Éfeta

98

Es la respuesta de Jesús a las técnicas de meditación oriental. Providencial respuesta que resonó en nuestras Misas este fin de semana mientras se difundía la llegada a la Argentina de un gurú y una serie de actos pequeños y otro multitudinario. No quiero criticar a esta persona o a quienes los siguen. La libertad es libre y es el gran don de Dios a su creatura humana. Simplemente, para los católicos que leen este blog, quisiera poner de manifiesto que no debemos contentarnos con caramelitos cuando tenemos a nuestra disposición un suculento almuerzo.

¿Cuál es la noticia? Este fin de semana Sri Sri Ravi Shankar estuvo de paso por Buenos Aires (dicho sea de paso, Macri, que reglamentó el aborto no punible en su Ciudad Autónoma el jueves y recién hoy nos enteramos, aprovechó para premiarlo y sacarse con él una foto… ). Visitó cárceles y villas, dio un curso pago para un grupo selecto y congregó una multitud a meditar en los bosques de Palermo (las cifras varían de acuerdo al diario que las publica). No hablaremos sobre el personaje (aunque quienes quieran tener datos sobre él pueden hacer click aquí para leer una interesante biografía) sino sobre las ideas que difunde él. Él y quienes están relacionados con estas prácticas de meditación oriental.

Hace unos días compartíamos un video y unas reflexiones sobre la necesidad de optar entre un gurú o Jesús. Invito a releer el artículo. Eso nos ayudará a no tener una lectura ingenua frente a estos acontecimientos que aparentemente no son religiosos.

El gurú dijo cosas que todos estamos buscando:

“Todos queremos una sociedad sin violencia y estrés. Todos queremos paz interior y prosperidad exterior. Pero la paz sólo es posible si hay prosperidad, y la prosperidad es posible si hay paz. Necesitamos paz interior y bienestar externo. ¿Y cómo puede ayudar la meditación? Mejora la depresión, quita la presión, encamina nuestros sentimientos. Con la meditación podemos crear una sociedad libre de violencia”.

Cuando unimos la liberación del estrés y de la violencia cotidiana a la práctica de la meditación nos entusiasmamos. Sobre todo porque entendemos, como cristianos, que la meditación es un espacio de oración, de encuentro con Dios.

Sin embargo, la meditación para esta gente es simplemente una entrada al interior de la propia persona, un desposeerse de todo para tener plenitud de poder sobre la propia corporalidad. Para que no crean que son apreciaciones mías les recomiendo un artículo que salió en La Nación preparando este encuentro. Está escrito por Alejandro Rozitchner y propone lo que se debe entender bajo la palabra “espiritualidad”. Les comparto solamente esta cita:

“No me parece correcto caracterizar la espiritualidad en función del rechazo que suele describir: no es espiritual estar en contra del consumismo, de la frivolidad, de la violencia, de la vida moderna. Esa posición crítica, descontenta, encarna una visión poco elevada de la existencia, expresa una incapacidad de vivir más que la aspiración a una vida superior, es propia de una mirada pequeña, descontenta, encerrada, enfurruñada, asustada. Espiritualidad es potencia, potencia tal que todo lo asume y lo encarna. Si hay vida superior está acá, junto a nosotros, en nosotros, es la vida cotidiana y corriente asumida como vida completa, apreciada, integrada.

No hace falta tampoco dios, para ser espiritual. Algunos opinan, y estoy de acuerdo, que toda versión de Dios en realidad limita esta captación llena de sentido. Que Dios regula y recorta la posibilidad de darnos a una vida insurgente y reivindicada. Lo mismo diríamos de todo gurú, y los buenos gurúes lo saben y lo dicen: no soy yo el que importa. Te servís de mi, al adorarme, como un paso a una autonomía que todavía no lograste y que te va a dar finalmente la posibilidad de esa afirmación que nuestro silencio busca. En palabras de Zaratustra: “Cuando hayas renegado de mi, estaré entre vosotros”.”

Así la meditación, despojada de toda referencia a Dios y al otro (vuelvo a recomendar ver todo el video que cité antes), nos encierra en nosotros mismos. Nos concentramos en nuestro yo interior… nos hacemos sordos a las voces exteriores… aceptamos la imposibilidad de comunicarnos con los otros porque eso significa salir de nosotros mismos, lo cual nos quita la armonía interior (mudos).  El hombre “espiritual” que “medita” es un perfecto sordomudo.

Jesús nos trajo otro camino totalmente opuesto de realización personal. El Evangelio de las Misas del domingo así lo presentaban:

“Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Efatá», que significa: «Abrete». Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.” (Mc 7, 32-35)

Notemos los detalles, brevemente.

Primero, lo separó de la multitud y lo llevó aparte. El maestro quiere discípulos a los cuales los trata de manera personal.

Segundo, hace un gesto que podríamos decir sacramental: tocar sus orejas y su lengua. Jesús no desprecia la corporalidad sino que utiliza lo relacionado con nuestro cuerpo para introducirnos en el misterio de Dios.

Tercero, nos introduce en la vida de Dios, de la Santísima Trinidad. Quién hace el gesto es Jesús, el Hijo hecho carne. Para eso comienza elevando los ojos al Cielo, al Padre que allí está. Y suspira… el mismo gesto que el Resucitado hace sobre los apóstoles para entregarles su Santo Espíritu.

Cuarto, la consecuencia es que el sordomudo rompe el aislamiento de su yo interior y se abre, por la comunión con la Santísima Trinidad, a la comunión con los demás (el relato continúa diciendo como se los contaba a todos).

Este gesto de Jesús lo realizamos en el momento en el cual los seres humanos renacemos a la Vida Nueva que nos regala el Altísimo: el bautismo. Así dice el ritual:

Éfeta (tocando los oídos y los labios se dice:)

– El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos te permita, muy pronto, escuchar su palabra y profesar la fe para la gloria y alabanza de Dios Padre.

R: Amén.

Vuelvo a decir, entiendo y comprendo la búsqueda espiritual de tanta gente. Pero se están conformando con los caramelitos de la “paz y armonía interior” cuando podrían disfrutar de una suculenta comida. Juan Pablo lo decía mejor en este texto que les compartí hace un tiempo atrás.

5 Comentarios

  1. Gracias Padre Fabián, me encanta leer su blog…solo Dios es mi guía. Dios lo bendiga por siempre.

  2. yo creo que esta acción que hubo en Argentina, más que nada, podemos atribuirla a la frivolidad y superficialidad de una sociedad que quiere olvidar sus problemas; pero no solucionarlos…

    o, si se quiera que no puede solucionarlos, porque no sabe cómo…

    y que los olvida cerrando los ojos y diciendo ommm

    pero que tampoco quiere comprometerse con la paz y la concordia…

    un poco de ommmm, pero con un bolso de Louis Vuitton (falso, claro) en la mano…

  3. Padre Fabian me gustaría saber su opinion acerca del los cursos de control mental del Padre Gerula que se ha presentado en el hotel Maran en el mes de julio y dictará cursos el día 22 de setiembre aqui en Paraná. Por lo que puedo ver diariamente la iglesia católica no está de acuerdo con dichas prácticas y si bien no he asistido a sus charlas he visto que son numerosas, y con la sistencia de personas muy allegadas a los grupos de la iglesia católica. muchas gracias

  4. No se cual es el contenido de las mismas. Por eso no puedo opinar.
    Pero de estas cuestiones que se multiplican me sale comentarte que a veces buscamos recetas “extraordinarias” cuando simplemente debemos ponernos en la presencia de Dios y orarle como hijos…

  5. en paraná los frutos del control mental del padre gerula son muy claros, al poco tiempo se alejan de la iglesia, surgen las peleas entre familiares y vecinos, se burlan y se creen superiores. pierden la fé y reemplazan la oración por la meditación y el reiki.
    Monseñor Tortolo lo prohibía en forma terminante, Karlick lo permitió, y ahora el actúal obispo no es muy proclive.
    Los frutos son horribles y oficialmente la iglesia núnca estuvo de acuerdo.
    Soy catolico practicante hace 40años.

Tu opinión nos interesa.

Ingrese su comentario
Entre su nombre aquí