El título de esta entrada puede ser una noticia frecuente dentro de un tiempo si avanza la legislación sobre el matrimonio entre homosexuales. No es mi intención ser recurrente en este tema, pero hay consecuencias que no acabamos de percibir en plenitud y, por eso, vale que nos detengamos un poco a reflexionar.

Ya aclaré cual es mi postura sobre el tema de la homosexualidad. En realidad, lo que hice fue ser fiel a lo que la Iglesia enseña en el Catecismo. No me mueve la fobia a nada ni nadie. Pero sostener algo como lo que  en su momento afirmé, me puede traer como consecuencia ir preso. ¿Exagero? No.

Uno se pregunta porqué tanto interés de los lobbys homosexuales en imponer un cambio en la legislación sobre el matrimonio a fin de que se cambie su definición. En los lugares dónde esto está aceptado no ha traído como consecuencia un acercamiento masivo de este colectivo para asentar civilmente su situación. Lo que pasa es que no les interesa el matrimonio en sí sino las consecuencias en materia de educación que la legislación trae. Si el matrimonio homosexual es legal entonces hay obligación de enseñar en la escuela pública sobre esto desde la perspectiva que es totalmente válido.

Les comparto un video alojado en youtube. Está en inglés pero con subtítulos en castellano. Es el testimonio de un padre de un niño de cinco años que por oponerse a que su hijo sea educado para aceptar el matrimonio entre dos hombres fue encarcelado. Ocurrió en Massachussets, Estados Unidos.

¿Tienen los padres derecho a educar moralmente a sus hijos? ¿Puede educar el Estado en conductas sexuales que van contra la conciencia del individuo? Parecen temas lejanos. Como parecía también algo muy lejano cuando el 8 de julio de 2006 escribía sobre ¿qué es una familia? y advertía sobre el riesgo de cambiar en el registro civil las palabras madre y padre por la de progenitor A y progenitor B. Hoy se está discutiendo en el Senado este tema.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!