El ¿silencio? de la Iglesia

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En estos días el Cardenal Bergoglio presentó un libro. ¿Qué tiene esto de novedoso? Dos cosas. La primera que es una recopilación de las enseñanzas de los obispos durante los últimos 20 años. La segunda, la escasa presencia de esta noticia en los titulares de los medios de comunicación.

Durante este período democrático la Iglesia Argentina ha tenido muchos pronunciamientos. Como madre y maestra acompañó a sus hijos y a todos los ciudadanos en el caminar por la historia. Su palabra resonó casi siempre en el marco de la defensa que desplegaba el gobierno de turno, el cual normalmente las consideraba como un ataque a su gestión. Lejos de esta intención, nuestros obispos nos hablaban a todos y hasta llegaron a anticiparnos la gran crisis del 2001, varios años antes.

En este mes de marzo se cumplen treinta años del golpe de estado de 1976. Desde muchos ámbitos que tienen una postura ideológica contraria a los católicos, se escucharán las consabidas sanatas acerca del silencio cómplice de los Obispos. Hay otro librito que quiero citar. Se llama “La Iglesia y los derechos humanos” y son extractos de algunos documentos y memoria de algunas intervenciones de la Conferencia Episcopal Argentina acerca de la violencia y sobre diversos derechos humanos. Esta compilación tiene textos desde 1970 hasta 1982.

El primero que les quiero transcribir es un comunicado de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, la cual presidía el Arzobispo de Paraná Mons. Adolfo Tortolo. Está fechado el 5 de octubre de 1975 y nos deja ver el clima de violencia que ya se respiraba:“Los medios periodísticos nos han traído otro cuadro de fría e inhumana dramaticidad. Una joven mujer próxima a ser madre, violentamente fue arrancada de los suyos y luego asesinada.

El Episcopado Argentino por su comisión ejecutiva deplora amargamente este crimen, que se suma a otros consumados con inexplicable crueldad y que nos obligan a formular estas preguntas: ¿Podemos continuar con esta lenta guerra de exterminio? ¿No habrá otra senda que conduzca al reencuentro de todos los argentinos, como hijos de Dios y como hermanos?

Acabábamos de escribir este mensaje cuando la radio nos informa de los hechos de Formosa. Su proyección y su gravedad nos eximen de ulterior comentario.

El Episcopado apela a la conciencia de toda la Nación y pide un claro y positivo esfuerzo –hasta heroico si fuera necesario- para devolver la paz y la seguridad interior, e insiste que la violencia no es cristiana.

Y apela también a las armas del espíritu –en particular a la oración y el santo rosario- a fin de lograr vencer el mal con el bien”

Ya sabemos como siguió la historia. La violencia (que no es cristiana, sea del signo que sea) lejos de desaparecer, creció en su virulencia y desembarcó en un golpe de estado. El 24 de marzo se cumplirán treinta años de ese luctuoso acontecimiento. Los Obispos, el 15 de mayo dan a conocer una carta pastoral colectiva, algunos de sus puntos queremos destacar:

“El bien común y los derechos humanos son permanentes, inalienables y valen en todo tiempo-espacio concreto, sin que ninguna emergencia, por aguda que sea, autorice a ignorarlos; pero la forma de vivirlos es distinta, según las variaciones de lugar y momento histórico en el cual se ejercen”…

“En un momento tan difícil, creemos que nuestra misión es pedir a cada uno el cumplimiento estricto de su deber y a cada uno, también, la máxima comprensión y tolerancia hacia los errores involuntarios del otro”…

“Hay hechos que son más que error: son pecado y los condenamos sin matices, sea quien fuere su autor:
– es el arrinconar a otros contra el hambre, para ganar descontroladamente;
– es el asesinar (con secuestro previo o sin él) y cualquiera sea el bando del asesinado”…

“Además se podría errar:
– si en el afán por obtener esa seguridad que deseamos vivamente, se produjeran detenciones indiscriminadas, incomprensiblemente largas, ignorancia sobre el destino de los detenidos, incomunicados de rara duración, negación de los auxilios religiosos;
– si, con el mismo fin, se suprimiera alguna garantía constitucional, se limitara o se postergara el derecho de defensa;
– si, en la justa búsqueda de la indispensable recuperación económica (no damos juicios técnicos), se llevara gente al borde de la miseria o a la miseria misma, por el juego de precios y salarios o por despidos y cesantías, a veces, de muy difícil justificación;
– si, para evitar los culpables abusos de los medios de comunicación de masas, se optara por la solución simplista de impedirles que digan la verdad necesaria, aunque en algunos casos duela;
– si, buscando una necesaria seguridad, se confundieran con la subversión política, con el marxismo o la guerrilla, los esfuerzos generosos, de raíz frecuentemente cristiana, para defender la justicia, a los más pobres o a los que no tienen voz”.

Y así podríamos seguir citando muchos otros documentos o comentando intervenciones directas de la Iglesia con la cúpula militar. Pero ya sabemos que para los bienintencionados, basta con este botón de muestra. Para los malintencionados, frecuentemente ignorantes de toda la historia, sabemos que siempre lo que se diga será insuficiente. Para ustedes, igualmente, queremos regalarles estas líneas.

¿Cuántos hoy, treinta años después, pueden “jactarse” de haberlas dicho y repetirlas con la misma convicción y entereza?La intención es doble. Por un lado acordarse las palabras de nuestros maestros de la fe en esos momentos tan dramáticos de nuestra historia. La segunda, recordarles que como ayer, nuestros obispos siguen enseñando la doctrina de Jesús aplicada a la realidad actual. Y por eso una gran invitación: prestarle el oído del corazón y de la vida a quienes nos guían con la luz divina en los acontecimientos cotidianos.

1 Comentario

  1. “El bien común y los derechos humanos son permanentes, inalienables y valen en todo tiempo-espacio concreto, sin que ninguna emergencia, por aguda que sea, autorice a ignorarlos; pero la forma de vivirlos es distinta, según las variaciones de lugar y momento histórico en el cual se ejercen”…” Muy interesante, por el tema del universalismo de los derechos humanos 😉 Muchos saludos

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