El camino del dialogo en la crisis social

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¿Una estrategia para diluir los conflictos en beneficio de los poderosos? ¿Una propuesta desesperada cuando no hay propuestas superadoras? ¿El camino de los débiles?

Estas preguntas, entre otras, trataremos de abordar en nuestro Tupambaé de este martes. El punto de partida serán las palabras del Papa Benedicto XVI frente al tema Libio. El VIS las publicó así:

En los momentos de mayor tensión se hace más urgente la exigencia de recurrir a cualquier medio a disposición de la acción diplomática y de sostener hasta la más débil señal de apertura y de voluntad de reconciliación, entre todas las partes implicadas, para buscar soluciones pacíficas y duraderas.

En esta perspectiva, mientras elevo al Señor mi oración por un regreso a la concordia en Libia y en toda la región norteafricana, dirijo un fuerte llamamiento a los organismos internacionales y a cuantos tienen responsabilidades políticas y militares para la inmediata puesta en marcha de un diálogo que suspenda el uso de las armas.

Mi pensamiento se dirige, en fin, a las autoridades y a los ciudadanos de Oriente Medio donde, en los últimos días, han tenido lugar episodios de violencia, para que también allí se privilegie el camino del diálogo y de la reconciliación en la búsqueda de una convivencia justa y fraternal”.

Cuando la Iglesia plantea el dialogo… ¿forma parte de una estrategia contraria a su función de anuncio? ¿qué fundamentos bíblicos tiene para hacer semejante propuesta?

Este martes de 22.00 a 24.00 por FM Corazón (104.1 en Paraná) avanzaremos sobre el tema.

Podemos ir masticando la respuesta leyendo desde el punto 27 en adelante de la Carta Encíclica Ecclesiam suam de Pablo VI. También será interesante releer esta declaración del episcopado argentino a fines del 2001… antes de que el conflicto que casi destruye el país se desate.

 

1 Comentario

  1. Hola Padre, con respecto de diluir los conflictos en beneficio de los poderosos, le cuento mi caso particular aunque, gracias a Dios, está muy lejos de una guerra.
    Tengo 44 años, me eduqué en una importante escuela católica de la zona norte del Gran Buenos Aires, una escuela con presencia en varios países, solo en mi sede hay más de 3000 alumnos. Desde hace 22 años trabajaba en la misma escuela. Por el año 1995, nuestro colegio cambia las autoridades debido a irregularidades. Allí comienza todo.
    Primero nos “invitan” a renunciar a un 30% de plus que teníamos los docentes para “superar la crisis”, “para que el barco no se hunda”, los que no lo hacen son despedidos (aclaro que averiguando con abogados es completamente ilegal renunciar a una parte del sueldo ya que un empleado únicamente puede renunciar a su trabajo). Actualmente está el mismo rector y tiene un sueldo equivalente a un directivo de una empresa internacional… ¿?
    Los nuevos directivos (laicos) fueron apartando a los directivos de años. Ya ni participan en reuniones. Ejemplo: una de las directivas de EGB le dijo al antiguo director que se jubilaba “necesito que me deje inmediatamente esta oficina porque me da poder”. Los Hermanos apenas aparecen y siempre se aseguran los directivos de que estén acompañados por alguno de ellos. Lo mismo hacen con los inspectores.
    Hay una sensación que se comprueba, de que para progresar en el colegio hay que ser obsecuente con el rector y el que no lo es le va mal.
    Nunca fui obsecuente y para peor soy de decir las cosas de frente (increíblemente mi educación fue en tiempos de dictadura).
    Se formaron por decisión institucional diferentes consejos, entre ellos el docente y sali elegido por mis compañeros para formar parte junto a otros 10 (no es nada gremial, solo para asuntos de la escuela). Cuando empezamos a señalar las cosas que estaban mal, lo disolvieron. El único que disolvieron.
    Comienzan los aprietes y el miedo. Un compañero mío, con tanta antigüedad como yo, cuando le quitan horas pide su indemnización (completamente legal), después de idas y vueltas se la pagan, pero al año siguiente le quitan la beca a una de sus hijas.
    Otro compañero fue invitado a viajar con un curso de egresados, se lo prohibieron y cuando él dijo que por derecho le correspondía le dijeron ellos también tienen el derecho de echarlo.
    Otro caso es el de un viejo directivo (ya lo era cuando yo estaba de alumno) que lo aprietan por un tema hasta tal punto que le sube la presión y queda con hemiplejia.
    Hay muchos más casos.
    Siempre que no me gustaba algo pedía una reunión con el rector y lo hablaba frente a frente.
    Durante el año pasado, mi mujer, que conocí en el colegio y trabaja allí, tuvo 3 abortos espontáneos hasta que finalmente se encontró la causa y quedó embarazada a final de año, de todo esto estaban al tanto los directivos. El 30 de diciembre me llega un telegrama de despido, que lamentablemente (porque no me avisaron personalmente aunque estuve hasta el 27 de diciembre tomando exámenes) lo recibe mi mujer embarazada de alto riesgo provocándole complicaciones por el disgusto y la sorpresa.
    Le cuento que mal docente no debo ser ya que no tuve problemas con ningún directivo en mis 22 años salvo con una de la “cofradía” con la que varios si lo tienen por sus malos tratos, la misma que necesita de una oficina por su poder, este tema lo hablé con el rector varias veces. Como igualmente seguían los aprietes me afilio por miedo (lamento no haberle hecho juicio por acoso laboral cuando si pude, es aquí donde me refiero al artículo suyo). Esta directiva, ni nadie desde que está ella, presenció una clase mía. Nunca tuve problemas con faltas, ni con alumnos, ni con padres, nunca un sumario. Me conocen desde mis 12 años que entré en la institución como alumno, pueden pedir referencias a docentes y directivos. Hago retiros al Monasterio Cristo Rey en Tucumán, he apadrinado un colegio junto a amigos en Amaichá del Valle, formo parte una agrupación mundial de ex alumnos de estas escuelas, me he casado en la capilla y con el sacerdote del colegio. También se puede pedir referencias mías a él.
    Durante el año pasado el colegio hizo una campaña para recaudar dinero por el terremoto de Haití y ayudar a un colegio del grupo. Lo que se recaudó en total y con los más de 3000 alumnos es la mitad de lo que me pagaron por mi despido. ¿Tan importante soy?
    Me estoy extendiendo mucho y no lo quiero cansar, lo que me corre por mi cabeza es: si esto lo hago público seguro echan a mi mujer y nada cambia. Me cuesta mucho quedarme quieto y “aguantármela” ya que me siento parte de la institución. Si no hago nada soy cómplice. Me preocupa pensar en como se puede educar en la Fe cuando pasan cosas así. Me preocupan los chicos y mis compañeros. Estas cosas te alejan de la iglesia, porque es inevitable pensar si los Hermanos no se dan cuenta o si simplemente cuentan el dinero que recaudan. Es bueno ayudar a los pobres ¿pero tiene que ser acosta de esto?
    Finalmente, no me quedan dudas que “diluir los conflictos” va en beneficio de los poderosos.
    Le mando un gran abrazo y le ruego una oración por mi familia.

  2. Guillermo, el testimonio que das es un ejemplo de falta de dialogo. Y cuando el dialogo es imposible entonces es el poderoso el que marca la agenda.
    Por otra parte, el dialogo no suprime la justicia. Más bien se asienta en ella. Y recurrir a la justicia para que se respeten los derechos de los trabajadores tampoco atenta al verdadero dialogo que propone Pablo VI.

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