Hace unos días encontré unos escritos muy interesantes en conoZe.com sobre la paleoantropología. Los textos son de Carlos A. Marmelada. En esta dirección tienen una breve reseña sobre él y los artículos en cuestión. Concretamente habla sobre los distintos descubrimientos que se han realizado a lo largo de casi dos siglos. Está lleno de nombres muy raros, como para desalentar la lectura de nos neófitos. Como por ejemplo:

«Es cierto que hoy sabemos muchísimo más que hace sólo unos pocos años. En tan sólo una década se han descubierto:
* Cuatro nuevos géneros de homínidos con sus respectivas especies: Sahelanthropus tchadensis, Orrorin tugenensis, Ardipithecus ramidus kadabbay A. ramidus ramidus y Kenyanthropus platyops.
* Tres nuevas especies de Australopithecus: A. anamensis, A. bahrelghazaliy A. garhi.
* Cuatro nuevas especies humanas: Homo georgicus, H. cepranensis, H. antecessory H. floresiensis].
* Y una subespecie de nuestra especie: Homo sapiens idaltu.
Además de esto, se han producido numerosos hallazgos de restos de homínidos asignables a géneros y especies ya conocidos, pero también gran cantidad de restos aún no asignados a género y especie alguna; por ejemplo, a principios del pasado mes de marzo Yohannes Haile-Selassie anunció que su equipo había hallado restos de homínidos con 4 millones de años (4 Ma.) de antigüedad que ya eran bípedos, pero aún no pueden ser asignados a ningún género ni a ninguna especie; lo mismo sucede con «Big Foot», restos fósiles con más de 3 Ma. hallados por Ron Clarke en Sterkfontein, Sudáfrica, la pasada década.»

Particularmente, me ha hecho volver a pensar en el tema de la creación y la evolución. Mi primer «discernimiento» sobre el tema fue en la escuela primaria, en lo que era el Séptimo Grado (con 12 años de edad). Cuando la maestra nos pregunta si sabíamos algo sobre el origen del hombre, yo levanté la mano y le expliqué el asunto de Adán y Eva. Entonces ella me dijo que esas eran cosas de la Biblia, y nos explicó el asunto de la evolución del mono. Eran las épocas en que no había acceso a Internet y el Encarta ni siquiera era un sueño. Así que me quedé escuchando como era esa trama y… no me acuerdo más.
Mi segundo paso fue en una reunión de mi grupo de jóvenes de la Acción Católica. En esa época ya era más «maduro»: tenía unos 16 años. Se armó una discusión entre nosotros sobre el tema de la evolución y la creación. Cuando terminamos de resolver el asunto lo llamamos al Cura para que nos «confirme» en lo que habíamos concluido. Concretamente distinguimos entre verdad revelada y teoría científica. La evolución estaba en el segundo orden. En cuanto a la verdad revelada, precisamos que Dios había intervenido en dos momentos muy especiales: al crear el mundo de la nada y al crear el alma del primer hombre (léase varón y mujer). ¿Cómo? Hasta allí nos llegó la ciencia humana y la ciencia teológica.
Con el tiempo, fui precisando y matizando los conceptos. Algo que quiero compartir con ustedes en algunos de los próximos post, porque me parece un tema interesante y, además, cuando no se lo plantea bien, crea falsas antinomias entre fe y ciencia (en el sentido de elegir fe o ciencia).
Como un pequeño adelanto, hay un pequeño trabajito sobre el Génesis 1-3 que ya publiqué en este sitio hace un tiempito.

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