Bañarse en el río de fuego Trinitario

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Durante esta semana hice mi Convivencia con la Trinidad. Cuando uno va a un retiro suele decir que pasa unos días de cielo. Pues, estos días para mí fueron en verdad una comunión con quienes SON el Cielo. Lo que sigue son unas pobres líneas que quieren testimoniar algo de lo vivenciado, de la mano de algunos apuntes espirituales y los escritos de los momentos de oración matutinos (las comillas contienen palabras mías… de ese momento).

Convivencia con la Trinidad

 

El río de fuego

 

En las Vísperas meditamos la visión de Daniel (7, 9-22) en la cual aparecía el Anciano, el Hijo del Hombre y el Río de Fuego desde la perspectiva de la Trinidad. Habíamos terminado la Convivencia del Espíritu contemplando al Espíritu Santo como río de agua viva… ahora la comenzábamos viéndolo como un río de fuego que sale del Trono del Padre. Alguno oró en voz alta su deseo de bañarse en ese río incandescente. Yo, interiormente, me dije… “¡Ni loco! ¡Me voy a quemar todo entero!”. Esto me sonó raro. Después me quedé pensando en eso… En algún momento de la mañana siguiente en mis apuntes espirituales puse:

“Sumergirme en el río de fuego: quemarme, abrasarme, purificarme, hacerme uno desapareciendo yo”.

Claro que yo me quedé en la parte poética… y el Dios Vivo se tomó en serio lo de “purificarme”. El último día… al tener todo el proceso delante de mis ojos… comprendí que cuando el Señor quiere purificar… ¡purifica!

 

La purificación espiritual

 

En la noche del primer día, el broche de oro fue la última contemplación. Cuando, antes de ir, vi en el manual que era sobre el “Espíritu de purificación” dije… “¡Sonamos!”.

Fue muy buena. Trataba de la sanación mística de los pecados capitales. Así la oré al día siguiente:

“En ese clima en el que vos actuás y nosotros te dejamos actuar… sin demasiados “auxilios” exteriores. Pedí dos cosas: conocerme y que me purifiques vos. Creo que has actuado, aunque hoy no lo puedo percibir (el tiempo lo confirmará). Simplemente me toca secundar esa acción tuya.

Pero el “conocerme” me sorprendió. Si bien de los siete pecados capitales tengo un poco de todos… nunca supuse que la “NN” (disculpen, pero me lo reservo… simple pudor) sería el dominante. Es más, creo que nunca lo he confesado como tal. Y de ahí se desprende el resto. Te agradezco la luz que me diste para conocerme en ese. Te agradezco que tu mano se haya metido en mi corazón y me lo hayas quitado de raíz (al describir esto me doy cuenta de lo que significa que la salvación es gratis)”…

Conclusión práctica… al día siguiente lo agarré al vuelo al asesor, terminando el desayuno, para que me confiese.

Pero no terminó allí. Al contrario. Era el comienzo de un proceso que terminaría recién el último día. El momento más alto fue el que describí así en mis apuntes:

“La primera contemplación mistagógica fue un perfecto resumen de toda la teología de la Gracia. Cómo me habría gustado tener esa contemplación el año que la vi en el Seminario y que no terminaba de entender lo que era.

Después, pasar a la Capilla. Me costó un poco entrar: como la noche anterior… pero fue breve. Cuando logré conectarme me di cuenta de que estaban hablando de la fe, la esperanza y la caridad (las virtudes teologales). En algún momento me iluminaste y en 10 segundos comprendí que es tu vida divina en mí y que mi respuesta es abrirme, ejercerlas. Entonces me iluminaste de qué manera, por mis pecados y negligentes confesiones, casi perdí la fe en Tu existencia, desesperé de la vida eterna y no viví en el amor. En ese momento me largué a llorar, angustiado. Fue la primera vez que en verdad siento dolor por mis pecados, en el cual veo lo trágico de las consecuencias de mis acciones ocultas: ante Ti nada oculto hay. Cuando fui abrazado por tu Presencia Trinitaria terminé de romper. Había escuchado del don de llanto… y en verdad fue una experiencia tuya en mi corazón.

Fueron muy consoladoras las dos profecías. Pero sobre todo la que me dijo que llevamos ese tesoro en vasijas de barro (2 Cor 4,7): consuelo y llamado a la vigilancia y custodia del don divino.”

De más está decir que me volví a confesar. Pero la historia seguía.

El sermón de la Misa de ese día me volvió a poner las cosas en claro. Y, la manera más paradójica, fue en la contemplación nocturna del cuarto día: “Meta del cosmos”. Estuve muy, pero muy desolado. Quedé seco, enojado. Y no terminaba de entender porqué. Recién el último día, mientras me estaba bañando, me iluminó la Ruaj Santa y comprendí lo que había pasado… lo que me pasa. Es más, tenía que ver con algunas cosas que, por otros motivos, habíamos charlado con el servidor que me acompañaba durante la Convivencia.

 

 Conocer a Dios

 

Me suelo sentir muy cómodo en lo que, en Convivencias, se llaman “contemplaciones mistagógicas”. Sobre todo porque son enseñanzas y yo me manejo bien con los conceptos. Aunque el método de esta Escuela de Espiritualidad no es el de dar charlas sino ayudar a “gustar interiormente el misterio”, como diría San Ignacio.

El segundo día, contemplamos “Jesús se revela a sus amigos”. Así lo dejé escrito en mi carta espiritual:

“En esa contemplación el dejar de pensarte, concebirte, como humano, como Jesús y meterme a contemplar el Hijo, preexistente, divino, creador, omnipotente… fue muy lindo. Muy desafiante. ¿Qué eres? ¿Quién eres? ¿Cómo eres? Son las preguntas de este último tiempo. Y en ese momento volvieron. No como duda o negación. Tampoco como curiosidad. Simplemente como un asombro que busca comprender. Al final, cuando salía, me vino a la mente aquello de “creer para comprender y comprender para creer”… y la hice mía.”

Al día siguiente, por la mañana, fue la contemplación muy bonita. Era sobre qué es Dios, qué significa eso de naturaleza, persona, relación, procesión… Es decir, toda la teología trinitaria. Estaba como pez en el agua. Se podría suponer que era porque dominaba lo conceptos. En realidad… es por el método de contemplación que utiliza la Convivencia: hacerte vivenciar el misterio (mistagógico). Una enseñanza orada.

Todo iba bien… pero en un momento (porque le tocaba hacerlo) un servidor largó una catarata de conceptos y las explicaciones que debía dar al respecto. Entonces vivencié esto que dejé en los apuntes espirituales:

“Gracias por haber experimentado que los conceptos y razonamientos SECAN el alma mientras que contemplar desde la Ruaj te hace encontrar la verdad: más que conocer, intuir, más que pensar, amar.”

En definitiva, hacer experiencia de lo que tan magistralmente enseñara San Juan Pablo II: la teología se aprende de rodillas.

 

El matrimonio espiritual

 

Es a lo que estamos llamados. Convivencia, como Escuela de Espiritualidad, nos va llevando para que avancemos en nuestro “tender a la unión con Dios” cada vez más alto. Y en la oración no se queda en poco: nos ayuda a volar… en mi caso, todavía bajito. Pero hay que crecer.

En algún momento se habló, como crecimiento, desde la perspectiva de San Juan de la Cruz, en el amor esponsal de Jesús con cada ser humano, con cada alma (sea varón o mujer). De la mano del Cantar de los Cantares (cap 5), de la novia que busca al novio porque desea ser uno con él. Sobre esto escribí dos cosas. Les comparto lo que dice en la carta:

“- ¿Dónde estás amado mío? Te me has insinuado pero te has ido. Te busco denodado. No estás. Has desaparecido. Pregunto… no te conocen. ¿Sólo te imagino?

– Estoy cerca (me dices), muy cerca de ti. Cada día amor Eucarístico sobre el altar tendido. Cada día comunión esponsal has tenido.

Es un resumen este de la experiencia que ayer me diste durante todo el día (salvo en la última contemplación de la cual participé y salí desolado, seco como un palo). Pero el resto fue un vivir en el deseo de poseerte.

Sé que tu presencia sacramental no es lo mismo que la unión esponsal, que es un alto grado de oración. Pero me acordé de lo de Tomás que decía que nuestro conocer pasa por los sentidos primero y por eso has dispuesto venir, en estos tiempos, de manera sacramental, de manera que podamos “gustar” lo que es plenamente espiritual. Tal vez en mi actual momento espiritual es el camino y consuelo que me das. ¡Que no es poco! Pero… ¡deseo más! Para esto debo comenzar por eso tan básico: gustar, gozar, cada comunión eucarística como lo que verdaderamente es: Tú te haces uno conmigo… yo me hago uno en Ti.”

El último día, la contemplación “matrimonio espiritual” confirmó estas meditaciones de días anteriores y me dio la experiencia de comulgarte siendo uno… como un adelanto de lo que puede venir si persevero y me hace crecer el Señor en la vida de oración.

 

Y mucho más

 

Ya les he contado mucho. No quiero aburrirlos. Les podía hablar sobre lo que pidió sobre redimensionar mi lema sacerdotal y relacionarlo con el otro que quedó en las gateras. Un nuevo bautismo del Espíritu en el que más que desear dejé actuar y que me conduce a una vida nueva. Un redimensionar desde la Santísima Trinidad mi ministerio sacerdotal, la vida parroquial, el Sínodo…

Pero, por ahora, eso es todo. ¡Gracias Dios Uno y Trino porque me has consolado, habitado y me llenas con tu Presencia!!!

3 Comentarios

  1. Gracias padre Fabián. La “trama” hecha de intimidad con Dios y de vida comunitaria, sea la que te sostenga hasta el encuentro final.

  2. Gracias Trinidad Santa porque Tu te encargas de cuidar las almas que anhelan la santidad. De verdad Fabian tengo ganas de llorar y vos sabes por qué. Dios es Dios

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