Amar y sufrir por la Iglesia

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El Padre Leandro Bonnin escribe mucho y muy bien a través del Facebook. Y él no hace catarsis como yo sino que ve la realidad desde la mirada de Dios. En sus escritos es profundamente teológico. Por eso, con su permiso, es que quiero compartirles este artículo que subiera el lunes. Creo que echa mucha luz sobre la actual realidad “clerical” de nuestra Arquidiócesis.

Leandro

Como escribe para el Face, el que no tiene negrillas, utiliza las mayúsculas para subrayar. Yo me permití poner esas mayúsculas en negrillas para sirva de subtítulos y sea más fácil la lectura en el blog. Lo que sigue es todo de él.

 

Pasados unos días, permítanme compartir algunas reflexiones, especialmente para tantos católicos que aman la Iglesia y sufren por ella, y también, si les sirve, con quienes no se sienten parte de la misma. Escribo esto desde la fe y el amor, y acepto de entrada que no todos estarán de acuerdo, sólo pido que sean respetuosos para expresarlo.

(Son reflexiones personales, no un comunicado oficial, numero los párrafos porque me ayuda a ordenar mis ideas)

1. BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS: a todos –a mí también- nos cuesta ser misericordiosos. Misericordiosos en el pensamiento, en las palabras y en los actos. Pero es la invitación de Jesús para todos nosotros: “sean misericordiosos, como el Padre es Misericordioso”.

2. LA VERDAD NOS HACE LIBRES. Unir verdad y misericordia, misericordia y verdad, es uno de los grandes desafíos que tenemos como Iglesia y como sociedad. Decir la verdad con amor, vivir el amor en la verdad. Frente a noticias como la que comento, siempre es más fácil tomar una u otra vía, separar una de la otra. Pero Jesús nos propone las dos, equilibradas en Él.

3. LA VIDA ES SIEMPRE UN BIEN: toda persona es portadora de una originalidad biológica y espiritual. Todo niño, desde su concepción, detenta una dignidad inviolable. Y necesita, desde el inicio, sentirse amado, esperado, acogido. El niñito que se ha hecho famoso en estos días –sin elegirlo- es una “sonrisa de Dios” para la humanidad. Es una riqueza para la Iglesia y para el mundo. Es un milagro del amor de Dios, y así esperamos que lo pueda experimentar cuando tenga conciencia, y ya desde ahora. Y como Iglesia de Dios, esperamos que ese niñito/a pueda conocer a Jesús, amarlo, imitarlo, y llegar al Cielo.

4. EL MATRIMONIO ES EL LUGAR IDEAL PARA QUE UN NIÑO SEA CONCEBIDO: el sentido común y la fe nos indican que si existe un ámbito en el cual la vida de un niño se pueda gestar con mayor armonía y plenitud, es en el matrimonio indisoluble entre un varón y una mujer, unidos por el amor y el compromiso de permanecer siempre juntos. Y aún sin estar unidos en matrimonio, todos sabemos que un niño necesita de su papá y su mamá.

5. Nos puede alegrar la vida de un niño, y a la vez PROVOCARNOS DOLOR LAS CIRCUNSTANCIAS DE SU CONCEPCIÓN: sentido común. Si en una familia, por ejemplo, los hijos se enteran de que tienen hermanos de relaciones extramatrimoniales de su padre, es totalmente normal y comprensible que su primera reacción sea de enojo, tristeza o vergüenza por la traición de su padre a su mamá. La aceptación de esa nueva vida será en algunos casos inmediata, y en otros casos llevará un proceso. Probablemente la primera reacción de los hijos no sea “te felicito papá”, aunque luego sí lo hagan. Algo muy parecido sucede con la paternidad física de un sacerdote.

6. Según la moral cristiana –que sigue vigente, aclaro por las dudas- LAS RELACIONES SEXUALES ANTES O FUERA DEL MATRIMONIO SON UN PECADO GRAVE. La enseñanza de la Iglesia permanece inalterable, a pesar de las dificultades que pueda haber para vivirla. Dificultades que no son propias de nuestro tiempo, sino de la naturaleza humana herida.

7. Cuando un sacerdote traiciona su promesa de celibato, NO ES RAZONABLE CARGAR LA MAYOR RESPONSABILIDAD EN LA OTRA PERSONA, sino todo lo contrario. Los sacerdotes tienen un larguísimo y profundo período de preparación para asumirlo. La Iglesia nos ofrece muchísimas herramientas humanas y espirituales para ser fieles. Los sacerdotes estamos preparados para reconocer, y debemos ser vigilantes ante situaciones ambiguas que, sin constituir un pecado, pueden ser la puerta hacia el mismo.

8. EL SACERDOTE NO ES UN HOMBRE SOLTERO, ES UN HOMBRE CONSAGRADO A DIOS y llamado a vivir como Esposo de la Iglesia. Por lo tanto, cuando un sacerdote mantiene una relación con una mujer –más allá de que llegue o no a la intimidad sexual, e independientemente de si hay embarazo o no- no sólo está pecando contra el sexto mandamiento –y la virtud de la castidad- sino también contra la virtud de la justicia, ya que está traicionando un compromiso que asumió libre y públicamente, y que los fieles confían que cumple.

9. Cuando un sacerdote lleva una doble vida, incurre además en el PECADO DE SACRILEGIO, al realizar los sacramentos y- si celebra la Misa- comulgar en pecado mortal. Esto no sólo es una grave ofensa a Dios que debilita a la Iglesia y su fecundidad apostólica sino que, además, debilita enormemente la credibilidad de la Iglesia misma y vuelve menos creíble el celibato de sus compañeros. Sin embargo, esto no impìde que todos los sacramentos realizados por un sacerdote sigan siendo válidos. Más allá de la ejemplaridad o no del ministro, es el poder de Jesús a través del rito –realizado según la mente de la Iglesia- lo que lo hace eficaz.

10. Como católicos, DEBEMOS DEPLORAR CLARAMENTE LA DOBLE VIDA DE CUALQUIER PERSONA, pero ESPECIALMENTE DE LOS SACERDOTES, que estamos llamados, como pastores, a ir delante del rebaño, mostrando el camino, como Cristo.

11. Que uno o varios sacerdotes no vivan el celibato que asumieron libremente, NO SIGNIFICA QUE EL CELIBATO SEA, EN SÍ MISMO, IMPOSIBLE, INOPORTUNO, INHUMANO O ANTINATURAL. La mayoría de los sacerdotes viven su celibato como una expresión real de consagración a Dios y como un signo de entrega y disponibilidad para su Iglesia.

12. LOS FIELES LAICOS TIENEN EL DERECHO DE RECIBIR DE LOS SACERDOTES BUENOS EJEMPLOS. Y tienen también el derecho y el deber de corregirlos cuando los vean errar, cuando perciban actitudes ambiguas en su fidelidad, cuando los noten descontentos o inconformes con su ministerio. Los fieles laicos pueden captar los inicios de las crisis de los sacerdotes cuando noten falta de alegría, de compromiso, de responsabilidad, de fe y amor. Y tienen el derecho de manifestarles su preocupación, y algunas veces el deber de acercar su percepción a los pastores que pueden ayudarlos.

13. Los sacerdotes NO SÓLO PODEMOS TRAICIONAR EL CELIBATO VIVIENDO UNA RELACIÓN CON UNA MUJER. Lo traicionamos también –y quizá de modo más frecuente- cuando nos encerramos, nos aislamos, no servimos al rebaño sino que nos servimos de él, no damos testimonio de alegría, no tenemos corazón misericordioso. Y también si estamos apegados al dinero, si “hacemos carrera”, si buscamos los honores, si callamos la verdad por comodidad. Todas estas, y muchas más, son formas de incumplir con el compromiso del celibato, y las deploramos absolutamente.

14. La claridad en los principios y en la afirmación de la connotación moral de los actos –la fornicación es pecado, el adulterio es pecado, el sacrilegio es pecado- no nos impide tener UNA MIRADA DE MISERICORDIA HACIA LAS PERSONAS QUE HAN COMETIDO O COMETEN ESTAS FALTAS. Todo pecado puede ser perdonado, y el Corazón de Dios está siempre abierto a quien se acerca, arrepentido y confesando sus faltas. ¡Dios no se cansa de perdonar!

15. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN NO TIENEN LA CULPA DE LO QUE NOS SUCEDA. El problema no es que las cosas salgan en los medios, sino que sucedan. Es cierto que a veces los medios aprovechan situaciones puntuales para atacar la institución y la misma fe. Pero no podrían informar si las cosas malas no sucedieran. No son ellos los enemigos: los enemigos están dentro de la Iglesia, somos nosotros, sus miembros, cuando no vivimos el Evangelio.

16. QUE NADA NOS QUITE LA ALEGRÍA DE LA FE Y EL DESEO DE SER SANTOS. Vale la pena jugarse por Cristo. Vale la pena seguirlo y buscar la santidad. Vale la pena y es maravilloso ser sacerdote. Es posible, y es plenificante, intentar vivir a fondo la santidad sacerdotal.

17. LA IGLESIA ESTÁ EN MANOS DE JESÚS. Napoleón tenía un tío que era cardenal, y le dijo una vez “yo voy a destruir la Iglesia”. El cardenal le respondió, serenamente: “no podrás. Ni nosotros hemos podido destruirla”. La Iglesia tiene 20 siglos de atravesar tormentas. La Iglesia está en Manos de María. A ella nos confiamos.

 

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