Fuerza de verdad y de irradiación

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Hay situaciones que uno no sabe como nombrar. Y el nombrar algo no es una cuestión menor, ya que cuando le ponemos nombre a algo es porque sabemos de que se trata, lo abarcamos con nuestra comprensión, nos podemos acercar a la profundidad de su ser. Concretamente me refiero a lo que una lectora denomina como “falta de compromiso de los laicos y sobre todo la falta de jóvenes” en nuestras parroquias (supongo que empezando desde allí y extendiendo a todas las realidades eclesiales).
Creo que no debemos olvidar el marco en el cual nos movemos. En primer lugar, la desconfianza hacia todo lo que sea distinto a nosotros se ha instalado fuertemente en nuestra cultura desde la gran crisis del 2001. Desconfianza hacia las relaciones interpersonales: ya sea por la angustia que produce la experiencia de la violencia (física y simbólica) como por la necesidad de mantenerse en un trabajo que no se garantiza perdurable o la ansiedad de ser desempleado y no encontrar manos solidarias que nos ayuden a enfrentarnos a la vida con dignidad… Podríamos seguir enumerando, pero no es la idea hacerlo en este momento. Esta desconfianza se amplía a una desconfianza a todo lo que es institucional, de cualquier signo o tipo. Sumemos a esto el hecho de que estamos en un mundo en el cual se señorea la increencia.
El católico no solo vive inmerso en este clima, es parte integrante del mismo clima cultural: no somos seres aislados. Si vivimos aislados (como los puros o los salvados) entonces no entendimos para nada nuestra fe.
Jesús, su Palabra que nos llega en la Sagrada Escritura, la vida nueva que nos da el bautismo, la efusión del Espíritu Santo en la confirmación, la comunión con su cuerpo en la Eucaristía, la unión a su cuerpo místico que es la iglesia… todas estas son realidades que no han cambiado ni cambiarán. Sin embargo no se hacen atrayentes para el hombre de hoy. ¿Por qué? Aquí viene el problema que no puedo nominar, porque no tengo la capacidad para hacerlo y porque no he leído o escuchado, (todavía, yo) algo que me lo explique.
La lectora habla de hacer un mea culpa. Particularmente me cansé de que se pida a la Iglesia (entre los cuales me encuentro yo y la lectora) que haga un mea culpa. Particularmente prefiero ver las cosas desde otra perspectiva, más en positivo: la de descubrir en los signos de los tiempos lo que el Señor nos pide hoy, aquí y ahora. Esto desde la humildad de saber que no se ha hecho lo suficiente en la evangelización. Pero con la misma humildad para reconocer que se han hecho muchas cosas de buena voluntad. El problema es que esas “cosas” ya no atraen al hombre de hoy.
Esta cita del Catecismo de la iglesia Católica nos comienza a marcar el camino de respuesta:
“La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo. Para manifestar ante los hombres su fuerza de verdad y de irradiación, el mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios.
Los cristianos, por ser miembros del Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo, contribuyen a la edificación de la Iglesia mediante la constancia de sus convicciones y de sus costumbres. La Iglesia aumenta, crece y se desarrolla por la santidad de sus fieles, “hasta que lleguemos al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud en Cristo” (Ef 4, 13). (2044/5)
Este será el paso segundo de algo que es fundante de nuestra fe. Como lo dijo genialmente nuestro Papa Benedicto: “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” (DCE 1)
El desafío que tenemos no es reconquistar a quienes se fueron a otros cultos o hacer una cruzada contra los medios de comunicación. Es gran desafío es el de suscitar nuevamente un encuentro con Jesús, Camino, Verdad y Vida, que transforme todo nuestro ser y nuestras acciones. Por eso la oración que sugiere la lectora es primordial para comenzar pidiendo sabiduría. El Señor nos manifiesta sus signos en los tiempos que corren. Nos toca ahora a nosotros responder ahora con métodos y lenguajes acordes al genio del nuevo milenio.
¿Cómo hacerlo? Es lo que al comienzo les decía que todavía no puedo nominar. Que bueno sería que quienes estén ya en camino puedan compartir sus experiencias.

1 Comentario

  1. Gracias padre por haber respondido a mi inquietud. A mi me pasa que yo siento que lo tengo a Jesús en mi corazón, pero no se de que manera darlo a conocer, en los ámbitos en que yo me muevo. Como llevar a mí entorno la Buena Noticia. En estos días me estoy planteando hacer un retiro espiritual, quizás este seria un primer paso, o vos me podrías recomendar algún texto para leer. Quisiera que me des algunas ideas, gracias nuevamente.

  2. “Señor tu me has ofrecido fecundidad. Me has dicho que unido a ti puedo dar mucho fruto, que mi vida contigo será fecunda.
    Por eso me has mirado y me has llamado.
    Dame luz para que pueda reconocer en tus ojos ese llamado.
    Mi vida en esta tierra no se entiende sin esa misión que me confías.
    Es bello sentirse agraciado, es precioso haber sido elegido gratuitamente.
    Tu mirada es un llamado de amor que me hace tiernamente feliz.
    Quiero ser fecundo para tu gloria, dejando las redes de mis comodidades y dudas para lanzarme mar adentro.
    Quiero navegar bajo el impulso del Espíritu y el reconfortante aliento de tu mirada que me llama”.

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