Cuando un argentino huye del país… algo malo pasa

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La Argentina está enferma de violencia”. Así describían los Obispos hace dos semanas a la situación de nuestro país. Con una conciencia muy clara de que nos debemos mirar a cada uno de nosotros en primer lugar, porque “no nos ayuda culpar a los demás. Para lograr una sociedad en paz cada uno está llamado a sanar sus propias violencias.” Por eso el titulo fue cambiado a último momento por la programática frase de Francisco (el Santo del cual el papa tomó su nombre): “Felices los que trabajan por la paz”. Pero eso no significa negar la realidad actual. Todo lo contrario, necesitamos partir de un correcto diagnóstico para lograr la salud esperada.

Exiliado en democracia

En el transcurso de esta semana nos sorprendió una noticia inesperada. José Guillermo Capdevila se fue del país. Ahh… ¿y quién es este hombre? Nos preguntamos todos. Lo primero que nos enteramos es que es ex-Director General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía de la Argentina. Al irse dejo una carta. Allí nos termina de informarnos el motivo de su partida. Primero nos dice que (las mayúsculas en el original, las negrillas mías):

“… soy un TESTIGO CLAVE en una emblemática causa que esta involucrando el Vicepresidente de la Nación AMADO BOUDOU el cual se halla en ejercicio de sus funciones, incluso a cargo del Ejecutivo en diferentes y a veces prolongadas circunstancias…”

Esta emblemática causa tiene que ver con los “presuntos” trámites que realizara el Vicepresidente (en ese momento Ministro de Economía, es decir, jefe del que “partió”) para que una imprenta cambiara de dueños. En este artículo pueden enterarse de quienes están implicados en el asunto.

Pues bien, ante amenazas contra su vida Capdevila parte. En su carta nos dice que:

“Lo que quiero que se sepa es que nadie del Gobierno, ni de la Justicia, ni de las fuerzas de Seguridad, ni de la oposición se ha puesto en contacto conmigo para darme apoyo y mucho menos protección alguna (a los que les corresponde), como se le debería dar a un testigo (llamado clave) amenazado en una causa de tanta relevancia institucional.

Por todo esto es que he decidido con gran tristeza pero por mi propia seguridad y arreglándomelas por mi mismo y con la sola ayuda de mi familia irme de la Argentina (de mi país) porque temo por mi vida y nadie de los que tienen la responsabilidad institucional y moral fueron capaces de cuidarme.(…) Que triste que todo esto pase en democracia…”.

Con esto no le huye a su responsabilidad de declarar en la causa. Advierte que quiere regresar no solo para presentarse a cumplir su deber en la justicia sino, sobre todo, a continuar su vida normal entre nosotros.
Creo que no terminamos de darnos cuenta del significado de este hecho. Es de una gravedad suma para la vivencia en paz de los argentinos, dentro de una “justicia para todos y todas” que nos ampare en nuestros derechos ciudadanos.

Las palabras episcopales

En este marco es muy bueno volver a leer la carta de los Obispos. Que no es contra nadie sino a favor de todos. Esa carta que fue muy comentada pero poco leída. El punto 5 nos hace pensar en este caso, sobre todo en sus primeras líneas:

La corrupción, tanto pública como privada, es un verdadero “cáncer social” (EG 60), causante de injusticia y muerte. Desviar dineros que deberían destinarse al bien del pueblo provoca ineficiencia en servicios elementales de salud, educación, transporte. Estos delitos habitualmente prescriben o su persecución penal es abandonada, garantizando y afianzando la impunidad. Son estafas económicas y morales que corroen la confianza del pueblo en las instituciones de la República, y sientan las bases de un estilo de vida caracterizado por la falta de respeto a la ley. A ello se agregan mafias del crimen organizado sin freno dedicadas a la trata de personas para la esclavitud laboral o sexual, el tráfico de drogas y armas, los desarmaderos de autos robados, etc.”

Y el punto siguiente parece un comentario episcopal a lo que ocurriría una semana después con Capdevila:

“Para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos en el respeto de la ley. Desde las reglas más importantes establecidas en la Constitución Nacional, hasta las leyes de tránsito y las normas que rigen los aspectos más cotidianos de la vida. Sólo si las leyes justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos reconstruir los lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienes tenemos alguna autoridad. La obediencia a la ley es algo virtuoso y deseable, que ennoblece y dignifica a la persona. Esto vale también para los reclamos por nuestros derechos, que deben ser firmes pero pacíficos, sin amenazas ni restricciones injustas a los derechos de los demás. Frente al delito, deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia. Algunos profesionales suelen utilizar de modo inescrupuloso artilugios legales para burlar o esquivar la justicia: también esto es inmoral.”

 

Y a mi… ¿que?

Lo peor de todo es que la semana que viene estaremos hablando de otro tema. Esto nos dejará indiferentes porque no nos afecta personalmente. ¿No nos afecta?

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