Por problemas eclesiales de un escritor de divulgación teológica argentino ha salido a luz la discusión sobre la existencia histórica de Adán y Eva. Es una manera de abordar el libro del Genesis. Aunque no es la manera más correcta de aproximarse a su contenido.

Como se tratan de Libros Sagrados y, por eso, totalmente diversos de una novela o una tesis doctoral, conviene recordar algunos principios sobre la Inspiración Divina de la Sagrada Escritura y su interpretación. Para eso, que mejor que ir al Concilio Vaticano Segundo. El 18 de noviembre de 1965 fue propulgada, luego de arduos debates entre los padres conciliares, la «Constitución dogmática ‘Dei Verbum’ sobre la Divina Revelación«. Sería de mucho provecho si la releemos completa. Les traigo algunos párrafos.

El Capítulo III nos enseña que:

Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignan por inspiración del Espíritu Santo.(11)

Esto trae como consecuencia que:

Como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación. (11)

En otras palabras: en la Biblia no hay necesariamente una verdad histórica (a la manera cómo se hace historia hoy) o una verdad científica. Lo que existe es una verdad salvífica. Por lo que no se puede aproximar a una lectura de la Revelación desde las «ciencias humanas» sino desde la «ciencia teológica».

Pero esto no es todo.

Habiendo, pues, hablando Dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos. (12)

Nos decía un profesor de Biblia (Enso Cortesse) que la Sagrada Escritura es como un regalo. Cuando lo recibimos debemos primero quitar el envoltorio a fin de encontrarnos con lo que el otro en verdad quiso darnos.

Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a «los géneros literarios». Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres. (12)

Y como la Sagrada Escritura es el «Libro del Pueblo de Dios», una segunda indicación que completa a la primera:

Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.(12)

En este contexto, ahora si podemos preguntarnos si existieron Adán y Eva.

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