Cuando las canicas no son cosa de niños

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Canicas le dicen algunos a esas pequeñas bolitas de vidrio que sirven para jugar. Así las denomina el diccionario. Nosotros, en mi pueblo, le decíamos boliyas (en “argentino” la “ll” suena “y”). Algunas eran de color blanco, de aparente mayor consistencia. A esas algunos le decían “lecheritas” o “punteros”… porque asegurábamos que con esas teníamos mejor puntería (eso está “científicamente comprobado”… en la imaginación de los gurises). Estas, además, tenían mayor valor al tener que pagar la deuda por haber perdido o intercambiarlas: valía doble… por lo menos (si estába comprobada su eficacia para ganar partidos podía valer hasta 10).

 

maquina canical

 

Habrémos pasado tarde enteras jugando a la boliya. Este deporte, que extrañamente todavía no figura en las disciplinas olímpicas, tiene varias maneras de jugarse: el hoyo… el choclón… la troya. Cada disciplina con sus reglas precisas. Que a veces variaban en los distintos pueblos o barrios. Pero había dos cosas seguras: las reglas no se cambiaban en el transcurso del partido y el que perdía pagaba, aunque se quedara “seco”. Se honraba la apuesta y no se jugaba de fiado: el que no tenía… miraba.

¡Qué dolor cuando perdías tu último partido en el hoyo y tenías que entregar al oponente tu preciado puntero! Un lagrimón te corría por dentro aunque nunca florecía: no es de hombres llorar ni protestar cuando se ha perdido en buena ley. Ah… las chicas no jugaban (en esa época tampoco al fútbol).

Creo que tengo, en algún lugar de mi casa paterna, algunas boliyas guardadas. De ese resabio que quedó hace unos cuarenta años luego de la olvidada última partida. Mirarlas es recordar tantos lindos momentos. Y la nostalgia de que no volverán… simplemente porque ya la cintura no te da para estar arrastrándote por el piso una hora… los años que no vienen solo.

 

La máquina de musica canical

 

Todo este recuerdo me vino al descubrir, a través de la página Doctor Ojiplático, el invento de Martín Molín. Un sueco que es músico, inventor y luthier, diseñó este aparato compuesto por 2000 boliyas, palancas y poleas de madera, un bombo, un bajo eléctrico y un vibráfono. Es el de la foto de más arriba. En este video pueden verlo en acción:

 

 

¡Un genio! ¿No?

 

 

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