A la Iglesia lo único que le interesa es el Poder

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Sin lugar a dudas. Así como suena y con toda la fuerza bíblica de esta afirmación.

Para los que están buscando, de aquí en más, algunas palabras de enojo o resentimiento de mi parte… sepan que quedarán defraudados. Pero el título y la primera afirmación de este artículo es producto de una gran conmoción que he tenido en estos días. ¿Motivo? Pues… simplemente… que estoy haciendo la lectio de la primera carta a los corintios y allí Pablo no deja lugar a dudas:

“¡Porque el Reino de Dios no es cuestión de palabras sino de poder!” (1 Cor 4,20)

¿Se enojó Pablo con los corintios porque no querían hacerle caso y entonces les impone su “poder” de apóstol? De cierta manera si, estaba respondiendo con una carta a una comunidad que tenía sus problemas de convivencia… como pasa ahora con nuestras comunidades. Pero aquí no habla él del poder en alguno de los sentidos en los cuales los usa el diccionario. Hay varios, les copio dos:

“Tener más fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo. … Dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo.”

En la expresión de Pablo la cuestión hace referencia no al poder con minúsculas que tenemos los humanos sino “al con mayúsculas” que solo tiene Dios.  Y el Reino de Dios no se hace presente porque nuestras palabras (o acciones) humanas lo provoquen sino porque el Poder de Dios es el que actúa. Es lo que deja muy en claro en su primera carta a los tesalonicenses:

La Buena Noticia que les hemos anunciado llegó hasta ustedes, no solamente con palabras, sino acompañada de poder, de la acción del Espíritu Santo y de toda clase de dones. Ya saben cómo procedimos cuando estuvimos allí al servicio de ustedes. (1 Tes 1,5)

Es lo que afirma la Iglesia cuando habla sobre qué es y cómo evangelizar. Una sola cita, de Pablo VI en la Evangelii nuntiandi:

“Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21, 5; cf. 2 Cor. 5, 17; Gál. 6, 15). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos.” (18)

En lo que resalté en negrillas está la explicación del título. Los católicos nunca debemos olvidar que lo que nos sostiene como Iglesia no es el poder de la Institución sino el Poder de quién nos ha convocado. Sólo a Él le decimos Todo-poderoso (Omni-potente) y sólo a él le servimos. Sólo Él nos transforma, nos sostiene y nos da Vida eterna. Los problemas vienen cuando nos creemos poderosos en obras o en palabras y nos ponemos en su lugar: esa es la tentación original… la tentación de siempre.

1 Comentario

  1. Muy lucido su comentario sobre el PODER . Suy compadre de Daniel Lozano y además lo aprecio mucho,deseo recibir sus comentarios.

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