El sacerdocio ministerial

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Hoy estuve nuevamente navegando por la página del artista plástico Fabricio Trepadermez. Una belleza para sentarse a meditar mirando sus creaciones. Les comparto esta (espero que no se enoje por ponerla aquí). Denominada ICXC, es la representación gloriosa del Cristo Sacerdote que, sentado a la derecha del Padre, derrama la fuerza vivificante del Santo Espíritu. Vida que nos llega, especialmente, a través de los sacramentos.

Cristo, Sumo y eterno sacerdote, hace participar de esta función a toda la Iglesia, Pueblo Sacerdotal y a quienes han recibido el sacerdocio ministerial. Recordemos lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica (1546-1553) al respecto.

Cristo, sumo sacerdote y único mediador, ha hecho de la Iglesia “un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre” (Ap 1,6; cf. Ap 5,9-10; 1 P 2,5.9). Toda la comunidad de los creyentes es, como tal, sacerdotal. Los fieles ejercen su sacerdocio bautismal a través de su participación, cada uno según su vocación propia, en la misión de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación los fieles son “consagrados para ser…un sacerdocio santo” (LG 10)

El sacerdocio ministerial o jerárquico de los obispos y de los presbíteros, y el sacerdocio común de todos los fieles, “aunque su diferencia es esencial y no sólo en grado, están ordenados el uno al otro; ambos, en efecto, participan, cada uno a su manera, del único sacerdocio de Cristo” (LG 10). ¿En qué sentido? Mientras el sacerdocio común de los fieles se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal (vida de fe, de esperanza y de caridad, vida según el Espíritu), el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos. Es uno de los medios por los cuales Cristo no cesa de construir y de conducir a su Iglesia. Por esto es transmitido mediante un sacramento propio, el sacramento del Orden.

In persona Christi Capitis…

En el servicio eclesial del ministro ordenado es Cristo mismo quien está presente a su Iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, sumo sacerdote del sacrificio redentor, Maestro de la Verdad. Es lo que la Iglesia expresa al decir que el sacerdote, en virtud del sacramento del Orden, actúa “in persona Christi Capitis” (cf LG 10; 28; SC 33; CD 11; PO 2,6):

El ministro posee en verdad el papel del mismo Sacerdote, Cristo Jesús. Si, ciertamente, aquel es asimilado al Sumo Sacerdote, por la consagración sacerdotal recibida, goza de la facultad de actuar por el poder de Cristo mismo a quien representa (virtute ac persona ipsius Christi) (Pío XII, enc. Mediator Dei)

“Christus est fons totius sacerdotii; nan sacerdos legalis erat figura ipsius, sacerdos autem novae legis in persona ipsius operatur” (“Cristo es la fuente de todo sacerdocio, pues el sacerdote de la antigua ley era figura de EL, y el sacerdote de la nueva ley actúa en representación suya” (S. Tomás de A., s.th. 3, 22, 4).

Por el ministerio ordenado, especialmente por el de los obispos y los presbíteros, la presencia de Cristo como cabeza de la Iglesia se hace visible en medio de la comunidad de los creyentes. Según la bella expresión de San Ignacio de Antioquía, el obispo es typos tou Patros, es imagen viva de Dios Padre (Trall. 3,1; cf Magn. 6,1).

Esta presencia de Cristo en el ministro no debe ser entendida como si éste estuviese exento de todas las flaquezas humanas, del afán de poder, de errores, es decir del pecado. No todos los actos del ministro son garantizado s de la misma manera por la fuerza del Espíritu Santo. Mientras que en los sacramentos esta garantía es dada de modo que ni siquiera el pecado del ministro puede impedir el fruto de la gracia, existen muchos otros actos en que la condición humana del ministro deja huellas que no son siempre el signo de la fidelidad al evangelio y que pueden dañar por consiguiente a la fecundidad apostólica de la Iglesia.

Este sacerdocio es ministerial. “Esta Función, que el Señor confió a los pastores de su pueblo, es un verdadero servicio” (LG 24). Está enteramente referido a Cristo y a los hombres. Depende totalmente de Cristo y de su sacerdocio único, y fue instituido en favor de los hombres y de la comunidad de la Iglesia. El sacramento del Orden comunica “un poder sagrado”, que no es otro que el de Cristo. El ejercicio de esta autoridad debe, por tanto, medirse según el modelo de Cristo, que por amor se hizo el último y el servidor de todos (cf. Mc 10,43-45; 1 P 5,3). “El Señor dijo claramente que la atención prestada a su rebaño era prueba de amor a él” (S. Juan Crisóstomo, sac. 2,4; cf. Jn 21,15-17).

“En nombre de toda la Iglesia”

El sacerdocio ministerial no tiene solamente por tarea representar a Cristo –Cabeza de la Iglesia– ante la asamblea de los fieles, actúa también en nombre de toda la Iglesia cuando presenta a Dios la oración de la Iglesia (cf SC 33) y sobre todo cuando ofrece el sacrificio eucarístico (cf LG 10).

“En nombre de toda la Iglesia”, expresión que no quiere decir que los sacerdotes sean los delegados de la comunidad. La oración y la ofrenda de la Iglesia son inseparables de la oración y la ofrenda de Cristo, su Cabeza. Se trata siempre del culto de Cristo en y por su Iglesia. Es toda la Iglesia, cuerpo de Cristo, la que ora y se ofrece, per ipsum et cum ipso et in ipso, en la unidad del Espíritu Santo, a Dios Padre. Todo el cuerpo, caput et membra, ora y se ofrece, y por eso quienes, en este cuerpo, son específicamente sus ministros, son llamados ministros no sólo de Cristo, sino también de la Iglesia. El sacerdocio ministerial puede representar a la Iglesia porque representa a Cristo.

En este año sacerdotal, que la oración por la fidelidad y santidad de los pastores sea un signo distintivo del pueblo creyente. Nosotros necesitamos, en verdad, de toda esa oración.

1 Comentario

  1. Ya se lo he dicho al propio autor, me gustan sus obras plásticas religiosas. Expresan bastante bien muchas cosas, en mi opinión. Algún día, con su permiso, también haré un enlace a mi blog para comentar sus pinturas. Hay mucho que decir… Buen artista Trespadermez.
    Y muy bien lo que transcribió, padre sobre el sacerdocio en la Iglesia, es lo que el Magisterio nos enseña de cómo entender y vivir este don, esta vocación, este ministerio… Rezamos para que cada día seamos tod@s más fieles a la Voluntad Divina al respecto. Saludos, padre.

  2. La verdad, no lo conozco personalmente. Pero si te lo encontrás alguna vez, felicitalo de mi parte.

  3. Cuénteme entre sus fieles, al tiempo de hacer la ofrenda en sus misas Padre.
    Espiritualmente me uno a la celebración de la eucaristia que diariamente hace junto a su comunidad.
    Cada día aprendo un modo nuevo de vivir la consagración y entrega de Nuestro Señor.
    Está en mis oraciones Padre, Dios lo proteja de todo Mal y lo ilumine.

  4. Hola Padre Fabian, gracias por sus comentarios. Me alegra saber que mis obras tienen la capacidad de expresar y conmover, que en realidad esa es la mision de una obra de arte, en donde el espectador y la obra se necesitan mutuamente.
    Desde ya, tiene mi permiso para publicar mis trabajos. Bendiciones y saludos cordiales

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