas inclinaciones en la naturaleza corporal, sin embargo, la voluntad no sigue necesariamente tales inclinaciones. Por lo tanto, no hay inconveniente alguno en que el efecto de los cuerpos celestes sea impedido no sólo por lo que al hombre se refiere, sino incluso en cuanto a aquellas cosas a las cuales se extiende la acción del hombre.

Sin embargo, en las cosas naturales no hay principio alguno del tenor de la voluntad humana, que tenga libertad para seguir o no seguir las impresiones de los cuerpos celestes. Parece, pues, que, al menos en las cosas naturales, todo acontece necesariamente, conforme al antiguo razonamiento de aquellos que, suponiendo que cuanto existe tiene causa y que, puesta ésta, por necesidad se ha de seguir el efecto, venían a concluir que todo absolutamente sucede por necesidad. Opinión que refutó Aristóteles en VI Metaphys., fundamentándose precisamente en las dos cosas que éstos suponían.

En primer lugar porque no es verdadero que, puesta cualquier causa, se siga necesariamente el efecto. Pues hay causas que no están ordenadas a producir por necesidad sus efectos, sino a producirlos las más de las veces, pudiendo a veces fallar en el menor número de casos. Sin embargo, como tales causas no fallan casi nunca a no ser que lo impida otra causa, parece que con esta respuesta no desaparece el inconveniente señalado, dado el caso de que también el supuesto impedimento se interpone por necesidad.

Por lo cual se responde, en segundo lugar, que todo aquello que es esencialmente un ser, tiene causa; pero lo que sólo accidentalmente es ser, no tiene causa , puesto que no es propiamente ser, al no ser propiamente uno. Ejemplo: Tiene causa el ser blanco y la tiene igualmente el ser músico, pero el ser músico blanco no la tiene, porque tal ser no es propiamente ser, como tampoco es propiamente uno. Ahora bien, es evidente que la causa que impide la acción de alguna otra causa ordenada a producir su efecto las más veces, concurre a veces con ella accidentalmente, y, por consiguiente, tal concurso de causas no tiene causa, dado que es accidental. Por eso, lo que se siga de tal concurso no puede reducirse a alguna causa preexistente, de la cual se siga necesariamente. Ejemplo: Que se produzca en la parte superior de la atmósfera algún cuerpo terrestre ígneo y que caiga abajo, tiene por causa alguna virtud celeste, y asimismo puede reducirse a algún principio celeste el que haya sobre la superficie de la tierra alguna materia combustible. Pero que al caer el fuego dé sobre esta materia y la incendie, no tiene por causa algún cuerpo celeste, sino que sucede por casualidad, accidentalmente. De este modo, es evidente que no todos los efectos de los cuerpos celestes se producen necesariamente.

El hado, ¿es o no es algo?

Vemos que en las cosas de este mundo algunas suceden fortuitamente o por casualidad. Y a veces sucede que un acontecimiento que por orden a las causas inferiores es fortuito o casual, referido a otra causa superior se ve que es intencionado. Ejemplo: Si dos siervos de un señor son enviados por él a un mismo lugar sin saberlo uno del otro, encontrarse allí los dos es puramente casual para ellos, puesto que sucede sin intentarlo ninguno de los dos. Pero para el señor que los mandó, no es casual, sino conocido e intencionado.

Así pues, hubo algunos que rechazaron reducir a una causa superior estas cosas casuales y fortuitas que suceden en los seres de aquí abajo. Estos negaron el hado y la Providencia, como Tulio, tal como nos cuenta Agustín en V De Civ. Dei. Esto va contra lo que dijimos anteriormente sobre la Providencia (q.22 a.2).

Otros, intentaron reducir a una causa superior, los cuerpos celestes, todas las cosas fortuitas y casuales que acontecen aquí abajo, sea en el orden natural o en el orden humano. Según esta opinión, el hado no sería más que la disposición de los astros bajo la cual cada uno fue concebido o nació. Pero esto no es aceptable por dos razones. En primer lugar, en cuanto a las realidades humanas. Ya quedó demostrado (q.115 a.4) que los actos humanos no están sometidos a la acción de los cuerpos celestes a no ser de forma accidental e indirecta, pero, como la causa de la fatalidad debe tener una ordenación sobre lo que se efectúa por hado, tal causa necesariamente ha de ser esencial y directa de lo que se hace. En segundo lugar, en cuanto a lo que se hace accidentalmente. Se dijo (q.115 a.6) que lo que es ser accidentalmente propiamente no es ser ni uno. Pero toda acción de la naturaleza tiene por objetivo algo que es determinadamente uno. Por lo tanto, es imposible que lo que es accidentalmente, en sí mismo sea efecto de algún principio que sea agente natural. Por lo tanto, ninguna causa natural puede hacer en cuanto tal, por ejemplo, que el que intenta cavar un sepulcro encuentre un tesoro. Es evidente que los cuerpos celestes obran a modo de principio natural. De lo que se sigue que igualmente son naturales sus efectos terrestres. Por lo tanto, es imposible que virtud alguna activa de los cuerpos celestes sea la causa de las cosas que aquí abajo suceden accidentalmente, bien por casualidad, bien fortuitamente.

Por todo lo cual hay que decir: Las cosas que aquí suceden accidentalmente, sea en el orden natural o en el orden humano, se reducen a alguna causa que de antemano las ordena, y que es la Providencia divina. No hay inconveniente para que aquello que es ser accidentalmente, sea concebido por algún entendimiento como un solo ser. En caso contrario, sería imposible que el entendimiento formara la siguiente proposición: cavando un sepulcro encontró un tesoro. Del mismo modo que el entendimiento puede hacer tal concepción, se puede también realizar. Ejemplo: Si alguien, conocedor del lugar en el que está escondido el tesoro, anima a un labriego, que lo ignora, a que cave allí un sepulcro. Así, no hay inconveniente en que las cosas que suceden accidentalmente, como fortuitas o casuales, se reduzcan a alguna causa ordenadora que obre por el entendimiento, y más si se trata del entendimiento divino, ya que sólo Dios puede mover la voluntad, como se dijo (q.105 a.4; q.106 a.2, q.111 a.2). Por lo tanto, la ordenación de los actos humanos cuyo principio es la voluntad, sólo puede atribuirse a Dios.

Así, pues, podemos admitir el hado en el sentido de que todas las cosas que suceden en este mundo están sujetas a la divina Providencia, como ordenadas por ella y, si se puede decir, prehabladas. Sin embargo, los santos doctores rechazaron el uso de esta palabra para no favorecer a aquellos que abusaban de ella creyendo dar a entender cierta capacidad de los astros. A este propósito dice Agustín en V De Civ. Dei : Si alguien atribuye al hado las cosas humanas, queriendo significar con la palabra hado la voluntad misma o el poder de Dios, quédese con el modo de pensar y corrija el de hablar. En este sentido Gregorio rechaza que haya hado.

El hado, ¿está o no está en las cosas creadas?

Como resulta claro por lo dicho (q.22 a.3; q.103 a.6), la Providencia divina ejecuta sus acciones por medio de causas intermedias. La ordenación de estos efectos puede ser vista en un doble aspecto. 1) Uno, según está en Dios, y, bajo este aspecto, la ordenación de los efectos es llamada Providencia. 2) La otra. Pero si se considera esta ordenación de los efectos en cuanto está en las causas intermedias ordenadas por Dios a producir tales efectos, así es como se entiende el hado. Esto es lo que dice Boecio en IV De Consol. : Que el hado se ejerza por ciertos ministros espirituales de la divina Providencia, o por el alma, o por la cooperación de la naturajeza entera, o por los movimientos celestes de los astros, o por virtud angélica, o por las artimañas de los demonios, o por algunas de estas cosas, o por todas ellas, así es como queda tejida la serie fatal. De todo lo cual ya se ha tratado antes (a.1, q.104 a.2; q.110 a.1; q.103.114). Por lo tanto, es evidente que el hado está en las mismas causas creadas en cuanto que están ordenadas por Dios a producir sus efectos.

¿Está o no está todo sometido al hado?

Como ya dijimos (a.2), el hado es la ordenación de las causas segundas a los efectos previstos por Dios. Por lo tanto, todo lo sometido a las causas segundas está sometido también al hado. Pero si hay algo que es hecho directamente por Dios, al no estar sujeto a las causas segundas, tampoco lo está al hado. Así, la creación de las cosas, la glorificación de las sustancias espirituales. Por eso, dice Boecio : Los seres que están próximos a la primera divinidad, establemente fijos, están sobre el orden de la mutabilidad fatal. De aquí resulta también que, cuanto más alejada está una cosa de la Inteligencia, tanto más ligada está al hado, ya que está más sometida a la necesidad de las causas segundas.

Medio larga la entrada, pero creo que vale la pena.

1 Comentario

  1. Hubo un tiempo en que creía en horóscopos, en plena adolescencia, allá por los '80. Y bueno, cosas de gurisa… Realmente me gusta la narración primera, esa de Cornelio Segobia. Me ha llevado a imaginarme, en cada palabra, la escena en que se desarrolla. ¿Es de su autoría Padre? Si lo es , felicitaciones. Si el horóscopo de todos los días fuera el que Ud. escribió anteriormente según el signo, este Mundo sería perfecto. Gracias!

  2. Padre Fabián: Puestas así las cosas para el que da por ser un hecho a la predicción horoscopera, valdría la cristianización de la situación hipotética que anticipa, evangelizándola?
    Quiero decir: si el horóscopo me "anuncia" un mal en puerta, exhortar a "ser amor de Cristo" para cambiar el sino…Es como decir: no ha lugar al mal por la renuncia al pecado y la encarnación de Cristo en el instante en que hubiese triunfado el enemigo de Dios.

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