Salió en todos los medios, por lo cual no daremos más detalles. Y tampoco nos interesa en este momento darlos. Simplemente rescatemos aquello que tiene el valor simbólico de representar la situación actual de nuestro mundo.
Un anciano, enfermo de cáncer terminal, es dado por muerto. Camino a la funeraria se descubre que está vivo todavía. “Vuelve” a morir a los dos días.
Una beba, que ha nacido prematuramente, después de intentar reanimarla durante cuarenta minutos, se la da por muerta. A las horas se descubre que respiraba. Lamentablemente “volvió” a morir a las 48 horas.
No quiero hablar de mala praxis o de cuestiones médicas. No estoy capacitado intelectualmente para hacerlo. Simplemente destacar tres cosas que me han hecho reflexionar.
La primera es el verdadero valor de la vida. Toda vida es un regalo de Dios. Toda vida es valiosa y merece ser tenida en cuenta. Toda vida encierra en sí una dignidad que debe ser respetada: esto no solo es un derecho de cada vida humana, sino que es el primer deber de cada uno de sus semejantes. Toda vida ha sido dada por Dios y debería volver a Él solamente cuando Él lo quiera. Nosotros no tenemos ningún derecho a despreciar o destruir una vida humana.
En base a esto, una beba nos conmovió con su lucha por la sobrevivencia. Y me pregunto: que le diría alguien así, alguien que salió prematuramente del seno de su madre, a aquellos que quieren matar a los bebes antes de que vean la luz. El aborto es eso: matar a quienes están acobijados en el útero materno, pero están vivos y quieren también vivir. Nadie preguntó como había sido concebida esa beba que peleó por su vida… solamente nos quedamos en esto último, que sabíamos que era lo importante. ¿Porqué, entonces, algunos genios legisladores argentinos han presentado proyectos para legalizar el aborto? Ni ellos ni algún ministro abortista salió a decir: “Gente, no se preocupen, no hay ningún drama en esta supuesta muerte como tampoco hay problemas con las muertes que nosotros queremos que se produzcan en el seno de la madre. Gente… no se preocupen por este tema, era una prematura y por eso no tenía derecho a su vida, por más que peleara por ella…” Por supuesto que esto no lo vamos a escuchar nunca de sus labios, aunque (tal vez sin darse cuenta) es lo que están diciendo al proponer las leyes que proponen.
El otro caso es el polo opuesto de la cuestión de la vida. Nos hace pensar en las prácticas que ocurren en muchos lugares del mundo. Gracias a Dios ni la eutanasia voluntaria ni el suicidio asistido están autorizados en nuestra patria. Lo cual no quiere decir que algunos, preocupados por el progreso humano, sueñen con instalarla. Y nosotros nos preguntamos, con los mismos argumentos: ¿cuando una vida deja de ser digna y, por eso, se la puede eliminar…? Se podrán hacer muchas teorías, pero como cristianos decimos esto: hasta la muerte natural. Y mientras esta llega, la cercanía y el afecto de los allegados, la atención solidaria de quién le compete y la apertura del moribundo y de sus familiares hacia la esperanza de la vida eterna y la confianza en la misericordia divina.

Espacio de publicidad automática - No necesariamente estamos de acuerdo con el contenido
Artículo anteriorLos hábitos culturales
Artículo siguienteUn acontecimiento Espiritual
Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!