El Muro de Berlín cayo entre la noche del 9 de noviembre de 1989 y la mañana del día 10. En este artículo de la Wikipedia podemos leer todo lo referente a su construcción, permanencia y caída.

El Muro de Berlín no solo fue una tapia que dividió en dos una ciudad. Fue el signo de un sistema político y económico en un mundo dividido en dos por las ideologías. De un lado los comunistas y del otro los capitalistas. Una guerra fría que ubicaba a todos los países en ese contexto. No podemos entender la Argentina de los setenta, con su violencia, asesinatos terroristas y desaparecidos, si nos olvidamos de la presencia de ese muro. Como tampoco podemos comprender los años noventa si desconocemos su caída.

La máxima paradoja es que cayó de manera pacífica todo un sistema que buscaba la luchas de clases para instaurar la igualdad entre los hombres. Algo que parece no han tomado nota algunos dirigentes caribeños que, aún, continúan perpetuándose en el poder. Tampoco se han dado cuenta los que se escudan en el "socialismo del siglo XXI" para gobernar a sus países. Tampoco lo han apuntado en su disco duro los setentones que buscan polarizar para reinar (por suerte yo soy de la regeneración del ochenta).

La carta encíclica Centesimus annus del Papa Juan Pablo II (quién tuvo que ver tanto con esto) que le dedica un capítulo al año 1989. Les recomiendo que lo lean. Pero como he comprobado que les cuesta hacer click en los hipervinculos, les traigo dos pedacitos. Aquí pone en evidencia los factores que hicieron posible la caída de sistemas opresores. El primero son las violaciones a los derechos de los trabajadores (N° 23):

Entre los numerosos factores de la caída de los regímenes opresores, algunos merecen ser recordados de modo especial. El factor decisivo que ha puesto en marcha los cambios es sin duda alguna la violación de los derechos del trabajador. No se puede olvidar que la crisis fundamental de los sistemas que pretenden ser expresión del gobierno y, lo que es más, de la dictadura del proletariado da comienzo con las grandes revueltas habidas en Polonia en nombre de la solidaridad. Son las muchedumbres de los trabajadores las que desautorizan la ideología, que pretende ser su voz; son ellas las que encuentran y como si descubrieran de nuevo expresiones y principios de la doctrina social de la Iglesia, partiendo de la experiencia, vivida y difícil, del trabajo y de la opresión.
Merece ser subrayado también el hecho de que casi en todas partes se haya llegado a la caída de semejante «bloque» o imperio a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia. Mientras el marxismo consideraba que únicamente llevando hasta el extremo las contradicciones sociales era posible darles solución por medio del choque violento, las luchas que han conducido a la caída del marxismo insisten tenazmente en intentar todas las vías de la negociación, del diálogo, del testimonio de la verdad, apelando a la conciencia del adversario y tratando de despertar en éste el sentido de la común dignidad humana.

Sumamos a esto lo económico (N° 24):

El segundo factor de crisis es, en verdad, la ineficiencia del sistema económico, lo cual no ha de considerarse como un problema puramente técnico, sino más bien como consecuencia de la violación de los derechos humanos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector de la economía. A este aspecto hay que asociar en un segundo momento la dimensión cultural y la nacional. No es posible comprender al hombre, considerándolo unilateralmente a partir del sector de la economía, ni es posible definirlo simplemente tomando como base su pertenencia a una clase social. Al hombre se le comprende de manera más exhaustiva si es visto en la esfera de la cultura a través de la lengua, la historia y las actitudes que asume ante los acontecimientos fundamentales de la existencia, como son nacer, amar, trabajar, morir. El punto central de toda cultura lo ocupa la actitud que el hombre asume ante el misterio más grande: el misterio de Dios. Las culturas de las diversas naciones son, en el fondo, otras tantas maneras diversas de plantear la pregunta acerca del sentido de la existencia personal. Cuando esta pregunta es eliminada, se corrompen la cultura y la vida moral de las naciones. Por esto, la lucha por la defensa del trabajo se ha unido espontáneamente a la lucha por la cultura y por los derechos nacionales.

Y por último, pero no menos importante, el factor espiritual (N° 24):

La verdadera causa de las «novedades», sin embargo, es el vacío espiritual provocado por el ateísmo, el cual ha dejado sin orientación a las jóvenes generaciones y en no pocos casos las ha inducido, en la insoslayable búsqueda de la propia identidad y del sentido de la vida, a descubrir las raíces religiosas de la cultura de sus naciones y la persona misma de Cristo, como respuesta existencialmente adecuada al deseo de bien, de verdad y de vida que hay en el corazón de todo hombre. Esta búsqueda ha sido confortada por el testimonio de cuantos, en circunstancias difíciles y en medio de la persecución, han permanecido fieles a Dios. El marxismo había prometido desenraizar del corazón humano la necesidad de Dios; pero los resultados han demostrado que no es posible lograrlo sin trastocar ese mismo corazón.

El capítulo sigue con otras cosas interesantes. No sean vagos y hagan click en el hipervínculo para leerlo completamente.

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