El espíritu jacobino reinante

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Hace unos días leí unas declaraciones que me sorprendieron. Eran de un grupo que se decía afín al gobierno. Y el contexto es la, ya, proverbial lucha con el campo. Lo que me llamó la atención de ese comunicado fue la mención al triunfo de lo jacobino. Me pareció raro porque no es una forma frecuente de hablar.

En este tiempo estoy leyendo un libro muy interesante. Es una recopilación de Antonio Baggio denominado: “El principio olvidado: la fraternidad. En la política y el derecho.” Editado por Ciudad Nueva. En él, un artículo de Rocco Pezzimenti, “Fraternidad: el porqué de un eclipse”, analiza tres autores y saca sus conclusiones. Al hablar del segundo, un tal Augustin Cochin, propone una reflexión sobre el fracaso del jacobinismo en el seno de la Revolución Francesa. Les copio algunas frases, ya que me hicieron pensar bastante.

Muchos críticos dicen que leer esta obra de Cochin (“El espíritu del jacobinismo”) sustancialmente significa comprender el éxito no sólo del jacobinismo, sino también del totalitarismo y del terror que es fruto, la más de las veces, de una violencia refinada. Cochin nos ayuda a comprender que la violencia es un mito culto, tanto más explosivo y feroz cuanto más tibio haya sido el invernadero en el que ha sido cuidadosamente cultivado. Además denuncia las locuras de una máquina que suprime las fronteras entre lo público y lo privado.

Este mito nace de un iluminismo de salón:

Para Cochin el jacobinismo no es una idea ni un proyecto político, sino un aparato de investigación, un estudio, un intento de dar vida a una sociedad perfecta; una sociedad capaz de resolver todos los problemas del hombre. Lo dramático es que esta búsqueda no es considerada como tal por los jacobinos que, cuando llegan al poder, pretenden imponer el fruto de su análisis como si se tratara de un proyecto político efectivo. Es decir, los jacobinos se sienten depositarios de una verdad que quieren imponer a los demás, comenzando por sus más estrechos colaboradores y amigos. No por casualidad, en las revoluciones donde triunfa la idea jacobina, las primeras víctimas son precisamente los mismos jacobinos.

En la raíz misma de su postura está su propio problema:

Este es un problema que a Cochin lo angustia sobremanera porque no logra hacerse a la idea de que los jacobinos no sean conscientes de sus contradicciones. Baste pensar que llegan a realizar su proyecto político a través de la crítica extrema, es decir, son hipercríticos pero, cuando están en el poder, lo primero que no aceptan es precisamente la crítica. Esto se debe a que si tolerasen la crítica su proyecto de investigación no sabría como resistir. También aquí, parece decir Cochin, la que sale mal parada es la fraternidad. Porque estos jacobinos no se reconocen semejantes a los demás hombres, no se ponen en el mismo plano que los demás. Se sienten poseedores de la verdad. Esta es una convicción, y también un objetivo, que el jacobinismo de siempre no puede traicionar. Por eso tienden a instaurar un proyecto político y pedagógico para instruir a esas masas que ve y considera siempre inferiores. No puede haber fraternidad, y ni siquiera respeto, cuando uno no se pone en el mismo plano.

Por eso el autor habla de un cierto “homo ideologicus” en el cual la opinión es la medida corriente. Esta se basa en percepciones personales que van en detrimento del análisis serio de la realidad.

El triunfo de la sociedad de la opinión sobre el saber es la derrota de lo concreto y lo real que se ven sobrepasados por la abstracción. “Es la opinión la que constituye el ser. Es real lo que otros ven, verdadero lo que dicen, bien lo que aprueban. La apariencia sustituye al ser, al decir, al hacer.” Se genera así el triunfo del gregarismo y de la ignorancia. Los espíritus más livianos terminan por tener éxito en este nuestro mundo, mientras que los de más peso, que estudian y trabajan seriamente, son apartados. Los espíritus más livianos un día terminarán, quizás, por perder, pero cuando pierdan, la confrontación con los más fuertes  que han pensado estará superada. Cuando pierda el espíritu liviano, es decir, el ideológico, será ya demasiado tarde para los que han elaborado teorías serias.

Y lo que más me sorprendió fueron las palabras finales de este apartado sobre el jacobinismo:

Los sistemas tan fuertemente abstractos caen por corrupción, porque la corrupción, al acumular ciertos privilegios, la necesidad de mantenerse se convierte en el único elemento concreto que ciertas élites ideológicas logran ver cuando detentan el poder.

Interesante para pensar un rato la realidad local y la de ciertos países como Venezuela (por ejemplo). Espero que el autor y la editorial no se enojen por las citas textuales. Las cuales son también para recomendarles que compren y lean este libro. La tesis de fondo es que sin fraternidad no hay libertad e igualdad posible. Y la única manera (histórica) de sustentar la fraternidad es el espíritu cristiano. El Papa Benedicto en su última encíclica nos plantea cosas similares.

1 Comentario

  1. Cualquier coincidencia con nuestra realidad Argentina…pura casualidad….

  2. La lucha por el respeto de las ideas y la dignidad del hermano se torna cada dia mas intensa.
    Pero, aún este teatro Jacobino que nos pretende hacer vivir la Sra. Presidente y sus casallos, nadie puede amordazar la VERDAD, por que mientras mas muestran las uñas mas se delatan frente al puebol que es ingenuo y manso, pero no soporta que lo traten de borrego y estupido…
    Eso lo digo como ciudadana…
    Mientras mas sobervia demuestran los gobernantes, más rápido caen,por que esencia de su rol esta en saber ser justos y solidarios como un buen jefe o padre de familia. Nadie acepta un padre violento, avaro y déspota, con el tiempo lo deja solo.

  3. Cuando se critica tan fervorosamente la gestion gubernativa nacional actual, lo primero que me da por pensar es, " con que modelo gubernamental la comparan?".
    Como es totalmente inmaduro y arriesgado, emitir conceptos absolutos, especialmente en materia de conduccion social, entonces es honesto expresar: " yo pienso que este gobierno es asi…o asa, porque he vivido o puedo dar constancia de otras gestiones…".
    En este caso el analisis y la demostracion no seran un vacio total de contenido.

  4. Carlos: no critico "fervorosamente la gestión gubernativa actual". Simplemente, en ese momento alguien habló del triunfo del jacobinismo. Eso era algo que no tenía presente de que se trataba (me reconozco ignorante en muchísimas cosas). Leía un libro que hablaba del tema y compartí mi lectura (una de las cosas que suelo hacer en este blog).
    No comparo con ningún modelo gubernamental. Desde la llegada de la democracia (a la cual serví en primer lugar custodiando las urnas porque en ese momento estaba haciendo el servicio militar obligatorio) he sido testigo de gobiernos radicales, de alianzas y peronistas (de signo diametralmente opuestos, pero peronistas los tres). De todos reconozco que han tenido algunos aciertos en algunas cosas y otras muy criticables. Porque yo ponga en evidencia cosas que (para mí) son criticables no significa que estoy pensando en el gobierno perfecto de alguien. Si buscás un modelo, te puedo decir que estoy inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, en cuyo Compendio podrás encontrar todas mis fuentes.
    Si mi análisis y la demostración son un vacío total de contenido es, solamente, porque soy bastante corto de entendederas… o porque no te gusta lo que se dice aquí… no se… tal vez el problema es mío 😉

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