Chávez: crónica de una muerte anunciada

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Antes que nada, nuestra oración para que sean perdonados sus pecados y, por los méritos de la sangre de Cristo, alcance la redención eterna.

¿Cuando murió Chávez?

Junto a eso, nace un mito urbano: ¿cuándo murió el muerto? Nos acabamos de enterar que falleció a las 16.25 hs. Del presidente venezolano Hugo Chávez. Sin embargo un medio digital perteneciente a Cristóbal López, es decir del oficialismo local, dio la noticia a las 14.06… aunque luego lo desmintió… pero resultó ser verdadero… Todo esto está documentado por OPI Santa Cruz.

El otro mito… es que el cáncer se lo indujo Estados Unidos. Bueno… se dirá bastante sobre esto ya que fue una afirmación del vicepresidente Maduro.

Por lo pronto, como católicos debemos interceder para que haya paz en Venezuela. La transición no va a ser nada sencilla. Espero que no haya derramamiento de sangre en el seno del hermano pueblo venezolano. Y lo espero sinceramente.

En estos casos siempre es bueno recordar la sabiduría de los salmos, sobre todo cuando nos recuerda el destino de todos, también de los poderosos (90):

Señor, tú has sido nuestro refugio a lo largo de las generaciones.

Antes que fueran engendradas las montañas,

antes que nacieran la tierra y el mundo,

desde siempre y para siempre, tú eres Dios.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,

con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos».

Porque mil años son ante tus ojos

como el día de ayer, que ya pasó,

como una vigilia de la noche.

Tú los arrebatas, y son como un sueño,

como la hierba que brota de mañana:

por la mañana brota y florece,

y por la tarde se seca y se marchita.

¡Estamos consumidos por tu ira

y consternados por tu indignación!

Pusiste nuestras culpas delante de tus ojos,

y nuestros secretos a la luz de tu mirada.

Nuestros días transcurren bajo el peso de tu enojo,

y nuestros años se acaban como un suspiro.

Nuestra vida dura apenas setenta años,

y ochenta, si tenemos más vigor:

en su mayor parte son fatiga y miseria,

porque pasan pronto, y nosotros nos vamos.

¿Quién puede conocer la violencia de tu enojo

y ver el fondo de tu indignación?

Enséñanos a calcular nuestros años,

para que nuestro corazón alcance la sabiduría.

¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…?

Ten compasión de tus servidores.

Sácianos en seguida con tu amor,

y cantaremos felices toda nuestra vida.

Alégranos por los días en que nos afligiste,

por los años en que soportamos la desgracia.

Que tu obra se manifieste a tus servidores,

y que tu esplendor esté sobre tus hijos.

Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;

que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos.

Todo pasa… sólo el Eterno permanece.

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