Código Da Vinci

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Qué difícil es dialogar cuando el otro no tiene interés. Cuando esto nos ocurre nos encontramos con un muro que nos impide acercarnos. Pero mucho más triste es cuando desde una de las partes no sólo no se acepta el dialogo, sino que inventan cosas acerca del otro. Es lo que conocemos vulgarmente como difamación. De esta manera, el dialogo no sólo es evitado, sino que las barreras de la incomprensión son levantadas creando falsas imágenes sobre quién es la contraparte.
Hoy se habla de muchas maneras sobre los católicos. Algunos lo hacen con altura, dispuestos al dialogo. Otros, en cambio, rehuyen todo intercambio y se abroquelan detrás de las ideas preconcebidas acerca del contenido de la fe que profesan mil millones de seres en este planeta. Otros, inventan historias y confabulaciones con el sólo propósito del lucro comercial.
En este último sector se encuentra el best seller “Código Da Vinci”. Escrito por una persona y leído por millones, este jueves será estrenado en el formato película. El contenido es una trama en la cual se mezclan las conspiraciones, los secretos y las revelaciones, todo producto de la ficción, pero para mentes ingenuas con mucho contenido verídico. El libro no soporta la lectura crítica de los profesionales de la historia o el arte. No obstante, por sus capítulos cortos, prosa sencilla y el conveniente sazonado de los mitos modernos, muchos lectores salen convencidos de lo que allí se dice. Es que cuando leemos este tipo de obras, nos cuesta distinguir la ficción de la realidad,
Allí se plantea la mítica búsqueda del Santo Grial, pero que no es el cáliz de Cristo, sino su sangre real que sería la prolongación de su descendencia por su amorío con María Magdalena. La Iglesia de Pedro, según el autor, siempre persiguió a los verdaderos seguidores de Jesús. Y con todo este trasfondo, hilvana con mucha paciencia y habilidad toda una sarta de mentiras y fabulaciones. El autor dice que es una ficción pero quién lo lee ingenuamente cree que es verdad. Y ahora, para colmo de males, se estrena la película.
Frente a esto… ¿que hacer? Reaccionar, solo le produce más publicidad, lo cual es sinónimo de más ventas de entradas. Callarse es dejarle al fabulador que tenga el monopolio de la palabra. ¿Qué hacer entonces?

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