Así titula el diario La Nación una nota de ayer. Allí un periodista que maneja poco los temas litúrgicos hace algunas informaciones. (No pensemos mal… no es más que una nota típica del verano carente de noticias… más allá de la maleta viajera… la falta de energía eléctrica… la liberación de las rehenes… los accidentes en las rutas… las colas de las vedetes… la intervención de las obra social… la ausencia de la Jefa K… y el recambio de turistas…). Lo interesante es que, al momento de escribir este post, ya van 150 comentarios. Algunos saben de lo que están hablando. Otros usan el tema para usar de sus chiclés habituales.

De mi parte, me fui a leer en Zenit lo que había pasado. Allí me decía esta agencia, al final de su artículo, que “este año no ha sido instalada en la Capilla Sixtina la peana de madera sobre la se apoyaba un altar provisional para celebrar esta Eucaristía. El Papa ha preferido que se utilizara el antiguo altar de la para no alterar la belleza y la armonía de esta joya arquitectónica y pictórica, según ha aclarado una nota vaticana. Por este motivo, en algunos momentos de la Eucaristía, el Papa dio las espaldas a los fieles. La Santa Sede ha querido aclarar, sin embargo, que siguió el Misal ordinario, y no el anterior al Concilio Vaticano II.”

¿Tanto lío por esto? No celebró con el rito tradicional (reformado por Juan XXIII). La misma noticia decía que usó el Misal Ordinario. Lo que alegró a algunos y molestó a otros fue que usara el Altar original pegado a la pared y, por lo tanto, en algunos momentos lo hizo de espaldas a los fieles, es decir, de cara a la hostia que estaba consagrando.

¿Es válida la Misa si celebra de “cara al pueblo” o de “cara a Dios”? A mi enseñaron que la Misa era válida si había pan de trigo, vino de uva y la intención del sacerdote de consagrar. No es para desvalorar el rito que digo esto, sino para ubicar las discusiones en su justo contexto.

Y ya que estamos, les comento algo que a mi me gustaría hacer (y lo pongo en potencial porque celebro respetando las prenotandas). El sacerdote que preside la celebración tiene que hacer varios “tipos” de oración. Hay oraciones que uno hace en nombre del Pueblo a Dios. Otras las hace junto con el pueblo. Otras las hace sólo, en secreto. Y en otras, presta su voz a Dios para que hable u obre (la lectura del Evangelio y la Consagración).

Con respecto a la Consagración, me gusta estar frente al Pueblo (como se hace normalmente, salvo en los Templos en los cuales los fieles están en los cuatro lados). Me parece que es contemplar juntos el Misterio de la Última Cena haciéndose realidad en ese instante.

Con respecto a las oraciones que rezo junto a la comunidad, también me gusta hacerlo de frente, mirándonos los rostros mientras rezamos juntos al Señor.

Pero hay otras oraciones, las denominadas presidenciales. En ellas yo, en nombre del Pueblo, me dirijo a Dios elevando las oraciones. Más de una vez se me ha ocurrido que lo mejor, para significar la verdad del rito, sería que me ponga delante del altar y mirando hacia él, es decir, al frente del pueblo y de cara a Dios. Creo que de esa manera se expresaría mejor ritualmente el hecho de que es el Pueblo de Dios, a través de su sacerdote, el que ora.

Lo voy a proponer para que sea tema de algún Sínodo. Si no me hacen caso, cuando yo sea Papa lo voy hacer tratar por teólogos y liturgos…  😉

De todos modos, tengamos en cuenta que la expresión “de cara a Dios” es una manera de decir, porque el Señor está en todas partes. Muy lindo (para dejar de rasgarse las vestiduras por cuestiones intrascendentes) es meditar el Salmo 139 (138). Sobre todo el versículo 5: “me rodeas por detrás y por delante, tienes puesta tu mano sobre mí”.

Espacio de publicidad automática - No necesariamente estamos de acuerdo con el contenido
Artículo anterior¿La estrella que se apareció a los Magos fue uno de los astros del cielo?
Artículo siguienteSe viene el nuevo Misal Argentino
Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!