¿Qué hago? ¿Escribo o no escribo? ¿Entro en la rosca y me meto a opinar? ¿O me quedo en el molde para no darle pasto a las “fieras”?

Estas preguntas me las vengo haciendo hace un largo tiempo. Es que yo sé que si un cura le contesta a otro cura o a un periodista… se arma una polémica. Y sé que lo que se quiere generar es polémica… porque eso vende diarios o permite aumentar el “ratio de conversión” de las páginas web (jaja… esta no se la esperaban… pero así se mantienen los medios digitales…).

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Así que me calmé un poco. Terminé una semana que venía cargada de actividades y no me daba el tiempo necesario para compartirles estas líneas. Y… aquí vamos.

Antes que nada… lo que sigue a continuación es un espacio para la catarsis personal. Este sitio es un blog personal, desde el cual no quiero actuar ni con exitismos ni con complejos… como dice la portada. Así que lo que sigue es lo que yo opino frente a lo que veo o escucho. Lo que sigue no lo digo en nombre de la Iglesia Institucional de Paraná, porque no tengo la autoridad para hacerlo (no me corresponde). Simplemente, son palabras que nacen de un simple creyente que, por fidelidad al llamado del Señor, es sacerdote.

Y no pretendo hablar desde la tarima de los perfectos. Ya aclaré algún día que si sigo siendo sacerdote es por gracia y no por mérito.

Estoy en verdad indignado por el tratamiento mediático que se le dio al “caso embarazo clerical” (por llamarlo con algún nombre). Entiendo la lógica comercial que siguen los medios… pero igual sigo indignado. Y les cuento cuales son los fundamentos de mi indignación.

Distinguir delito (corrupción) de pecado

Es algo que nos enseñó a hacer el Papa Francisco. Y esa distinción es muy importante para cuando se comunica a la sociedad determinados hechos.

Varios periodistas se enojaron porque había “poca información” de la curia sobre este hecho. Así que es bueno que aclaremos.

Una cosa es el caso Ilarraz en el cual hay un “presunto” delito, por el cual el sacerdote fue juzgado en su momento por la Iglesia y que se actualizó por la acción civil de las “presuntas” víctimas. Y pongo “presunto” porque todo argentino es inocente hasta que se demuestre legalmente lo contrario. Los curas también somos argentinos que estamos bajo la misma ley que todos. Cuando civilmente lo condenen entonces pondré culpable (esto es una cuestión meramente legal, no emocional o racional).

En el momento en que sale a la luz, desde la Curia se da una declaración sobre el hecho. Cuando se judicializa la causa, otro comunicado. Luego viene el silencio de la Curia que tiene un solo objetivo: no entorpecer el trámite legal. Porque la Iglesia de Paraná ya habló con el contenido de esos dos comunicados. Es ahora el turno de que sea la Justicia quién hable. Y en eso anda la justicia.

Pero lo que pasó en la famosa parroquia del interior… no es un delito. Es un pecado. Un pecado de dos personas que tuvo como consecuencia que venga al mundo una tercera. ¿Por qué la aclaración? Porque se difundió como si el sacerdote en cuestión fuera un delincuente de la mayor calaña. O esa era la intención de quienes escribían las distintas noticias en los distintos medios (que no fueron tantos… dos o tres… el resto con la seriedad del periodismo provincial: copy&paste).

No sólo no es delito, sino que es “un hecho” que fue fruto del intercambio libre entre dos personas y por eso debe estar reservado a la intimidad de dichas personas. Es más, la futura mamá pide expresamente que no se revele quién es porque quiere proteger su intimidad. Por eso desde la comunicación «oficial» de la Iglesia no se dieron muchos datos.

Hacerse cargo

Lo peor de todo es que se tituló de tal manera que quedara como si fuera un delito de corrupción de menores. ¿Exagero? Pues “Un cura dejó embarazada a una joven y abandonó su parroquia” tituló Oscar Londero para Clarín. A partir de este titular hubo que salir a aclarar dos cosas.

Lo primero que no era una menor. Es más, ni siquiera es “joven” la futura mamá, ya que tiene treinta y tantos años… más cerca de los cuarenta que de los treinta.

También deja entreveer allí que hubo una especie de huida del sacerdote para no hacerse cargo de nada de lo que hizo. Todo lo contrario.

Este sacerdote se hace cargo de la situación frente a la futura mamá cuando se entera de la novedad. Luego, acompañado de su párroco, se lo comunica al Arzobispo. Por las consecuencias del hecho no puede celebrar públicamente la Misa. Entonces el sacerdote decide comunicarle directamente a sus padres lo ocurrido. Y no solo eso,  también al consejo pastoral de su parroquia (dónde están representados todos los organismos laicos de la comunidad).

No sólo no abandonó a nadie, huyendo. Por el contrario, se hizo cargo gallardamente de la situación. Ahora está en un momento de discernimiento sobre su futuro. Que no es para nada sencillo. No quisiera estar en su lugar.

Lo que se le viene

Cuando el Padre Ariel Folonier habló con los medios de su parroquia (María Grande) aclaró algo que se pierde de vista porque solemos tener una visión bastante mundana de la realidad. Recordó que el sacerdote no es un soltero ante los ojos de Dios: estamos consagrados a Dios, unidos por un sacramento que nos ha marcado y que no se borra.

A partir de esto, pueden ocurrir varias cosas. Ninguna de ellas es fácil de llevar adelante. Porque la realidad se ha trastocado.

Creo que podríamos comparar esto con el matrimonio (se llama analogía: en parte igual y en parte distinta).

Supongamos que hay un matrimonio cristiano (es decir, que se ha casado ante el Señor recibiendo el sacramento). El marido comete una infidelidad y engaña a su esposa con otra mujer. De esa relación adulterina nace un hijo.

A partir de este hecho, pueden suceder varias cosas de ahí en más. Detengámonos sólo en cuatro:

1.- El marido desconoce a su hijo y lo deja abandonado con su madre sin hacerse cargo de nada.

2.- El marido le cuenta a su esposa lo acontecido que se enoja y lo hecha de su casa.

3.- El marido le cuenta a su esposa lo acontecido que se enoja pero luego lo perdona. El marido reconoce a su hijo legalmente que continúa con su mamá mientras su papá le pasa una manutención y tiene contactos esporádicos con él.

4.- El marido abandona a su esposa y se junta con su amante cuidando el hijo de ambos.

En todas estas opciones habrá personas que se verán afectadas de una u otra manera. Es que cuando obramos mal, la mala acción afecta al prójimo. Siempre.

Cristianamente, la opción cuatro es caer en lo que Jesús denomina adulterio (Mt 5,31-32; 19,1-9). Simplemente lo digo para que no pensemos que todas estas opciones tienen la misma catadura moral.

Hagamos ahora analogía con respecto a la situación del sacerdote en cuestión. No entra en el primer caso ya que se ha hecho cargo de la macana que se mandó y asumirá la responsabilidad. Tampoco ocurrirá lo segundo, porque la Iglesia (al servicio de la cual está consagrado) no echa a nadie de su casa.

La tercera cuestión es dolorosa. Pero es posible. El sacerdote debe hacerse cargo de su hijo, reconocer su paternidad, manteniéndolo económicamente hasta que sea mayor de edad y cultivar lazos con él. Esto es lo que ocurrió con el sacerdote de La Paz, del cual se habló también en estos días y que se lo difamó diciendo que abandonó a su hijo. Al contrario, pasa su cuota alimentaria mensualmente y mantiene contacto telefónico con su hijo (telefónico porque el sacerdote está residiendo en Mar del Plata).

Esto es muy doloroso para todos. Un matrimonio que decide convivir a pesar de que el marido tiene un hijo extramatrimonial no queda igual que antes. Un sacerdote que está en la misma situación lleva en su alma una herida que lo acompañará el resto de su vida.

En cuanto a la cuarta opción, será muy aplaudida por mundo. Se lo felicitará por el “coraje”. Pero si lo hace de una está faltando a sus promesas sacerdotales. Suma un pecado a otro pecado.

Si lo que decide el sacerdote es atender a su hijo y vivir con la mamá, primero tendrá que pedir dispensa de sus compromisos ministeriales (lo que mal se le dice “reducción al estado laical”, como explicara aquí) y luego celebrar el sacramento del matrimonio.

Como podemos ver… a mi hermano sacerdote se le vino una negra noche encima. Con todo esto, de lo cual el es consciente y quiere resolver de la mejor manera… ¿se justificaba el escrache periodístico (con fotos incluidas) que se hicieron sobre su persona y su situación? NO.

A propósito del “silencio” de la Iglesia

Creo que los periodistas que se quejan del silencio de la Iglesia es porque lo están haciendo desde la inmediatez de sus necesidades comunicacionales. Lo entiendo. Porque lo que no se dice hoy… mañana es noticia vieja.

Pero que vivan de esas urgencias profesionales… no justifica a catalogar moralmente nefastos a quienes no tienen porque tener el mismo ritmo que ellos. O no pueden ser respondidas con todos los datos que ellos quieren tener.

Los periodistas deberían recordar que cuando piden que la Iglesia hable, le piden a una madre que hable de sus hijos. Esa maternidad de la Iglesia hace que se revista de prudencia y misericordia.

Prudencia porque se afirman o se niegan cosas que tienen que ver con personas involucradas. Personas que tienen una vida y seres queridos. Detrás de muchos «silencios eclesiales» hay víctimas que, antes, pidieron reserva sobre su caso. Y sobre esto podría dar nombres y situaciones, pero no quiero crear polémicas. Por eso la prudencia está teñida de la misericordia que respeta a quienes sufren. A todos.

Espacio de publicidad automática - No necesariamente estamos de acuerdo con el contenido

Particularmente, no quiero estar en los zapatos de dos personas concretas. Una es la del que es ahora encargado de prensa del Arzobispado, al cual destrozaron la semana pasada varios medios que le pedían “repuestas oficiales”. Digo bien: no quiero “volver” a estar en sus zapatos. Porque esa tarea me tocó hacerla durante nueve años con dos obispos distintos. Y renuncié hastiado de los periodistas locales, que quieren primicias escandalosas o que se les diga lo que ellos quieren escuchar.

Lo peor de todos es que la inmensa mayoría de los profesionales de la comunicación (incluido uno “famoso” que se ha especializado en lo eclesial) son ignorantes del lenguaje teológico. Puede que muchos sean iniciados en la fe (bautismo, confirmación y primera comunión) pero tienen la misma formación de niños de catequesis inicial.

¿Por qué lo digo?  Por muchas cosas que ahora no vienen a cuento. Pero, ahora, por una en particular. Cuando el vocero episcopal habló de “infidelidad” para referirse brevemente al tema… fue tomado literalmente para la joda.

Pues no habló de un tema menor ni puso una categoría que disculpaba. Al contrario. El católico es, antes que nada, un creyente: tiene fe en el Dios vivo y vive de acuerdo a sus enseñanzas. Decir que alguien es infiel es decir que no actuó consecuentemente con su fe. Un tema no menor ni disculpante de la situación.

Pero… no por eso condena al sujeto: la infidelidad se resuelve en el reconocer el hecho y pedir perdón a Dios, haciéndose cargo de la situación. Si, en verdad se cumple lo de San Pablo con respecto al lenguaje (1 Cor 2,12-16).

Con respecto a mi Arzobispo, Mons. Juan Alberto Puiggari, al cual se lo acusa de silencio e inacción… Simplemente les quiero decir que ha tomado cartas en este y en varios otros casos más relacionados con sacerdotes. Y que lo ha hecho mucho antes de que las cosas sean ventiladas por los medios de comunicación.

El tiene dos problemas. Uno, que es padre y no quiere ventilar los problemas de sus hijos delante de todos y para el escarnio. En eso es muy padre.

El otro problema es que, al abrir un expediente canónico sobre la conducta de un sacerdote queda obligado al secreto (“pontificio” le diríamos eclesialmente o “de sumario” en el mundo legal civil). Sobre muchos temas no es que no quiera hablar: no puede. Y les digo esto para que comprendamos su silencio y no lo pensemos como el de un cómplice que quiere ocultar las cosas o avalar las conductas malas. Con lo poco que lo conozco, les puedo afirmar que es todo lo contrario.

Y hasta aquí hablo de estos dos servidores de Ia Iglesia de Paraná.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!