Anónimos o testigos… he ahí la cuestión

362

Marta tiene varios blogs muy interesantes. Y quienes la leemos a diario sabemos que tiene un problema: los ofensivos comentarios anónimos (especialmente llegados desde España). Seguramente es el menor de todos sus problemas cotidianos… pero es una verdadera molestia para quién tiene este pasatiempo mediático. Hoy leí una entrada en la cual traduce una cita de una entrevista a Mark Zuckerberg, el “inventor” del Facebook. Se la tomo prestada porque sé que no tendrá problemas por la copia. Dice así:

Las personas se comportarían esencialmente mejor, si escribieran en la red con sus nombres reales. Mucha gente se esconde detrás del anonimato, para decir cualquier cosa prácicamente a puertas cerradas. El final del anonimato on line es un paso importante para poner fin al acoso y las amenazas en la red.

Yo también me cansé de los comentadores anónimos que, de vez en cuando vuelven a este blog. Pero no quiero hablar de ese tema en sí, sino de lo que me trajo a la memoria: el mensaje de Benedicto 16 para la Jornada de las comunicaciones sociales de este año. El tema fueron el uso de las nuevas tecnologías para la evangelización. Y, allí, hace una advertencia sobre los riesgos que pueden traer el uso activo de las mismas, sobre todo el la autocomplacencia que puede acarrear.

“Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer “amistades”, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio “perfil” público.”

El Papa hace así un llamado a lo que es el comienzo de todo acto de compartir la Buena Noticia de Jesús: el testimonio desde las propias actitudes:

“También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él. Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf. 1 P 3,15).”

Así como Marta, creo también que los comentarios anónimos no ayudan crecer ni como cristianos ni como seres humanos. (Me impactó mucho saber que Anders Behring Breivik, el del atentado de Noruega, solía participar de las redes sociales bajo seudónimos.) Al igual que en la época apostólica, hoy también debemos seguir “poniendo nuestra cara” frente a los demás. Hoy más que nunca.

Tu opinión nos interesa.

Ingrese su comentario
Entre su nombre aquí