Ya hemos hablado sobre el horóscopo 2010 y las predicciones 2010 en este blog. A ellos los remito. Hoy quisiera compartirles algo que me sugirió la consulta al Diccionario de la Real Academia Española. Allí, la definición de esta palabra va precedida de su origen. Concretamente dice que proviene del latín y, esta, del griego oroskopos que significa “que observa la hora”.

Por supuesto, en nuestro leguaje común este mirar la hora hace referencia a la “predicción del futuro basada en la posición relativa de los astros y de los signos del Zodiaco en un momento dado”. Sobre este particular pueden acceder a mi opinión en esta entrada de hace un tiempo. Y en este otro, cuando hablamos del horóscopo Inca en su marcar los ciclos solares.

Pero yo quería meditar sobre Jesús y su mirar la “hora”. Este es un término que utiliza el Evangelio de Juan, en boca de Jesús, en varios lugares. Quedémonos con dos.

El primero es en las bodas de Caná. Cuando la Madre María lo aprieta para que haga algo con respecto al vino que se les está terminando a los novios, él le responde con un misterioso «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía» (2,4). San Agustín hace un precioso comentario sobre esto:

“Cuando Cristo dijo: «Aun no es llegada mi hora». Vean aquí, dicen (“los matemáticos”), que Cristo estaba sujeto a la fatalidad, cuando dice: «No ha llegado mi hora». Pero deben más bien creer a Dios, que también dice: «Tengo poder para deponer mi alma, y volver a tomarla de nuevo» (Jn 10,18). Y busquen la verdadera explicación de por qué se dijo: «Aun no es llegada mi hora», para que no pongan al Creador del cielo bajo los caprichos del hado (“destino, fatalidad”). Porque si el hado dependiera de los astros, no podría estar sometido a los astros el Creador de los astros. A esto debe agregarse que no sólo no estuvo Jesucristo bajo el poder de lo que ellos denominan hado, pero ni tú ni nadie. ¿Por qué, pues, dijo: «Aun no es llegada mi hora»? Porque estaba en su mano el tiempo en que había de morir, pero aún no le parecía tiempo oportuno para usar de tal poder. Habían de ser llamados primeramente los discípulos; se había de anunciar el reino de los cielos; se habían de ostentar los prodigios de su misión, para fundamentar en milagros la divinidad del Señor, y recomendarse la humildad en la misma sumisión a las leyes de nuestra mortalidad. Cuando todo esto se hizo de manera que las pruebas fuesen irrecusables, entonces fue la hora, no de la necesidad, sino de manifestar su voluntad; no de la condición, sino de su poder.”

Jesús desarrolla su vida “observando esa hora” como el punto culminante de su misión. Por eso, a la última cena, Juan la introduce con estas palabras: “Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin” (13,1). Casi al final, Jesús les advierte a los apóstoles: “Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (16,32). Y luego ora: “Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti” (17,1). La hora de Jesús es tiempo en el cual la Gloria del Señor desciende y se manifiesta con poder: el momento de la cruz, del amor derramado en sangre y agua que mana de su corazón abierto (19,4)

Dejemos hablar nuevamente a San Agustín:

“Podía el Señor, que había tomado la forma de siervo, orar en silencio, si hubiera sido necesario, pero quiso manifestarse al Padre como suplicante, para que se acordase que era nuestro Maestro. Esta es la razón por la que estas palabras de oración que dirigió al Padre, sirven de edificación, no sólo a los discípulos que le oyeron, sino que también a nosotros que habíamos de leerlas. Lo que dijo: «Padre, viene la hora» (17,1), demuestra que todo tiempo es oportuno para hacer lo que tiene dispuesto Aquel que no está sujeto a tiempo; y no se crea que esta hora significa hado o destino apremiante, sino disposición divina. ¡Lejos de nosotros el creer que las estrellas obligasen a morir a su Creador!”

En este tiempo de cuaresma, nuestro “horóscopo 2010” debería ser una mirada a lo alto. No a lo alto de las estrellas para descubrir en ellas un destino marcado. Si a lo alto del madero, porque desde quien pende en la cruz brota la gracia que nos hace libres y dueños de nuestra vida.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!