A propósito de la muerte de Candela

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Creo que lo peor es la sensación que queda. Porque forma parte de un acontecimiento más con el cual somos ”educados”. Una educación no formal, pero que sistemáticamente asimilamos. ¿A qué me refiero? Me explico.

Me encantó la reflexión que hizo Milkus en su blog. Un trozo significativo de ella:

“Nosotros, los ciudadanos, no podemos hacer mucho por estas familias, salvo acompañarlos y apoyarlos en su dolor. Le toca actuar (tarde) a la justicia, y hacer lo que haya que hacer hasta las últimas consecuencias, y caiga quien caiga. Esto, que parece TAN gran tarea, es en realidad lo mínimo que se le debe al dolor de esta gente, y al alma y al recuerdo de los que nunca volverán.

Y a nosotros nos toca terminar con esa maldita costumbre argentina de “no meterse”, y empezar a denunciar y a señalar sin miedo los lugares que hasta la policía conoce, en donde se ofrecen personas a precio de carne usable y descartable, bajo excusa de su mayoría de edad. Porque son los lugares, donde tarde o temprano, pueden ir a parar algunas de estas personitas desaparecidas, que podrían ser alguno de sus hijos, o de los míos.”

Es el dolor espontáneo de un padre común y corriente, de esos del montón. Un simple hijo de vecino, diríamos. Toca el corazón y pretende movilizar. Espero que lo haga. Pero creo que no tiene en cuenta otra parte de una realidad muy profunda que ha ido calando entre nosotros y que este “acontecimiento funesto” sobreeduca de manera impresionante. Milkus llama a “terminar con esa maldita costumbre argentina de “no meterse”, y empezar a denunciar y a señalar sin miedo”.

Yo comparto su imperioso llamado. Pero, por un momento, yo que no tengo hijos (si sobrinos e hijos de amigos), hice el ejercicio de ponerme en el lugar del otro, del que tiene que denunciar o, simplemente, señalar el lugar o la persona que “todos sabemos que es o hace”. Entonces sentí miedo por lo que nos deja esta “noticia”. Una nena de 11 años, mientas esperaba que sus amigas la pasen a buscar para hacer una tarea scouts, es secuestrada y asesinada. ¿Motivo? Todo indica que es a causa de un “ajuste de cuentas” con el papá… o la mamá… o (desvarío) con algún familiar cercano. Esto es terrible. Y es lo que va a quedar marcado en el inconsciente colectivo. Y es lo que está en el fondo de la “maldita costumbre” manifestada por Milkus.

En la parroquia que estoy actualmente hay problemas de inseguridad: robos y alguna que otra balacera. Pero es nada comparado con mi destino pastoral de comienzo de milenio. Allí hay muchísima gente buena (algunas de esas seguro que están leyendo esto) pero también una caterva de malandras que espanta. Y cuando digo malandras no estoy hablando de ladrones de carteras, que también existen. Pienso en distribución de drogas, comercio de armas y manejo de prostitución.

En los casi tres años que estuve allí hubo tres muertos relacionados con problemas de drogas. Dos a diez metros de mi ventana y a cincuenta en línea recta, en un pasillo que se puede ver desde la ventana de la comisaría. Escuché innumerables balaceras (después de algunos meses podía distinguir el calibre del arma disparada). Una noche de sábado escuché una explosión. Al día siguiente me enteré que fue una granada de guerra que habían arrojado a una casa “enemiga”. Si, leyó bien, escuche la explosión de una granada de guerra.

Fui, también, testigo “casi visual” (a unos veinte metros de mi casa, a través del pequeño ventiluz de la cocina) de una guerra a los tiros de dos bandas. Escuché como mandaban buscar refuerzos y armas, como una mujer gritaba porque le habían herido al hijo… como llamaron a la policía (que está a cuarenta metros del lugar) y el patrullero salió raudamente… para el lado contrario. A la media hora llegaron los del COE porque habían llamado directamente al comando radioeléctrico… tiroteos más grandes… sirenas y persecuciones. Nunca me enteré que alguien terminó en la cárcel por eso. Ah… olvidé mencionar que el problema que originó la balacera fue una pelea entre dos bandas producto de una interna del, entonces, partido gobernante…

Recién llegado al lugar un señor, policía jubilado, me cuenta llorando que la muerte de su hijo continuaba impune. Esto me lo dijo luego de una Misa que pidieron en un aniversario mensual. Y me dijo que no entendía porque la Iglesia (es decir yo) no protestaba como hacían en otros lugares. Quedé preocupado y averigüé de que se trataba el asunto. “Ni te metás, cura”, fue la respuesta que me dieron los dos o tras inquiridos. Entonces me contaron que se trataba de la muerte de un joven que había pasado unos meses antes de mi llegada a la parroquia. Lo “raptaron”, lo molieron a golpes, le sacaron todas las uñas y lo tiraron de un auto en medio de su barrio para que terminara de morir ahí en la calle. ¿Motivo? Se había robado uno o dos ladrillos de marihuana. ¿Autores? “Desconocidos”. ¿Motivo? Un castigo para él pero, sobre todo, una lección para los otros. (Dicho sea de paso, la “cocina” encontrada hace unos días está relacionada con ese lugar)

Y podría seguir contando muchísimas “anécdotas” más. Pero me quedo con la “moraleja” de la última: tirar un muerto “mata de miedo” a los que se enteran del caso ¿Quién se animará a denunciar algo si en su memoria tiene lo que le ocurrió a tal persona? Quién tiene experiencia de paternidad preferirá el silencio cómplice a ser causa de la muerte horrenda de uno de sus hijos. Triste realidad.

Esto es lo peor que nos deja la muerte de Candela. El miedo que genera en el resto de la sociedad. Un miedo que nadie hará explicito, pero que le remueve las entrañas. El “no meterse” es, así, una cuestión de profilaxis personal y social. No digo que esto esté bien: digo como funcionan las cosas.

Sumemos a esto la ausencia de justicia. Porque cuando ocurren estos casos suelen pagar los perejiles. Más aún: existe la certeza popular de que la impunidad está avalada por los poderes del Estado. Me vino a la memoria un recitado de Orlando Vera Cruz que, con su particular estilo gauchesco, describe la situación. Una cita (completa en este link):

“El valor vive en la hondura y hay que fondear pa´ encontrarlo; al miedo ha que mojarrearlo en la costa y de alfiler y si es fácil de encoger más fácil resulta arrearlo. Ya no vive en la mujer, y en el hombre hay que buscarlo.

Cuatrero el jefe político, ladrones los comisarios, carneadores los milicos, nosotros… los gauchos malos. Hacen rodeos de vacas, las pasan al otro lado; se arreglan certificados ahí nomás al lao del río, y todo lo suyo es mío en un Jesús alabado. Así amanece estanciero el porfiao pa´ lo ´el vecino; usa bota borravino, bombacha de gabardina, seda al cuello, manta fina, casco ´e corcho y buen sombrero. ¡Guá tape, y cambia el overo por tropilla con bocina!

¡Proteste a ver lo que pasa! Por “calumnia” va a la reja, si reclama “está chupao”, y si se enoja… lo abuenan. (…)

Pa´ cuidar a los paisanos debe ser la policía, pa´ hacer respetar sus cosas, su dignidad, sus vaquitas. Después dicen que los criollos de haraganes pierden todo. ¡Cómo pa´ ganar al truco con un juego de ese modo!”

Esta es la realidad en la que estamos viviendo: los violentos son impunes; la impunidad genera miedo; el miedo nos encierra y no somos libres. Debemos partir de esto para comprender que hemos sido educados con mucha constancia en esta lógica. Es más, la abonan incluso diciendo que la inseguridad es “una sensación”.

¿Solución? Ahora si, desde este punto de partida comparto lo de Milkus: “a nosotros nos toca terminar con esa maldita costumbre argentina de “no meterse”, y empezar a denunciar y a señalar sin miedo los lugares que hasta la policía conoce”. Claro que antes hay que liberarse de las pesadas cadenas del miedo. Misión no imposible porque “para la libertad hemos sido liberados por Cristo” (Gal 5,1).

1 Comentario

  1. Buenos días, Padre Fabián: realmente estamos todos sacudidos por todo lo sucedido, pero creo que principalmente, si miramos un poco más allá, por lo que se vislumbra en el horizonte….una sociedad que claramente está manejada por mafiosos con sus códigos…uno no termina de asombrarse de las negociaciones y revanchas, totalmente descabelladas, mezquinas y que nacen evidentemente del egoísmo….
    Como ciudadana, más de una vez me he planteado si realizar denuncias frente a situaciones claramente delictivas, y de toda clase, como enumeraste en tu artículo. Situaciones que pasa en casas vecinas, en las veredas de nuestro barrio, dónde son actores los vecinos que cruzamos diariamente …. y sabiendo con certeza que en la comisaría de la zona se pactan “precios” para liberar a personas que claramente han cometido un delito, sin actuación del tribunal, siendo cómplices claramente de esta situación criminal….ante quién uno emite la denuncia? Y luego de hacerla, cuáles son las consecuencias a las que arrastrás a tu familia. Soy mamá de 3 chicos, y me planteo si más allá de un acto de valentía, termina siendo un acto de estupidez, pecando de sobervia, creyendo dar la vuelta de página con una intervención fugaz y vacía.
    Entonces, sigo pensando y llego a una conclusión… es necesario un cambio radical dónde prime una escala de valores naturales (que se quiere torcer y acá las consecuencias), que comience desde la célula más pequeña, la familia, y de ahí espandirse a la comunidad, tomando una fuerza mayor, dónde el convencimiento personal sea lo que surja, dónde las cosas tomen otro matiz, porque realmente las personas piensen y sientan que las cosas hay que hacerlas bien, porque de otra forma sólo nos lastimamos a nosotros mismos y nuestros hermanos…
    Que Dios nos ilumine y Candelita con todo lo que tuvo que pasar…. nos ayude a unirnos como comunidad y darnos cuenta que por atajos sólo se agranda el vacío….que cada uno estamos palpando hoy…..

  2. los hijos son el tesoro que DIOS da a los padres para cuidarlos , educarlos,amarlos y despues dejarlos volar para que ellos formen sus propias flias, siempre papa y mama son los responsables de sus hijos , ellos debieron decir la verdad y todo esto no tendria este fin, candela es un angel que nos prestaron , los que la tenian en cautiverio y tambien quien termino con su vida no tendran paz nunca mas, porque destruyeron un angel de DIOS, oremos por todos nuestros angelitos, perdidos en las calles, en boliches , alcohol ,drogas, malas compañias, amemos mas a nuestros pequeños y a nuestros abuelos, empecemos por el primer mandamiento y seremos mejores, paz y bien

  3. En realidad el miedo nos paraliza, nuestra hija fue asaltada estando con seis meses de embarazo, y a diez metros de nuetra casa, gracias a dios solo le arrebataron la cartera, como es no?… Que uno termina, de alguna manera dando las gracias, de que no te maten, es como algo que fuera normal y en realidad no lo es, hace poco le sacaron la cartera y la tiraron al suelo a otra de nuestras hijas, hicimos la denuncia… Nada se pudo hacer porque son menores, y reconozco que tengo mucho miedo, hay mucha droga, ellos no valoran la vida, ellos estan jugados no les importa nada, creo que el caso de candela nos demuestra una vez mas, la impunidad en nuestro pais.

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