Asamblea Pastoral Parroquial

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Este material es para la reunión de hoy de Junta Pastoral. Es un simple esbozo para presentar lo que es una Asamblea Pastoral Parroquial. El marco de referencia previo es para que nos situemos dentro del contexto de la corresponsabilidad que brota de la comunión y la participación de la vida eclesial. Se los comparto para que, en los comentarios, aporten luces a las muchas lagunas que el texto tiene.

 

 

 

 1.  Qué es una parroquia

 

La definición jurídica la tenemos en el Código de Derecho Canónico:

“La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio.” (CDC 515)

De acuerdo a esto, lo que la constituye como tal son dos características. Primero que es “una comunidad de fieles”. Lo segundo es que no está aislada sino que pertenece “de modo estable” a “la Iglesia particular” (Arquidiócesis de Paraná, en nuestro caso): asegura esto la presencia del Párroco designado por el Obispo.

Los Obispos Argentinos nos recordaron que es “el instrumento para que la Iglesia esté visible, encarnada y operante entre los hombres” (LPNE 43). Para que estos tres adjetivos sean posibles, es necesario lo que nos pedía Juan Pablo II:

“La parroquia debe renovarse continuamente, partiendo del principio fundamental de que «la parroquia tiene que seguir siendo primariamente comunidad eucarística». Este principio implica que «las parroquias están llamadas a ser receptivas y solidarias, lugar de la iniciación cristiana, de la educación y la celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de los movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y supraparroquiales y a las realidades circunstantes». (EA 41)”

2.  Espacio del laico dentro de la comunidad parroquial

 

No está llamado a ser un consumidor de sacramentos o servicios parroquiales. La pertenencia a la comunidad lo hace ser un actor indispensable. Claro que hay que comenzar por lo primero:

“Es preciso, por lo mismo, despojar a la parroquia de personalismos exagerados. El ministerio ordenado es un servicio incondicional y disponible para todos.  La Palabra de Jesús “el que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”,  ha de evangelizar a los ministros, para  que confíen más en los laicos, los ayuden a capacitarse y estimulen en su misión. Por ello, para concretar tan profunda conversión de las parroquias, es imprescindible hacer realidad que los fieles bautizados asuman un destacado protagonismo evangelizador, adulto y responsable.” (LPNE 43)

Tomada en cuenta esta advertencia, destacamos dos aspectos a revalorizar:

 a.     Pertenencia plena

Es la enseñanza del Concilio:

“Acostúmbrense los laicos a trabajar en la parroquia íntimamente unidos a sus sacerdotes; a presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y los del mundo, los asuntos que se refieren a la salvación de los hombres, para examinarlos y solucionarlos por medio de una discusión racional; y a ayudar según sus fuerzas a toda empresa apostólica y misionera de su familia eclesiástica.” (AA 10)

b.    Comunión y participación

Este binomio, eje del Documento de Puebla, debe ser encarnado en nuestra vida comunitaria. En su mensaje a los pueblos de América Latina los Obispos nos dieron el marco de fe en el cual se debe situar:

“Creemos en el poder del Evangelio. Creemos en la eficacia del valor evangélico de la comunión y de la participación, para generar la creatividad, promover experiencias y nuevos proyectos pastorales. Creemos en la gracia y en el poder del Señor Jesús que penetra la vida y nos impulsa a la conversión y a la solidaridad. Creemos en la esperanza que alimenta y fortalece al hombre en su camino hacia Dios, nuestro Padre. Creemos en la civilización del amor.” (9)

Presentado de esta manera, no son dos conceptos que expresan una necesidad coyuntural sino que se enmarca dentro de la Verdad de la Iglesia a la cual pertenecemos.

 

 3.  Corresponsabilidad

 

“La parroquia es el instrumento o medio privilegiado, a través del cual la Iglesia se hace presente y cercana a todos los hombres. Por eso debe renovarse y adecuarse.

¿Cómo hacer para que esto suceda? Asumiendo, entre los miembros de la comunidad parroquial, una actitud que surge de la eclesiología del Concilio: la corresponsabilidad.

Al presentar la Iglesia como Pueblo de Dios (LG 2), el Concilio hace a todos sus miembros (obispos, sacerdotes, religiosos, laicos) responsables de promover la comunión y asumir la misión. Esta responsabilidad se ejerce desde los distintos carismas, ministerios y funciones propias de cada uno. En la Iglesia de Jesús todos somos hermanos e iguales en dignidad y responsabilidad por el bautismo; aunque esta responsabilidad tenga grados y formas diferentes.

Todos los miembros de la Iglesia somos responsables, por eso decimos que somos “corresponsables” de la acción eclesial en el mundo. Y fundamentalmente lo somos a la hora de asumir las tareas propias de una comunidad cristiana: evangelizar, celebrar la fe y vivir y promover la fraternidad.

La realización de la corresponsabilidad en la Iglesia o en la parroquia, implica asumir, aceptar y coordinar armónica y eficazmente la propia responsabilidad con la de los demás, junto con el Pastor, siendo él el centro visible de la unidad, de modo que, ordenando y distribuyendo las tareas entre los diversos corresponsables, se realice el objetivo o la finalidad buscada.

Para vivir la corresponsabilidad se necesita un clima de unidad y de confianza. Una parroquia dividida no puede vivir la corresponsabilidad. Esta se opone sobre todo a la indiferencia, a la pasividad, al acaparamiento, a pensar primero en “mi” grupo, institución o tarea y no en lo mejor para la comunidad, a la marginación, a la imposición, al “yo ordeno y mando”. La corresponsabilidad exige interés por colaborar, comunitaria y solidariamente. Igualmente capacidad para el diálogo: decir lo justo en el momento oportuno y saber escuchar con interés las razones de los otros. Además, compartir (saber dar y recibir), unión armó­nica, compromiso grupal con las tareas comunes. De alguna manera que todos se sientan responsables de todo aunque se distribuyan las actividades. Corresponsabilidad significa responsabilidad compartida. Y responsabilidad quiere decir dar respuesta, “arrimar el hombro”. Todos debemos sentirnos responsables en la Iglesia. En la parroquia, tenemos que responder a los hermanos, rendirles cuentas del cumplimiento de la misión que tenemos encomendada.

La imagen de una Iglesia corresponsable la tenemos en San Pablo (1 Cor. 12, Rom 12 y Ef 4), donde nos habla de la diversidad de miembros, de sus funciones específicas y de la necesaria cooperación de todos ellos en la vida del único cuerpo.

El Concilio, desde esta actitud de corresponsabilidad, nos invita a renovar, especialmente, la relación entre los pastores y los laicos. El párroco (pastor en la parroquia) debe compartir más las responsabilidades pastorales en los fieles laicos, y estos colaborar con el párroco a pensar la parroquia desde la totalidad y no desde su propio grupo o institución, asumiendo, de alguna manera la responsabilidad de toda la tarea pas­toral parroquial, aunque sea desde una actividad especifica.

Para llegar a una Iglesia más corresponsable, tenemos que pensar en una Iglesia más convertida. Si no abandonamos el egoísmo y la autosuficiencia, sin un esfuerzo de coherencia por parte de todos, entre fe y vida, sin renovarnos desde el Evangelio, será difícil, será una simple teoría. Y lo que importa es que la co­rresponsabilidad sea una práctica visible de la comunión y misión realizadas en común.” (CPP, 19-29)

Esta corresponsabilidad se debe hacer concreta a través de organismos estables de comunión y participación. Tal como nos lo enseña el Concilio:

“En las diócesis, en cuanto sea posible, deben existir consejos que ayuden la obra apostólica de la Iglesia, ya en el campo de la evangelización y de la santificación, ya en el campo caritativo social, etcétera, cooperando convenientemente los clérigos y los religiosos con los laicos. Estos consejos podrán servir para la mutua coordinación de las varias asociaciones y emprendimientos laicales, salva la índole propia y la autonomía de cada una. Estos consejos, si es posible, han de establecerse también en el ámbito parroquial o interparroquial, interdiocesano y en el orden nacional o internacional.” (AA 26)

Está legislado por el Código de Derecho Canónico la necesidad de la existencia en cada comunidad de un Consejo de Asuntos Económicos. Junto a esto se sugiere la existencia de otro que se constituya en torno a la organización de la pastoral.

Los Obispos Argentinos (en el documento anteriormente citado: “El Consejo Pastoral Parroquial”) hacen esta distinción que es relevante:

 

 a.     Consejo Pastoral

“El párroco con un grupo de laicos, no muy numeroso, piensa la parroquia desde su totalidad. Aquí lo que el párroco pide es que los laicos le aconsejen y sean responsables con él de la pastoral parroquial. Se busca pensar juntos objetivos y acciones necesarias.” (38)

 b.    Junta Pastoral

“El párroco junto con representantes de todas las instituciones parroquiales dialogan comunicándose las distintas tareas de los grupos, para que todos las conozcan en orden a la unidad, y se distribuyen y deciden tareas para ejecutar las acciones pastorales en orden a los objetivos deseados. Aquí se busca comunicar y ejecutar las acciones pastorales”. (39)

En la mayoría de nuestras comunidades parroquiales tenemos la segunda realidad: las Juntas Pastorales. Es de desear que se avance a la creación de los Consejos propiamente dichos o las Juntas asuman de manera activa la planificación pastoral que a este le corresponde.

 

 4.  Asamblea Pastoral

 

En este contexto trataremos ahora de explicitar este tercer espacio de comunión y participación del Pueblo de Dios en la tarea de la Nueva Evangelización que le ha sido confiada:

 

 a.     Qué NO es

No es una “convivencia” o “día de campo” en el cual nos encontramos para compartir e integrar a los alejados. Aunque también es esto.

No es un espacio para el primer anuncio o la evangelización. Aunque también adquiere la dimensión de crecer en la fe.

No es una reunión de oración para crecer en la vida espiritual. Aunque también sea un momento oportuno para rezar juntos.

No es un espacio de formación intelectual. Aunque también tenga momentos de formación.

¿Entonces…?

 

b.    Qué SI es

La Asamblea Pastoral es un ámbito de discernimiento en el cual el Pueblo de Dios, que peregrina en determinada parroquia, se reúne para encontrar los cauces cotidianos de la acción pastoral y proyectarla en el tiempo. Es así un espacio de celebración de la fe, discernimiento de los signos de Dios presentes en los signos de los tiempos y de abrir las expectativas para que sean concretadas en líneas de acción.

 

c.     Quienes participan

La invitación es para que todo el Pueblo de Dios participe: sacerdotes, consagrados y laicos. Si bien las puertas están abiertas para todos los católicos, se espera que lo hagan de manera especial los agentes de pastoral de la comunidad. El párroco y el vicario; los catequistas; los integrantes de la cáritas; los ministros extraordinarios de la comunión; los miembros del consejo económico; el equipo de animación litúrgica; los integrantes de los ministerios de música; el equipo directivo, docentes y no docentes de las escuela parroquial; todos los dirigentes y miembros de cada uno de los grupos, instituciones y movimientos que actúan en la parroquia… Los puntos suspensivos son para que se sientan parte los que no fueron incluidos por error en esta enumeración.

 

d.    Celebración

La asamblea parte de una reunión, de un encuentro de hermanos en la fe. Por eso en su raíz esta la fiesta, la celebración.

En una Asamblea Pastoral celebramos el amor misericordioso del Padre que nos ha adoptado. Celebramos la cruz del Hijo que nos ha rescatado de la maldad y del malo invitándonos a la casa del Padre. Celebramos la presencia del Espíritu del Resucitado que nos vivifica y nos impulsa al servicio. Celebramos con gozo pertenecer a la Familia de Dios que camina hacia la Morada definitiva.

Una Asamblea Pastoral es, entonces una celebración de nuestra fe en el Dios Uno y Trino. Una celebración de la esperanza que nos anima al caminar. Una celebración del Amor Derramado que nos invita a amar en lo concreto de lo cotidiano al prójimo.

Esta celebración comienza en la alegría del encuentro de hermanos y tiene su culmen en la celebración de la Eucaristía.

 

e.     Discernimiento

El discernimiento es una mirada a lo que fuimos y a lo que somos para descubrir, desde allí lo que Dios quiere que seamos en nuestras acciones pastorales. Esa mirada primera es a la realidad del mundo en el cual vivimos. De entre los numerosos hechos que ocurren, descubrimos aquellos signos de los tiempos que nos caracterizan: lo típico, lo característico de la época, los indicios de tiempos mejores que se avecinan, aquello importante, profundo e irreversible que nos afecta como sociedad. Luego damos un paso de fe: en estos signos de los tiempos aprendemos a descubrir los signos de Dios, a la interpelación que su Providencia nos hace.

El método de discernimiento pastoral es el denominado “ver / juzgar / actuar”. Así lo explican los Obispos en Aparecida:

“Este método implica contemplar a Dios con los ojos de la fe a través de su Palabra revelada y el contacto vivificante de los Sacramentos, a fin de que, en la vida cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento universal de salvación, en la propagación del reino de Dios, que se siembra en esta tierra y que fructifica plenamente en el Cielo. (…) Este método nos permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con sentido crítico; y, en consecuencia, la proyección del actuar como discípulos misioneros de Jesucristo. La adhesión creyente, gozosa y confiada en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y la inserción eclesial, son presupuestos indispensables que garantizan la eficacia de este método” (DA 19)

La Asamblea Pastoral supone un camino de preparación con un método concreto para descubrir lo que Dios nos está pidiendo. La riqueza de la tarde (o los días) compartida viene, además de la inspiración del Espíritu, de la seriedad con la cual se llevó adelante el proceso previo: nos cuesta hablar si primero no aprendimos a contemplar, escuchar y ver.

 

f.      Líneas de acción

La Asamblea pastoral es un momento de discernimiento de los signos de Dios. Pero, sobre todo, es confiar en la acción discreta del Santo Espíritu que nos mociona a dar respuesta de fe a la realidad que hemos descubierto.

La riqueza de la Asamblea está en que es el momento en el cual nuestra corresponsabilidad hacia la vida de la Iglesia se refleja en las opiniones compartidas. Este intercambio, cuando es fruto de un dialogo que busca crecer, ayuda a ampliar los horizontes de las apreciaciones pastorales personales. Ayuda, también, a generar un consenso en las acciones propuestas para enfrentarlos.

Ahora bien, la Asamblea Pastoral debe esbozar un horizonte de acciones. Estas deben ser luego recogidas por el Consejo Pastoral para integrarlas de manera coherente al Plan Pastoral Parroquial.

 

 

 

1 Comentario

  1. Excelente el artículo. Claro, sintético y profundo. Los Consejos Pastorales, parroquiales y diocesano, es materia pendiente en nuestra realidad eclesial. Es algo que debemos “aprender vitalmente” y asumirlo. Nos cuesta trabajo pensar como comunidad, pero más trabajo saber leer, con las herramientas que nos dan las ciencias, los signos de los tiempos para poder operar pastoralmente en la realidad. Un largo pero apasionado camino nos espera, y junto al Señor es posible.

  2. Gracias por esta publicacion, que importante son las asambleas parroquiales que nos nuestran la manera de ser participes en el plan de Dios como laicos que somos tenemos un compromiso con Cristo, para ser extensivo el Reyno de Dios, para contribuir con nuestros Sacerdotes y tambien ser participes de su ministerio al que fueron elegidos. Ayudemos a nuestros sacerdotes y todos juntos hagamos una parroquia viva, evangelizadora como Cristo nos enseña. Gracias Dios mio.

  3. Gracias por la iluminación practica y concreta sobre la Asamblea Pastoral Parroquial.

  4. Gracias PADRE FABIAN, este sábado tenemos asamble parroquial y justo estba buscando material. Dios lo bendiga por su generosidad y por compartir sus conocimientos. Un abrazote fraterno. Paz y bien.

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